Alejandro Quesada


Poco después de las 17 hrs. Toqué el timbre de la casa de Alejandro. Cuando abrió la puerta tenía en sus manos un ejemplar del libro que me entregó tras haber dedicado: “Una alegría formar parte de este proyecto. Gracias”. Alegría que siento a medida que la biblioteca abraza a más gente. Dejé Palermo. Me subí al subte. Viajé de la única manera que se puede viajar, mal, pero muy mal. Antes de pasar a ver a Vida, paré en Dickens porque volví a ver después de muchos años el libro “Mora. Una confesión (de María Maratea)” entre los saldos. Compré un ejemplar y se lo regalé a Vida, me contó que la mudanza ya tenía fecha, le dí un beso y me fui. Minutos después esperaba que el mozo me trajera el café, con el libro de Quesada en las manos, abierto en el primer capítulo, y mirando como la gente cruzaba la 9 de Julio. Serían las seis y media de la tarde, y el cielo aseguraba lluvia. “La pija y el mar” se llama el primer capitulo. Como si la maestra hubiera escrito en el pizarrón “Tema: La vaca” yo podría contar al menos dos historias de pijas y mar. Del mar de Mar del Plata que es la ciudad natal del autor de MDP – Mar de Pijas. Y parte de mis primeros encontronazos sexuales fueron por esas playas… El mozo me trae todo, el café, las medialunas, las galletitas, el agua. A dos mesas de distancia, dos señoras no dejan de hablar en portugués. Mas tarde una prenderá un cigarrillo y el mozo le pedirá que lo apague, ese no es el salón para fumadores. Recuerdo que dejé de fumar hace casi tres años, siento alivio. Pienso en las horas que pasé en ese mismo café durante mi adolescencia. En la cantidad de hojas que escribí y firmé, colando al lado del día y la hora exacta “Café de la Ciudad”, porque colocar el lugar era importante. Y pienso que en ese mismo café, lloré bastante. Por la avenida cruzan dos chicos de la mano, están contentos, nadie los mira, yo los miro y sonrío y me veo como un tonto relfejado en el vidrio de la ventana. El capitulo cuatro se llama “Mi poronga y yo” estoy por comenzar a leerlo cuando veo llegar a Nacho, que me viene a buscar para ir a pagar un seminario de teatro que vamos a hacer juntos y luego ir al Maipo a ver a Pinti. Salgo del Café de la Ciudad, por primera vez, al lado de un hombre que sé que me ama como ningún otro, y al que amo profundamente. Entre una cosa y otra volvimos a la librería y compramos más libros para la Biblioteca.

Con Pinti siempre me pasa que empiezo riendo, luego me angustio y finalmente la emoción me llena los ojos de lágrimas. Y lo cruel: el Hombre no aprendió nada, no entendió nada. Nunca. Ser Humano estúpidó. ¿Cuántas veces dice pija Pinti en su espectáculo? Parece un trabalenguas. Desde que tomé el tren para ir a buscar el libro, en varios momentos traté de recordar el poema de Urdapilleta que habla de las pijas, que por supuesto se llama “Las pijas”, pero solo recuerdo el fragmento donde las compara con un pedazo de mampostería y de algunos dibujos cara de pija. En el subte le di a Nacho la revista Imperio que había comprado horas antes, ya la veré yo otro día. El tren que me devolvería a Hurlingham no tardó en llegar. Subí. Aun quedaban asientos vacíos. Quería un bagón luminoso para poder seguir leyendo. Al lado de un policía había un lugar propicio para empezaba a leer el cuarto capitulo, quizá hasta me preguntaba donde conseguir el libro. Pero un señor fue más rápido y me lo quitó. En el bagón siguiente me senté al lado de un chico muy feo que leía el diario La Nación (por estos días me llegaron cantidad de mensajes Facebook sobre una editorial homofóbica por parte del diario) ¡Tan incomodo ese diario! En la revista de los domingos creo que Pinti aun tiene su sección. Para cuando empecé a leer el quinto capitulo, “Mi planta de verga motas” el chico guardó La Nación y sacó la Imperio con Cristian Sancho en boxer bien abierto de piernas. Bueno, estamos todas, pensé. Cuando levanté la vista, ya estaba en Santos Lugares. Sábato vive a unas cuadras de la estación (¿Se podrá pensar en la pija de Sábato? Me pregunto mientras escribo esto. Y recuerdo haber leído, no se si a la Lynch o la Bullrich contar que Mallea no solo era un gran mujeriego, sino que la tenía enorme, es probable que haya sido la Bullrich). El chico en algún momento guardó la revista y se durmió. Aproveché a darle una mirada rápida, si, era muy feo. Seguí leyendo, no me gusta bajarme del tren con sin haber terminado los capítulos.


ALEJANDRO QUESADA
nació en Mar del Plata en noviembre de 1974. Luego de cursar Arquitectura, en 1996 se instala en Buenos Aires e ingresa al Conservatorio Municipal de Arte Dramático. Junto a su actividad actoral, comienza un intenso trabajo como dramaturgo en proyectos de teatro del circuito off. Entre sus obras se destaca el unipersonal Roja, con el que participó en varios festivales. Desde el año 2000 trabaja como guionista en programas como Criminal, El Tiempo no para, Lalola y Los Exitosos Pells, entre otros. MDP. Mar de Pijas es su primera novela. (Fuente)







Anoche acabé de leer MDP – Mar de Pijas, de Alejandro Quesada. ¿Será redundante decir que me lo devoré? Un día. Su lectura se disfruta como algunas mamadas, se desliza fácilmente, se apresura, resbala, se violenta, se detiene, pero sigue, y es otro o el mismo, te mira a los ojos, lastima, raspa, arde, y después todo es agua, y algo que ha sucedido.
En la Mar del Plata de MDP no hay turistas, sino hombres que se hacen a la mar como a las pijas, hombres de no importa que edad, pero que sienten la arena como suya. Las mujeres lloran, cocina, echan flores al mar, se enferman y mueren. Algunas, disfrutan su genero, como la abuela gorda de ELDELOSRULOSAMARILLOS.
Un mar de pijas, cantidad de acabadas, y pocos orgasmos. El placer se desdibuja en medio del apuro, la doble vida de alguno, el pecado, y la pequeña muerte siempre presente. En MDP las cosas suceden, como suelen suceder: bruscamente. Y el lenguaje, lo fragmentado mezclándose con una serie de enumeraciones tales como indicaciones para filetear una tararira, o el seguimiento de comentarios de un foro de surf en internet o los artículos de un club de playa, o… te van conduciendo por un túnel que parece no tener destino. Todo va muy rápido. Tanto como el sexo que se encuentra en lugares públicos. En este torbellino, ELDELOSRULOSAMARILLOS parece crecer en soledad, a pesar de las amistades literalmente virtuales, de los encontronazos con otros hombres (pescadores, surfistas, hombres al fin), a pesar de sus mascotas. Crecer lento como el de la planta de verga mota que le regala ELFLACODELINTERIOR y que promete un futuro dulce y colorido.
Si de pronto un día, te encontras que tenes este libro en frente, lo único que deberías hacer es leerlo. Sino estarías como las corbatudas o los señores obreros con el bolsito al hombro esperando frente al mingitorio para poder tocársela a alguno y así regresar pronto a casa antes de que su esposa termine de poner la mesa.


Pietro
 
 
Material disponible en Biblioteca LGTTB de Alejandro Quesada
Libros:
 
-MDP - Mar de pijas
Caligrama - El fin de la noche - Buenos Aires - 2010
Ejemplar dedicado por el autor 
 
 
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