Mariana Jara


Estudió en la desaparecida Universidad de Las Condes. Trabajó en televisión, en los canales La Red y Chilevisión y casi como una derivación natural, pasó a las Relaciones Públicas. Pero el ahogo le vino definitivo e inevitable y como pájaro en jaula chica Mariana Jara comenzó a ahogarse. Hasta que decidió partir a probar suerte fuera.
Fue así como llegó a Barcelona, donde se inscribió en un post grado de televisión y al poco andar se hizo de pegas. Cada año estaba, según ella, a punto de devolverse, pero casi sin darse cuenta, se quedó para siempre. Consolidó su trabajo como crítica gastronómica y de casualidad que se ofreció como colaboradora de un nuevo diario gratuito que salía en la ciudad catalana. Allí creó los personajes que hoy son parte del libro compilado, Tacones Urbanos, que la trajo como hija pródiga y que está precedido de un éxito arrollador al otro lado del Atlántico.
Admira la serie Sex and the City y reconoce que las historias de Candace Bushnell fueron fuente de inspiración para la columna que durante tres años hizo para diario Metro, que comenzó quincenal y dado el éxito, terminó diaria. Hace dos años y dos libros de aquello y hoy a sus 34, dice que ve esa época lejana. Ese pulso desencantado y frenético de los personajes, y que también fue su búsqueda, queda atrás, luego de casarse feliz con su novio irlandés.

Material dispobible en Biblioteca LGTBI de Mariana Jara
Libros:

-Tacones urbanos
Plaza & Janes - España - 2008

Las divertidas historias de los treintañeros miedosos, confundidos, desencantados de tantos fracasos amorosos que son la pandilla de Mar y sus amigos, nacieron como columnas periodísticas para el diario gratuito Metro Directo. Las piruetas sentimentales de una generación que, acostumbrada al fast food y a la aceleración ge-neralizada de la vida, vive al ritmo de un módem de alta velocidad, incapaz de enfrentarse a relaciones que llenen por completo su disco duro pero puedan inocularles el virus maligno de la ruptura dolorosa, están narradas con esa melancólica ironía del que sabe que «vive sin vivir en sí» y que bastante desgracia tiene posponiendo indefinidamente la solución a sus problemas. Que no es otra que atreverse a sentir. Aunque duela.


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