Alexis Carrel


Alexis Carrel: médico, biólogo y pensador francés, que unió la materia y el espíritu. Fue un extraordinario ejemplo de un hombre de ciencia abierto a las honduras del pensar.

La influencia de los consejos de su madre, determinaron su personalidad moral y su fe cristiana.

En Lyon, en 1893, inició sus estudios en medicina. Rápidamente, atraería la atención de sus colegas por sus aportes a la cirugía experimental vinculados al transplante de venas y órganos, el rejuvenecimiento artificial de tejidos cultivados, y la técnica operatoria de la anastamosis vascular.

En 1903, llegó a Lourdes con un tren de enfermos peregrinos. Presenció la milagrosa curación de una jovencita que padecía una peritonitis tuberculosa. A pesar de la imposibilidad científica de esta curación, Carrel, movido por una genuina honestidad intelectual, da testimonio de su realidad en el libro de comprobaciones médicas en la oficina de Lourdes. La reacción de sus colegas fue furiosa. Todo el ámbito académico se transformó para él en una continua borrasca hostil. Entonces, luego de cuatro meses de cavilaciones en Paris, decidió trasladarse a Canadá para dedicarse a la agricultura y ganadería.

Pero el destino lo llevó allí al Hospital General de Quebec. Los médicos de aquella institución hospitalaria lo convencieron para que continuara sus investigaciones en medicina experimental. Luego se estableció en Chicago. Allí, recibió la devastadora noticia de la muerte de su madre. Logró superar la amarga pérdida mediante un frenético ritmo de trabajo. Carrel descolló no sólo como investigador sino también como conferencista reputado.

En 1912, se le concedió el Premio Nobel de Medicina por sus innovadores aportes en el campo quirúrgico.

En 1916 actuó como médico voluntario en la primera guerra mundial. Allí siempre permaneció cerca de los campos de batallas más feroces.

En 1933 fue convencido para plasmar en una obra sus reflexiones que unían la inquietud humanista con la experimentación científica. Así, nació La incógnita del hombre, obra que se convertiría en una suerte de Biblia para una generación ávida de trascendencia.

En 1935, surgió su idea de fundar una institución que se abocara a "una reconstrucción del hombre civilizado". Carrel manifestó entonces: "es necesario un centro del pensamiento sintético, una institución consagrada a la integridad del conocimiento que podría llamarse ¨Instituto del Hombre o de la Civilización¨".

En 1941 escribió La conducta en la vida. Cuando estalla la Segunda Guerra, regresó a su Francia natal para colaborar con sus compatriotas.

Su corazón dejó de propagar su música en este mundo en 1944. (Fuente)

Material disponible en Biblioteca LGTBI de Alexis Carrel
Libros:

-La incognita del hombre
Prologo de Gustavo Pittaluga
Joaquin Gil Editor - Buenos Aires - 1946

Fragmento del libro
"...La posesión de la riqueza es todo, y lo justifica todo. Un hombre rico, haga lo que haga, repudie a su mujer porque es vieja, abandone a su madre sin socorros, robe al que le ha confiado su dinero, siempre conserva la consideración de sus amigos. Florece la homosexualidad, como que la moral sexual ha sido suprimida. Los psicoanalistas dirigen a los hombres y a las mujeres en sus relaciones conyugales. El bien y el mal, lo justo y lo injusto no existen. Las prisiones guardan solamente a aquellos criminales poco inteligentes o mal equilibrados. Los otros, mucho más numerosos, viven en libertad. Se mezclan de manera íntima al resto de la población que no se ofusca por ello. En un medio social semejante, el desarrollo del sentido moral es imposible. Otro tanto ocurre con el sentido religioso. Los pastores han racionalizarlo la religión, arrancando de ella todo elemento místico. Sin embargo no han logrado atraer a los hombres modernos. En sus iglesias semi vacías predican inútilmente una fábula moral. Se encuentran reducidos al papel de gendarmes que ayudan a conservar, en interés de los ricos, el marco de la sociedad actual. O bien, a ejemplo de los políticos, adulan la sentimentalidad y la ininteligencia de las masas..."

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