Pedro Cieza de León

Pedro Cieza de León
España
1518 - 1554
Nació en Llerena, España en 1518 y murió en Sevilla en 1554. Pedro Cieza de León, cronista soldado, pasó a las Indias siendo aún adolescente, con el objetivo de labrar fortuna. Participó de las huestes exploradoras de los capitanes Alonso de Cáceres y Jorge Robledo en el norte de la América meridional. Llegó al Perú en 1547 con Sebastián de Benálcazar, casi al final de la rebelión de Gonzalo Pizarro. Cieza se unió a las tropas del pacificador Pedro de La Gasca, quien en Xaquixahuana terminó venciendo y ajusticiando a los caudillos rebeldes. En las postrimerías de 1551 retornó a España y dos años después, en Toledo, le presentó al príncipe don Felipe, la primera parte de su crónica, la única que en vida pudo ver impresa.
Las fuentes de Cieza merecen especial consideración, pues revelan una serie de observaciones propias de un cronista soldado, testigo de lo que narra. Reconstruyó con su elegante pluma el pasado andino y las guerras civiles de los conquistadores. Visitó los monumentos cuzqueños y de otras regiones, y consultó la información de los mismos indígenas. Aunque no gozó de una formación académica, Cieza alude con frecuencia a los autores clásicos y es dueño de un estilo ágil y seguro.

Material disponible en Biblioteca LGTBI de Pedro Cieza de León
Libros:

La crónica de Perú
Biblioteca Peruana - Lima - Peru - sin fecha

Crónicas del Perú

Describe el cuadro completo del escenario peruano, describiendo detenidamente, con profundo amor, la geografía del Perú y sus costumbres. Es el primer cronista que emprende la historia de los Incas y que abarca todo el recuadro de la historia peruana, indígena y española. Con Cieza de León la crónica incorpora la primera contribución directa de la tradición oral incaica. Es la primera crónica mestiza.

Apenas logró que se publicase en Sevilla la primera parte de su Crónica (1553): las demás cayeron en el olvidó, de donde las exhumó el cronista dón Antonio de Herrera y Tordesillas para aprovecharse de ellas, sin mencionar el nombre del autor; engalanándose así con plumas ajenas para cosechar laureles que debieron ser de otro; tambien fue utilizada por el Inca Garcilaso de la Vega.

La obra se divide en cuatro partes. La primera parte, reúne datos geográficos y agrícolas. La segunda parte trata del Señorío de los Incas, constituye un ameno relato acerca de la organización del Imperio del Tahuantinsuyo, de sus monarcas, artes, letras, etc. La tercera parte trata sobre el descubrimiento y conquista de este reino. La cuarta parte, incompleta, habla sobre las guerras civiles estaba dividida en cinco secciones que hablan de las campañas de Las Salinas, Quito, Chupas, Guarina y Jaquijahuana; solo tres secciones fueron halladas.
Cieza es veraz, cuenta lo que observa, y si no ha tenido oportunidad de comprobar alguna de sus noticias, informa al lector lo que le han dicho otros. Los más de sus relatos son escuetos pero precisos, algunos prolijos hasta detalles aparentemente poco significativos, pero la totalidad de la narración está impregnada de un afán didáctico que se expresa a través de la comparación.

En ocasiones adorna las noticias con anécdotas más o menos espectaculares que dan amenidad a sus comentarios y que resaltan las propiedades del animal o vegetal que refiere.

El relato ciezano no se limita a la descripción morfológica de las formas vivas, también comprende, a veces, aspectos reproductores y etológicos de algunas especies animales, amén de ciertas descripciones que constituyen verdaderos ejemplos de cómo entender la naturaleza en su conjunto, como un todo, esto es, ecológicamente.


Homosexualidad religiosa
Los trabajos de Pedro Cieza de León entregan datos de un tipo de homosexualidad religiosa, cuando nos informa que “cada templo o adoratorio principal tiene un hombre, dos o más según el ídolo, los cuales andan vestidos como mujeres, y con éstos casi por vía de santidad y religión tienen su ayuntamiento carnal los señores y principales”.

La descripción detalla como en las grandes fiestas religiosas, éstos, sólo podían tener relaciones sexuales los hombres más ilustres y respetados, en una mezcla de religiosidad y reconocimiento social.

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