Marco Antonio (Osvaldo Osorio)

Marco Antonio es el seudónimo de Osvaldo Osorio quien nació en Paraguay y desde los nueve años vive en Buenos Aires. En la actualidad se dedica a la docencia, más específicamente, a la formación de futuros/as docentes. Ha escrito varias novelas: La Tetera, Cosas de locas, Testaferros, Los custodios del tiempo, El segundo mandamiento, La persistencia en el tiempo y Un tipo de familia. También ha escrito un libro de cuento para niños: Sueños diabólicos. La Tetera, que estuvo entre las diez novelas seleccionadas en el Primer Certamen de Novela Joven de la Fundación Aerolíneas Argentinas, fue su única novela publicada. Ejemplares y digitalizaciones donadas por el autor.

Material disponible en Biblioteca LGTTBI de Marco Antonio (Osvaldo Osorio)
Libros:

La Tetera

Las teteras son lugares exclusivos donde para ingresar no se necesita una tarjeta de invitación, ni vestir de etiqueta, ni un modo particular de hablar o de moverse o de mirar. Sólo se necesita compartir ciertos códigos comunes propios de los caballeros —jóvenes u hombres maduros— que las visitan a diario. Son lugares muy frecuentados. Algunas se caracterizan por la pulcritud, fruto del cuidado que les brindan sus propietarios; en otras, la obsesión llega hasta el punto de colgar un cartel que indica horas y minutos de la última vez que fue realizada la limpieza. En cambio otras se caracterizan por la carencia del cuidado que debe ser dispensado por sus dueños, como si estuvieran abandonadas a la mano de Dios, como si no importaran... Pero la novela no habla de teteras, sino de una especial, única en su género: La Tetera. Aquélla que permanece intacta en la memoria de muchos, que dio mucho que hablar, que forma parte de la consciencia colectiva y es bandera de lucha de muchos que hoy reivindican y justifican la necesidad de su existencia: la necesidad de una vuelta al pasado.

Material disponible en Biblioteca LGTTBI de Marco Antonio (Osvaldo Osorio)
Formato digital:

Cosas de locas

La novela está conformada por dos relatos interconectados. En uno, el principal, se narra un triángulo amoroso en tiempos de la última dictadura militar: una travestis, un militar y un poeta y en medio Mimicha, una travestis fea, mala y ambiciosa que hará lo imposible con quedarse con el amor del Teniente. El telón de fondo es el Mundial de fútbol de 1978. En el otro relato, “Con los ojos de Verónica”, se cuenta la historia de amor entre dos compañeros de colegio: una niña y un niño ciego, que con su historia nos transportan a una etapa negra de la historia argentina.
Con humor ácido e irreverente, en ambos relatos lo absurdo se trastoca con lo posible y lo real, pese a que las imágenes y sensaciones que despiertan puedan resultar crudas.

El segundo mandamiento

Es la historia de Buenos Aires y su gente, y un problema que aqueja a unos y despreocupa a otros: los invasores. Los pobres, que a diario invaden la ciudad, son sucios, tienen olor, hablan mal y desentonan con una ciudad pujante como la gran urbe. Entonces, qué hacer con ellos: nada mejor que construir un gran muro alrededor de la villa que los alberga y someterlos a lo impensado.
Es un relato crudo que no escatima en detalles para denunciar los avatares a que están sometidos aquéllos que parecen atentar contra la Buenos Aires que sueñan unos pocos para unos pocos.

Los custodios del tiempo

Es un relato que recorre la historia de la Argentina desde la caída de Perón en 1955 hasta la actualidad. “Toda sociedad crea su propia peste” dice el relator, así como al pasar, al tiempo que cuenta la historia de la gorda Eduardo, Mauro y Ramón y una Buenos Aires diezmada por una extraña peste. Y cuando todo parecía haber terminado, la peste vuelve a asestar un golpe certero: en aquéllos que fueron alcanzados por ella la vida se hará eterna. El tiempo pasará sin dejar huellas: de las dolencias se repondrán enseguida y las heridas sanarán tan pronto como se producen. Lo que en un principio es motivo de alegría tan pronto entran en razón y comprueban que son testigos impotentes de cómo pasa el tiempo para los otros —con su consabido final: la muerte— y para ellos no, todo cambiará...

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