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14/8/15

Nosostr@s niñ@s



Ahí estamos nosotros. La foto blanco y negro es de una de mis hermanas, Gaby. tenía siete años mas que yo. Vestida de Boca, y con pelota. Yo nunca jugué a la pelota. Arriba yo, con mi pijama de Los Parchis y una Pepona que uno de mis cuñados le había regalado a otra de mis hermanas, en esa época noviaban. Esa Pepona se la pasaba colgada de pared sin salir nunca de su bolsa plástica. Para la foto me la prestaron. Estoy seguro que conmigo hubiera vivido grandes aventuras: hubiéramos bailado, jugado a la peluquería, al teatro, a las canciones, a los novios o a los amigos. Las muñecas que yo tenía eran mas pequeñas, las clásicas articuladas. Y es que mis juegos eran eso: juegos. Lo mismo mis muñecas articuladas que los de He-Man. O mi enorme tropa de autitos de colección. O los infaltables Jack que cada tanto sacaba de la caja y los ponía en pie uno por uno, no era fácil que se mantuvieran de pie y a veces si caí uno se producía el efecto dominó. También tenía mis guantes de boxeo. Mi Mono Mono Monky Donky que te daba lindos abrazos. Mi juego de experimentos Cheminova2000. La pista de autos. Las botas de caña de charol color roja y las color negro que estaban en uno de los placares y que me llegaban a la cintura. Media docena de pelucas. Pero ninguna me servía para imitar a Raffaella Carra porque ya tenía el corte carré que se usaba. Para algunos era el de Carlitos Balá, para mi el de Raffaella Carrá que me permitía hacer el esplota esplota me expló. Ya en el fondo de casa, me había armado mi propio vivero haciendo plantas de gajo que algunos fines de semana vendía. Todos me decían que tenía buena mano para las plantas, porque todas prendían. Con cajones de manzanas y frascos me había armado un laboratorio para experimentos. Y armaba casas para jugar con los perros y los conejos. Mucho de mis juegos eran solitarios. Y otros tantos compartidos. Entre los compartidos estaban los que tenían que ver con el descubrimiento sexual. Las casas abandonadas, los terrenos baldíos y las obras en construcción que habían quedado detenidas seguramente por falta de presupuesto fueron el escenario de esos jugueteos donde generalmente eramos chicos con chicos y no llegábamos a los 10 años. Hoy que lo pienso a la distancia, siento pánico de lo que hubiera podido suceder con nosotros si nos cruzábamos con algún loco degenerado en uno de esos lugares. 
Gaby fue parte de mi mundo lúdico, recuerdo siestas tormentosas donde poníamos en el piso del comedor la manta que usabamamá para planchar arriba de la mesa y jugabamos a las bolitas o las figuritas. O cuando me mandaba a buscar al almacén que tenían nuestros padres atados de cigarrillos de 10 para fumar. Nos íbamos al fondo. Ella abría el atado y fumaba. Y si yo quería probar me armaba un cigarrillo gigante con una hoja de diarios y me lo daba. Lo soltaba rápidamente porque la llama siempre avanzaba amenazante sobre mi rostro. 
Uno de esos volante que aun conservo y que forma
parte de otro blog mio que tengo algo olvidado:
http://entremisdiscos.blogspot.com.ar/
Luego estaba El Cine. El Cine de Hurlingham. Con solo pensar en sus grandes vidrieras, en las carteleras con las películas, en las puertas de madera con su ojo de buey que daban paso a la sala, en las butacas de cuero y en ese olor a cine de barrio que es imposible de olvidar... Con solo pensar en eso yo me llenaba de ilusiones. Debía patalear y gritar para que el Sábado cuando Gaby iba al cine con sus amigas me llevara. Y no siempre quería hacerlo, yo era un nene que cuidar. Pero me llevaba y me compraba un pancho y un helado a la salida. Pero muy pronto pude hacerme independiente. Tendría 10 u 11 años cuando me empezaron a dejar ir al cine con mis amigos. El viernes comenzábamos a pedir permiso. Había ocasiones donde mis amigos obtenían el permiso pero no el dinero. Entonces, una vez, un sábado, fui antes de la función y le dije al dueño si podía barrer la vereda a cambio de entradas. Y accedió. Otro día le dije que en la semana podía repartir volantes con las películas anunciadas a cambio de entradas. Luego le propuse pegar carteles de las películas en la vidriera del almacén de mis padres. Eso era maravilloso porque yo adoraba esos afiches que cada semana debía devolver. Pero que casi nunca lo hacía porque eran mi tesoro. Hasta que pegué una cartelera de una película erótica donde pezones al viento llenaban el afiche y mi padre dijo basta. Pero al cine no dejé de ir. Y si daban una prohibida nos enviaban a la parte de arriba por si venía el inspector. Allí, y con doce o trece años vi hombres desnudos y mujeres también. Allí vi por primera vez  dos mujeres besándose en un contexto amoroso y no porno. 
Los juegos no tiene sexo, ni los colores, ni lo que puede llegar a entretenernos. El mundo lúdico es mucho mas complejo que el rosa y el celeste. Y menos mal porque sino sería muy aburrido. 
Este nuevo día del niño ¡y las niñas! me trajo estos recuerdos. Y a poco de cumplirse un año de que mi hermana mas cercana dejó este mundo, no pude evitar hacer un recuento de tantas cosas. Porque en la vida siempre hay alguien que te abre la puerta para ir a jugar. Y esa fue mi hermana Gaby, Gabriela. 

Pietro Salemme
14 Octubre 2014


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