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2/8/23

#ArchivoPIETRO: Madres e hijos por Leonor Calvera (Años 80s)

 


Madres e hijos por Leonor Calvera (Años 80s)

El hijo varon vive perseguido por la idea de probar constantemente que es un hombre, distinto al ser mas cercano, que lo contiene, su madre...

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#ArchivoPIETRO: La magia del dialogo por Leonor Calvera (1989)

 


La magia del dialogo por Leonor Calvera (1989)

El sexismo se va derrumbando lentamente ¿Cómo podemos contribuír -un poco mas- a que desaparezca? Durante mucho tiempo las mujeres han tenido miedo a expresarse en presencia de los varones...

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15/6/21

Leonor Calvera

Hoy quiero volver a compartir esta entrada que escribí en 2011 cuando ingresaba a mi Biblioeteca/Archivo  parte de la obra de Leonor Calvera. 


Entrada publicada originalmente el 11 de noviembre de 2011

Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.

El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.

Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.

Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.

Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo. Continuar leyendo en Fuente.

-Página oficial de Leonor Calvera:  http://www.gruponemesis.com.ar





Leonor Calvera nació y vive en Buenos Aires, en el barrio de Belgrano.

Es poeta, escritora e investigadora. Ha realizado una vasta labor en los estudios de género y de religiones comparadas, siempre en procura de  establecer mejores puentes de acercamiento entre los seres humanos.


Como traductora, ha publicado más de cincuenta títulos de las más destacadas obras occidentales y orientales sobre el tema de las religiones.


Ha colaborado en distintas antologías del país y el exterior y recibido numerosas distinciones.

Formó parte como jurado de ensayo de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), el Fondo Nacional de las Artes y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


En la actualidad dirige el Grupo Némesis (www.gruponemesis.com.ar) del blog Mujeres del Tercer milenio (mujeresdelmilenio.wordpress.com) y es vicepresidenta de ACARMAS (Academia Argentina  de Masonería, Ciencias Primordiales e Iniciáticas y de la Tradición Hermética).

En 2015 ha sido nombrada jurado para las Fajas de Honor de la SADE (Soc. Argentina de Escritores) en la categoría ensayo.

PAGINA DE LEONOR CALVERA http://leonorcalvera.com.ar/biografia_leonor_calvera.html

Material Disponible en Biblioteca LGTTBI / #ArchivoPIETRO  de Leonor Calvera

Libros:

Los siguientes libros fueron donados gentilmente por la autora a la Biblioteca LGTBI






-El genero mujer

Belgrano - Argentina - 1982

Reseña

Estudio valioso: El género mujer

La Nación 17/10/1982 


La polémica abierta en las últimas décadas acerca del feminismo, ensalzado e impugnado al mismo tiempo, convertido en bandera política y en estandarte de reivindicaciones, haIla en este libro no ya un superficial alegato en su favor sino un conjunto de' argumentos 'científicos y de antecedentes históricos que lo justifican.

Los clásicos interrogantes que se formulan a propósito del llamado sexo débil están considerados por la autora en lo que constituye la parte sustancial de su obra.


Es así como se indaga en las esencias mismas del fenómeno cultural, relacionándolo con el proceso biológico en sus diversas etapas. Y en forma correlativa se analiza la interdependencia de los sexos en el seno de la comunidad, se investiga la profunda significación de los elementos que las diferencian simultáneamente la viabilidad de alteraciones en los mismos. Como planteo inseparable del estudio de los puntos mencionados debe juzgarse la hipótesis vinculada con una realidad sociológica de igualdad para ambos sexos.


En última instancia es la tesis de la postergación social de la mujer la resultante de la minuciosa pesquisa que Leonor Calvera lleva a efecto para llegar a tal conclusión la investigadora retrocede hasta la concepción alegórica de la Gran Madre y las más antiguas formulaciones legales, y luego avanza, paso a paso, en sistemático buceo, hasta penetrar en los complejos meandros del psicoanálisis contemporáneo.

Un escrupuloso equilibrio caracteriza este estudio en el que no sólo se ponen de relieve los rezagamientos y dependencias de la condición femenina sino también las limitaciones artificiales que afectan la personalidad masculina, por obra de circunstancias y prejuicios históricos.

Las falencias íntimas perceptibles en ambos sexos los han llevado indistintamente a apelar a recursos que, a juicio de la autora, hace peligrar el principio mismo de la vida. Este riesgo sería conjurable, con vistas al futuro, si se practicara una renovada y rigurosa evaluación de 101 factores de diversa índole que han determinado la alarmante situación actual.

Leonor Calvera proclama la necesidad imperiosa de devolver a la función educativa y al ejercicio de una irrestricta libertad un papel gravitante. He aquí, a su entender, el camino que conducirá, por la "fusión de los opuestos", hacia "el descubrimiento del ente... Uno-si n-segundo, Dios-Brahma, Principio último y primero..... en el que "se proyectan nuestros ideales y esperanzas". (423 páginas).




-Mujeres y feminismo en la Argentina

GEL - Argentina - 1990

Reseña de

Ester Gimbernat de González

Letras Femeninas- Vol. XVII - Nros. 1-2(1991)

University of Northern Colorado


Mujeres y feminismo en la Argentina, el último libro de Leonor Calvera, es un estudio necesario y esperado en la Argentina de los comienzos de los noventa. Los movimientos feministas argentinos, y los diversos grupos de apoyo, creación y trabajo de mujeres que se dieron con más énfasis y constancia en los últimos decenios, merecen su lugar en una historia bien trazada, como lo hace Leonor Calvera en esta obra. La autora, gracias a su libro de 1985, El género mujer, ya ha logrado un merecido reconocimiento como profunda conocedora de la teoría feminista y con su participación en Sisterhood is Global de 1982, ha incursionado a nivel internacional compartiendo su conocimiento del feminismo en la Argentina.


Aunque el título, Mujeres y feminismo en la Argentina, hace referencia a una historia del feminismo en todo el país, en la introducción Calvera delimita el carácter enciclopédico implícito en el nombre, refiriéndose a los alcances del mismo:


Esta es la historia de UFA [Unión Feminista Argentina]: sus comienzos, sus avatares internos, sus repercusiones en el exterior. Pero, como “mi modo de aprehender un fenómeno es a través de la investigación de sus raíces, de su cotejo con el pasado, esto es, tratando de ubicarlo dentro de un decurso, esa historia comienza mucho antes, en otras tierras, donde comenzó a labrarse la huerta de la hermandad. Luego el escenario se traslada definitivamente a la Argentina, a su pasado. El de las heroicas mujeres del siglo XIX y principios del actual, que marcaron la impronta inicial del feminismo. (p.7)


Como Leonor Calvera fue una de las organizadoras del grupo UFA, y ha participado además en la mayoría de las manifestaciones de diversos tipos que se han realizado en Argentina durante los últimos veinticinco años, esta historia de la organización a la que se refiere es un recuento, podría decirse, personal. Gracias a la lucidez y buen criterio de la autora, el toque personal realza la presentación y análisis de los propósitos, actividades y desarrollo de los diversos grupos, uniones y proyectos. El mismo punto de vista personal justifica que en el libro no se ofrezca más información sobre movimientos y acciones de mujeres en otros lugares del país fuera de Buenos Aires.

Si bien en los nueve capítulos del libro se ofrece una resumida historia de la presencia de la mujer a través de los diversos períodos históricos de Argentina, es de destacar el medido y acertado recuento que se ofrece de las relaciones entre mujeres y poder durante los represivos años de la dictadura militar, las vicisitudes de las Madres de la Plaza de Mayo y la participación de la mujer en las diversas actividades políticas.

Los últimos tres capítulos son un alegato en favor del movimiento feminista, mal entendido no sólo en la sociedad argentina, gracias a los diversos mecanismos defensivos puestos en marcha por la sociedad patriarcal. Leonor Calvera en una prosa accesible y fluida presenta las múltiples facetas que constituyen un positivo feminismo de hermandad, despejando el camino de posibles obstáculos que podrían desconcertar a algunas lectoras aún inmersas en la sociedad patriarcal, a reconsiderar las premisas más básicas y positivas del feminismo, entendido como una cosmovisión, "un hito insoslayable en el pensar humano, una ventana o puerta abierta hacia la comprensión de la realidad y de las relaciones entre los seres humanos" (p. 151).

Mujeres y feminismo en la Argentina es un libro sumamente informativo, cuyo más valioso aporte lo da el conocimiento desde adentro que tiene la autora de los grupos e instituciones que fueron y aún son centrales para el movimiento de concienciación y dignificación de la mujer. Además, Leonor Calvera en esta obra da cabida a una esperanza alimentada por el sentido común y la fe en un posible y futuro "sistema de vida donde las instituciones sean más con fiables, en que haya pluralidad y consenso en las decisiones, en que la libertad y el pleno desarrollo humano sean una realidad para todos" (p. 150).



-Camila O'Gorman el amor y el poder

Leviatan - Argentina - 1986

En el marco del Buenos Aires de mediados del siglo pasado brillan con luz trágica los amores de Camila Q'Gorman y el cura Uladislao Gutiérrez.

Envueltos en el aura de la pasión, estos jóvenes transitan su aventura procurando sortear los obstáculos que se oponen al goce de su libertad.

Al término del camino aparecerán glorificados por esa misma sociedad verticalista y represiva que les negó la dicha de vivir su propio futuro.

A partir del relato de amor y muerte de Camila y el cura Gutiérrez, Leonor Calvera recrea con seguridad y detalle los conflictos de una Argentina pasada que pervive en el presente. Así, con nombres diversos, bajo otros ropajes, vemos ahora surgir líneas de fuerza similares a las que estructuraba la sociedad decimonónica. Y también reconocemos sus mismas falencias, sus mismas encrucijadas, partidismos parecidos.

Sin embargo, no se agota allí el análisis. A partir de la anécdota de los desdichados jóvenes, Leonor Calvera se adentra en el examen de interrogantes que nos tocan muy de cerca y que hacen a la identidad individual y al desarrollo de la persona. ¿Qué es el amor para la mujer y el varón? ¿Se ha mantenido igual a través del tiempo? ¿Qué mecanismos llevan al amor a terminar enfrentado con el poder?

Leonor Calvera traza en esta obra un agudo contorno del perfil psicológico de ambos sexos a la par que abre una nueva perspectiva para entender los complejos vericuetos de las relaciones interpersonales, reflejo de la cultura contra la que se recortan.



-Raices en la arena

Summa Poetica - Argentina - 2004

algunos poemas de RAÍCES EN LA ARENA


XI 


Hacia el porvenir con nuestros muertos

en injusticia, en opresión, en mascaradas.


La voz de quienes ya no están

resuena para el caminante de la esperanza,

resuena libre y luminosa

al final de una sociedad

de imaginaciones esclavas.



XIX



Reposo sobre los muros conocidos

de la lengua social,

talismán labrado a medida

de la pequeñez humana.


Mas el poder de la palabra

desafía al azar

y se condensa en nubes,

en constelaciones de señales

seguramente de no saber.


Juego su historia

la reto a combate

y caigo en la agonía del silencio

al buscar legitimarme

en el decir de los ángeles caídos.



-Entre las palabras y el silencio

Leviatan - Argentina - 2008

Entre las palabras y el silencio recorre las múltiples maneras en que el ser se expresa, mediante la palabra, su necesidad y su capacidad de dar y recibir. 

El lenguaje conserva todo su misterio, su virtud creadora. Este texto se transforma en guía y fuente de cautivante lectura.


Reseña

María del Carmen Suárez


Leonor Calvera es una incitadora literaria. Cuando terminamos de leer uno de sus libros, y en este caso el que se presenta hoy “Entre las palabras y el silencio” nos queda un sedimento, una ráfaga, el impulso de seguir reflexionando, ahondando en los temas que ella siempre aborda con pericia y rigor.

El silencio está poblado de palabras, el inconsciente en es un reservorio de palabras. La vida es un texto ha ser leído y Leonor tiene el don de la palabra escrita.

Ella afirma “la escritura es la forma silenciosa de la palabra hablada”; entonces va tejiendo un tapiz circular de palabras y al terminar se adentra en el silencio. Hace una danza de derviches en el éxtasis de la palabra y salta al vacío para penetrar los goces del silencio donde habita la plegaria, el rezo, el encuentro con el ser interior e indaga. Es allí donde se diluyen los opuestos y la palabra es silencio y el silencio palabra. Escribe “Ha sido tarea del poeta componer el silencio desde las palabras, introducirles aquello de lo que originalmente parten”.

Leonor ha activado mecanismos, rituales, mantras y oraciones en su silencio profundo. Ha reverenciado el lenguaje, las sílabas, la palabra todavía no dicha. Y hay que viajar por hondonadas para arribar a una costa donde el mensaje puede estar escrito en la arena, en un cuerpo, en la sutil ala de una mariposa.

Lo que decimos es lo que somos, cada palabra emitida es un sonido que viaja por el universo; Leonor lo sabe, conoce acerca de la palabra de poder, de los mecanismos de dominación a través de un discurso, de la réplica , de un mensaje. Aborda la palabra desde todos los ángulos posibles y despliega su conocimiento, su vocación de tejedora silenciosa que siempre nos ofrece su visión del mundo.

Es mujer y exploradora, buceadora de su tiempo y de su entorno, nos advierte acerca de la dicha y el miedo y escribe “el aliento se hace palabra y la palabra se hace canto. El canto es el símbolo que religa, reúne a la criatura con la potencia creadora, es la alegría humana frente a la creación a la que adora y teme, es la tristeza de su soledad ontológica”. Y ese temor es la ausencia que también recorre el libro y que aflora en el capítulo Los grandes silencios. En el duelo exclama “ dolor en el corazón, dolor en la vida por quien ha partido. Su ausencia nos deja a solas con nosotros mismos, sin su amor , sin su consejo, sin su voz. Desconsuelo y llanto, pena y angustia son nuestro pan cotidiano. Nos embriagamos con las notas más tristes. A veces la palabra se hace canto.”

Es muy interesante recordar a Wittgenstein cuando sostiene “ de lo que no se puede hablar es mejor callarse” o “los límites de mi lenguaje significan los límites de mundo”. El apela a la práctica zen y según ésta es posible recuperar el estado de no lenguaje mediante el ejercicio del silencio.

Quizás cuando el verbo no existía el ser vivía recibiendo en silencio los poderes de la madre naturaleza. Era un silencio apacible y los humanos se hacían uno con el universo.

Advino la palabra y el ser se agitó. Tuvo que convivir con la palabra y el silencio, el abismo entre estas dos sensaciones fue una lucha permanente, un combate secreto, ya no podía vivir sin la naturaleza sin doblegarla, sin servirse de ella.

Leonor se sumerge en estos temas buscando el sentido.

Navega en la violencia de la prosa, en el círculo de la poesía, en la palabra y la oración, en las palabras de poder, los grandes silencios y los lenguajes del amor.

Palabra de honor, dar la palabra, la última palabra, palabra santa, don de lenguas, profetizar. Transitamos la ética, la profecía, la oración, la negación a través de la palabra.

Leonor nos recuerda a Ortega y Gasset cuando exclamó “la lengua es el hecho en que más clara y puramente se dan los caracteres de la realidad social y, por eso, en él se manifiesta con incalculable precisión el ser de una sociedad”. 

Y aparece la poesía, la visión de Leonor acerca de ésta, de su representación en la sociedad. La palabra en el poema que también nace del silencio. En ese reino todo sucede. Es un código de entendimiento, un vaso comunicante, una irradiación para conectarse con los otros más allá de los límites de lo tangible. Es conjuro, plegaria, alabanza y pasión. Las palabras como centellas que surgen de corredores internos, de parajes abandonados, de esperanza y fulgor, de cánticos antiguos.

Ella dice: “la verdadera poesía legitima el papel del creador en la sociedad cuando éste da vida a lo que callan el hombre y las cosas y se adentra sin miedo y sin dobleces en el corazón de la palabra”.

“Escribir es el modo de quien tiene la palabra como anzuelo: la palabra pescando lo que no es la palabra. Cuando esa no palabra – la entrelínea- muerde el anzuelo algo se escribió exclamó Clarice Lispector.

Leonor escribe: Las palabras pueblan el aire absorbiendo el oxígeno del decir verdadero. En la política, como en los medios, la palabra se ha vuelto tramposa escamoteando realidades y afirmando los que los hechos niegan. Y recuerdo a René Guenon cuando afirmaba acerca del abuso deplorable que frecuentemente se hace de ciertas palabras. Dijo: “No son simples negligencias del lenguaje; son síntomas de la confusión que reina por doquier en el mundo moderno, pues el lenguaje no hace, en suma, sino representar fielmente el estado de las mentes”.

Vuelvo al libro, señala la escritora “Bien sabían los monjes medievales que cuando aumenta la cantidad de seres entregados a ejercicios espirituales, a la práctica de la meditación y la plegaria, se van adelgazando las cadenas más pesadas del mundo que nos toca vivir. Por ello, se preocuparon que hubiera monasterios junto a las ciudades para ser posible que el tono de éstas fuera más elevado, para que no se convirtieran en cloacas de comportamiento sino que fueran el símbolo del triunfo sobre la materia”.

Es evidente que Leonor es conocedora profunda de los milagros de la palabra, de la carga energética que duerme en ellas posibilitando hurgar, desenterrar misterios ocultos, repitiendo plegarias en voz baja para arribar al silencio. Reingresar a las fuentes, a las cosas que designa. Y la palabra viva comienza a fluir en arabescos, en crucigramas, nos arroja hacia un campo misterioso, hacia atrás en el tiempo, allí donde se emitió la primera palabra.

Me gustaría citar al pensador brasileño, José Trigueirinho Netto cuando decía, y resumo al máximo sus apreciaciones acerca de la palabra: “El hombre común se distanció de la esencia que debería animarla. Como consecuencia los idiomas actuales no retratan de manera adecuada las realidades del mundo interior”. Y acerca del silencio escribió: “Cuando se conoce el silencio se conoce el amor. El silencio viene al encuentro del ser cuando éste se vuelca al interior de sí mismo. Fuente de sabiduría, en él están la paz y el poder de la trascendencia”. 

Este libro nos tienta, nos aguijonea, nos impulsa a valorar el instrumento, la herramienta que manejamos los que escribimos. Salimos del libro por un corredor luminoso hacia la tensión del mundo exterior pero con la certeza de la belleza reencontrada; cada página origina el deseo de reposar en el silencio de la palabra no dicha todavía, ésa que duerme en el corazón de los que se aman y en el ser que partió y ya no escucharemos. Nadie permanecerá indiferente ante este texto revelador.




-El paso de la muerte

Nuevo hacer - Argentina - 2009

No hay para la razón escándalo mayor ni incógnita más grande que la muerte. Si bien forma parte del suceder de la vida en tanto consumaciòn de un ciclo, la idea de una desapariciòn permanente, de un eclipse absoluto,ha sublevado la mente y el corazón del hombre que la tomó como eje en casi todas las concepciones religiosas y filosóficas. 

En El paso de la muerte, Leonor Calvera sostiene la premisa de que no se puede comprender la vida sin analizar la idea de finitud. En procura de investigar sus huellas, partiendo de antes del Paleolítico,estudia los procedimientos funerarios desde los primeros y sencillos enterramientos con flores hasta culminar en la época actual.

El extenso recorrido es multicolor y variado: ese caleidoscopia abarca tanto las suntuosas concepciones que forman la base de la civilizaciòn occidental como las crueles regiones del sacrificio y las sabias especulaciones de Oriente. En cada punto, en cada estación. la muerte aparece estrechamente ligada a todas las expresiones de la vida: el arte, la religión, las normas éticas, las distintas formas de convivencia, la estructura misma de la sociedad. 

La muerte acompaña las acciones de los seres humanos como una sombra o un telón de fondo, dándoles, tácita o explícitamente, su sentido más profundo. En nuestros días, en cambio, la afirmación del aquí y ahora aparece casi como la única representaciòn válida del ser, con exclusión de cuanto se relaciones con el más allá. Sin embargo, pareciera que no tomar en consideración el enigma de la muerte es una mala apuesta que desemboca en un desastre espiritual. Mientras tanto, el pensamiento profundo y reflexivo nos recuerda que quizá sea una ingenuidad pensar que el hombre meramente muere sin apelación, sin transitar ninguna otra instancia. 

Luis O. Tedesco



-Historia de la gran serpiente

Vinciguerra - Argentina - 2000

¿Quién o qué es la Gran Serpiente? ¿Es un personaje de existencia real o sólo producto de la fantasía del hombre, de sus miedos y necesidades? ¿Cómo se manifestó la Gran Serpiente a lo largo de lostiempos?

Leonor Calvera rastrea las respuestas a estos y otros muchos interrogantes a lo largo de los mitos, la historia, el folclore. El resultado es un libro son paralelo en torno a un misterio que arranca de épocas remotas y se sostiene hasta nuestros días.

Diosa, Satán, Lilith, Kundalini, Vampiro: he aquí algunos de los múltiples nombres que ha recibido la fabulosa Serpiente que se asoma en los albores de la civilización y nos espera en su final apocalíptico.

Obra única en su originalidad, esta Historia de la Gran Serpiente se lee como una novela e inquieta como una amenaza.




-Poemas y canciones a la madre

GEL - Argentina - 1993

Reseña de Pablo Chacón

La Razón - 09/07/1993

Si algo tiene para mostrar Leonor Calvera son pergaminos de lo hecho en ese arduo y exigente ámbito de la poesía. Exploró las tradiciones del Este y el Oeste dejando casi siempre una huella o un verso a recordar. Por lo demás, ha trabajado intensamente por la difusión de la poesía y los poetas desde talleres y seminarios, muchos de los cuales tuvieron por escenario la Casa del Escritor.

Podría decirse, sin temor a errar, que la poesía es el centro de su vida. Y en este caso, el que nos ocupa, la poesía elegíaca; ningún género más apto para este conmovedor homenaje a la madre. El rasgo hondamente humano de estos poemas muestra a una poeta entera, despojada de prejuicios y de recursos intelectuales efímeros, que busca: con verdadero empecinamiento la exacta pero más simple entonación de cada frase. Esta deliberada economía, esta ausencia de retórica, la ayudan a evitar caer en las trampas de una temática que se presta a la exageración y el lloriqueo. El resultado de este rigor es un texto sólido que no cede a ninguna de las tentaciones que se presentan cuando se bucea en esos pantanosos territorios de la sensibilidad y el espíritu.




-Diosas, brujas y damas de la noche

Nuevo hacer - Argentina - 2005

Las brujas son un enigma. Hoy como ayer provocan curiosidad, malestar y un interés variopinto que oscila entre la credulidad y el escepticismo. A veces objeto de burlas y desprecio, otras veces acosadas hasta el exterminio, siempre consultadas, las damas de la noche atraviesan todos los tiempos y latitudes.

En el imaginario colectivo la figura de la bruja se asocia con el vuelo de una escoba, una bola de cristal para adivinar el futuro o ancianas junto a un caldero mezclando extrañas hierbas para el amor, el deseo o la muerte. ¿Responde esto a la realidad? ¿Es cierto que incluso llegan a dominar los elementos y pueden producir sequías, inundaciones o cualquier otro año a voluntad?¿Son realmente personeras del mal o víctimas de prejuicios envidiosos que buscan distorsionar sus conocimientos y poderes? 

"Desde las Grandes diosas de la Antigüedad hasta el actual Movimiento de la Diosa", Leonor Calvera transita en esta obra un territorio fascinante cuyo recorrido "constituye una aventura azarosa y difícil" que permite comprender el mágico y libre mundo de la brujería tanto como las reglas de juegos de las sociedades represivas.



-Mujeres de dos mundos en la Conquista Española

GEL - Argentina - 2012


El género femenino en tiempos de la Conquista resalta omo una constelación de bravas mujeres. Pertenecientes a los pueblos originarios, o acabadas de llegar de los territorios europeos. Fueron tejiendo entre todas una urdimbre de  conductas y sentimientos que nos asombra. Esos hilos entrecruzados muestran con fuerza las similitudes antes que las diferencias, los parecidos antes que los contrastes.
En pugna con el olvido, esas vidas novelescas, moidas por pasiones extrema. Vuelven a palpitar en las páginas de Mujeres de dos mundoss, reunidas por el poder alquímico de las palabras. Una galería de figuras admirables, singulares, conmovedoras. Un legado valioso que recrea leonor Calvera trazando perfiles que vuelven  a reflejarse, con diversas variantes culturales, en todas las épocas.

Leonor Calvera: geógrafa del devenir de las mujeres por Moira Soto

Leonor Calvera: geógrafa del devenir de las mujeres por Moira Soto

Del blog DAMISELAS EN APUROS: http://www.damiselasenapuros.com.ar/2018/10/leonor-calvera-geografa-del-devenir-de.html


Hetaira y convidados, terracota de Myrina, siglo25 AC
Antes y durante la Dictadura, Leonor Calvera –conspicua feminista histórica- trabajó intensamente en la escritura de un libro localmente pionero: El género mujer (Editorial de Belgrano, 1982), donde, como ella dice, “fue cobrando forma la idea de que el sexo biológico y los roles a cumplir en la sociedad no debieran considerarse un destino inamovible, sino que tenían que analizarse por separado (…). Vale decir que en todos los casos era necesario separar el determinismo biológico de aquello que pertenecía a las funciones”. Así, tempranamente, Calvera anotaba en ese valioso ensayo -injustamente olvidado en recientes décadas, pero que puede conseguirse en Mercado Libre a precios accesibles- : “Lo primero que el infante recibe con el lenguaje es la noción de género. No solo el género gramatical de aplicación arbitraria, sino un ‘masculino’ y un ‘femenino’ con significación y contenidos tendenciosos… El género mujer, a diferencia de las clases marxistas, se caracteriza por un acentuado estatismo que lo hace aparecer geográficamente similar e históricamente estable”.

Aparte de otros libros dedicados específicamente a la causa de las mujeres, bien diferentes entre sí (Mujeres y feminismo, 1990; Historia de la Gran Serpiente, 2000; Diosas, brujas y damas de la noche, 2005; Mujeres de dos mundos en la conquista española, 2012), Leonor Calvera se abrió a otras temáticas que la apasionan y en las que profundizó con mirada personal y una erudición que no excluye la amenidad de un lenguaje fluido, con acertadas notas de color que acercan a sus lectores/as a Poetas del misticismo español, 1982; Las fuentes del budismo, 1985; Camila O’Gorman o el amor y el poder, 1986; Comentarios del Tao Te Ching, 1989). En 1993, Calvera dio a conocer Poemas y canciones a la madre, elaboración de un duelo abrumador que, en su forma literaria, “fue desbordando los márgenes personales hasta adquirir una magnitud arquetípica: mi madre se fue convirtiendo en todas las madres, y todas las madres se fueron resumiendo en la Gran Madre”. Varios años después, Leonor publicaría un abarcador estudio del recorrido de los mitos funerarios, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, El paso de la muerte (2009). Más recientemente, vale citar títulos de esta prolífica intelectual y activista, que ya ha figurado en las páginas de Damiselas y  a quien nada de lo humano deja de concernirle: Pensamientos en red (2014), Los fuegos de la risa (2015), Memorias y olvidos (2017).

En cada una de sus obras, en mayor o menor grado, se transparenta la visión feminista de esta autora que no cesa de escribir, de reflexionar, de encontrar nuevas posibilidades de investigación, de revisión, de relectura histórica. Así es que de nuevo embarcada en asuntos relativos a la construcción cultural de género y a las diversas forma de sujeción que han coaccionado a la mujer a través de siglos y milenios, Leonor Calvera publica ahora Geografías de la mujer (Grupo Editor Latinoamerica, colección Nuevo Hacer, 2018). Geografías que ella explora desde ángulos muy disímiles que parten de pinceladas del siglo 19 en la Argentina, recuperando  a damas que coprotagonizaron la historia en los salones o yendo directamente a la batalla, resaltando a heroínas como Manuela Pedraza, Martina Céspedes. De allí a las inmigrantes que empezaron a llegar al país, a las trabajadoras fuera del ámbito doméstico, a las anarquistas de fin de siglo, a las primerísimas universitarias, culminando con la extraordinaria historia de Julieta Lanteri, la aguerrida mujer recibida de médica en 1906, que fue a votar en 1911 por su cuenta y riesgo, luego de hacer una presentación judicial, aunque luego fue desautorizada, y que en 1919 se convierte en secretaria del comité ejecutivo del Partido Feminista.

En la segunda parte de Geografías de la mujer, aparte de posar su mirada crítica y siempre reveladora sobre los ritos de pasaje aplicados a las mujeres; los cuentos de hadas de la tradición oral destinados a aleccionarlas desde el interés masculino; el surgimiento de la misoginia tan ligado al patriarcado; las formas de sometimiento y expropiación del cuerpo femenino en diferentes épocas y latitudes, incluyendo una breve historia de un tema en permanente debate, la prostitución, que se transcribe más abajo.

Cortesana música, copa ática, Eufronios, 490 AC
Otras cuestiones que Calvera presenta y analiza: la dependencia impuesta a la autoridad paterna, al marido; la fuerte tradición binaria de la cultura patriarcal; la violación como ejercicio del poder del varón y de su mayor fuerza muscular. Sobre los tramos finales, hay interesantísimos capítulos enfocados al culto de la belleza y los cosméticos desde la Antigüedad (culto también referido a los hombres) hasta la intensificación de especialidades, consejos dirigidos a las mujeres, gimnasia, dietas y, en la segunda mitad del siglo 20, el comienzo del auge de las cirugías y rellenos de todo tipo. La evolución de los oficios asumidos por las mujeres,  sus relaciones con el dinero; el aporte cultural desde las poetas y músicas adelantadas, como Hildegarde von Bingen (1098-1179). El libro culmina con el capítulo El peso de lo intangible, donde figura este párrafo que condensa en cierta forma el pensamiento que Leonor Calvera ha desarrollado con gran coherencia a lo largo de su vida y su obra: “Dentro del corazón de la cultura, en el primer peldaño de toda comparación, se encuentra la mujer que, de hecho y por derecho, hereda la tradición forjada por el varón. Desde la máscara especular negativa que fuera su identidad histórica se alza buscando igualar su talla a la figura dominante que no viera en ella sino un símbolo de la naturaleza que atemoriza con su devenir incesante de muertes y nacimientos. Su ser otra la coloca en condiciones inmejorables para forjar una cosmovisión que pretenda modificar la cultura donde está inserta”.

Fragmentos del capítulo IV, Temer, transigir, comerciar, del libro Geografías de la mujer


IV.2. Prostitución

Incapaz de resolver sus propias angustias ante el cuerpo femenino, el varón optó por expropiar ese territorio inquietante. Y, de inmediato, le puso precio. Un precio que, inicialmente, quedaba en el ámbito del culto.
Próximos todavía los ritos agrarios, en la antigua Mesopotamia se practicaba en los templos una suerte de hierogamia que pretendía ser un reflejo de la unión de todas las formas creadas. Glifos y relieves del período dinástico atestiguan la realización de actos eminentemente sexuales. El Código de Hammurabi, del siglo XVIII a.C., le dedicó algunos apartados a los derechos de esas mujeres del templo destinadas a ofrecer su cuerpo a los varones autorizados.
En el siglo V a.C., Herodoto dejó constancia de la existencia en Babilonia de la obligación que tenían todas las mujeres de mantener relaciones sexuales con un desconocido, al menos una vez en su vida. Para ello debía ser elegida por un extranjero y llevada al santuario de Militta, donde practicaba sexo como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico. El mismo Herodoto, Tucídides, Luciano, Estrabón y otros historiadores dan cuenta de costumbres similares en templos no sólo de la Mesopotamia sino de toda Europa.

IV.2.1 Grecia

El comercio sexual hubo de traspasar con cierta premura el umbral de los templos. Las esclavas sagradas o hieródulas fueron perdiendo relevancia frente al avance de las mujeres y varones dedicados al intercambio sexual. De más en más, el cuerpo se iba convirtiendo en objeto de intercambio. De este modo se regulaba la exuberancia erótica femenina con su traducción a mercancía. El precio aseguraba al varón que no habría sorpresas respecto a las formas y el alcance del intercambio coital.
Corinto, Alejandría, Esparta: las antiguas ciudades griegas se colmaron de jóvenes volcados a un negocio que se iba haciendo progresivamente más lucrativo. Ejercido por varones púberes y mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina. En paralelo, en tanto se respetaban los requerimientos del cuerpo masculino, se requería que el femenino dejara de lado sus especificidades para plegarse a las exigencias de aquel que pagara lo pactado.
Atenas no era una excepción: el comercio sexual se había convertido allí en “una profesión de gran éxito, con diversas categorías o especialidades”, todas ellas sujetas, además, a pagar impuesto por su oficio, “La categoría inferior estaba formada por las pornai que vivían, principalmente en el Pireo, en vulgares burdeles que ostentaban en su exterior, para distinguirse, el símbolo fálico de Príapo. La admisión a estos lugares costaba un óbolo y en ellos las muchachas se exhibían tan ligeras de ropa que se las llamaba gymnai, ‘las desnudas’, permitiéndose a los clientes examinarlas a su gusto, como canes en la perrera”. Aunque algunas vagaban libremente por las calles de la ciudad, la mayoría de las pornai eran propiedad de un pornoboskós o proxeneta, el «pastor».
El rango inmediatamente superior lo ocupaban las auletridas o tañedoras de flauta. A estas cortesanas, que sabían música y bailes y tenían conocimientos como para mantener diálogos interesantes con sus clientes, se las veía en fiestas de varones solos y otros lugares públicos. Entrenadas por viejas cortesanas, se pasaban de generación en generación los secretos del vestido, el maquillaje y el arte amatorio.
La clase superior la constituían las heteras o hetairas, las “compañeras”. “A diferencia de las pornai, en su mayoría orientales, las heteras eran, de ordinario, mujeres de la clase de los ciudadanos que habían decaído en su respetabilidad o que se negaban a aceptar la obligada reclusión de las jóvenes matronas. Vivían con independencia y entretenían en su propia morada a los amantes que lograban atraer”. Asimismo, cultivaban diversas artes y tenían un buen nivel de instrucción, lo cual contribuyó a que muchas de ellas adquirieran cierto renombre, incluso en literatura, ya que perdura una colección de epigramas compuestos por heteras. Si bien no tenían derechos civiles y no podían concurrir a los templos, excepto a los de su propia diosa, Afrodita Pandemos, gozaban en general de gran prestigio en la sociedad masculina y su opinión era escuchada con respeto, Tampoco faltaron casos como el de Clepsidra, que regulaba con un reloj las entrevistas con sus amantes. O el de Targelia, que oficiaba de espía de los persas, por lo cual buscaba relacionarse con los varones públicos. O el de Apasia de Mileto, la amante de Pericles, que deslumbró por su ingenio al mismo Sócrates. Lo cierto es que nombres como Friné, Lais o Danae han pasado a la historia más que por sus artes amatorias por su brillantez intelectual.

IV.2.2 Roma
Tenemos a las cortesanas para el placer,
a las concubinas para proporcionarnos cuidados diarios
y a las esposas para que nos den hijos legítimos
y sean las guardianas fieles de nuestra casa...
Pseudo Demóstenes (Siglo IV a-C).

Prostitución, el vocablo que identifica toda clase de comercio sexual, viene del latín prosto, sobresalir, estar sobresaliente y, sin duda, describe con bastante exactitud la actitud de la mujer que ofrece sus servicios sexuales a cambio de un pago.
“En la Roma primitiva no eran numerosas las prostitutas. Se les prohibía llevar el vestido de las matronas, signo de la mujer decente, y estaban confinadas en los rincones más oscuros de Roma y de la sociedad romana. No había aún cortesanas cultivadas, como las heteras de Atenas, ni mundanas exquisitas como las que posaron para los versos de Ovidio”. Al igual que las griegas, las prostitutas romanas estaban autorizadas a resaltar su belleza con toda clase de afeites y a lucir joyas de oro, lo cual estaba prohibido a las casadas por considerarse un signo de impudor y lascivia. A lo largo de los tiempos, la historia de los afeites irá estrechamente unida a la idea de prostitución.
Luego de las Guerras Púnicas, la sociedad romana atravesó una profunda transformación. Había más riquezas, menos rigidez moral, más apertura hacia otras culturas. En este contexto, abundó la importación de prostitutas de Grecia y Siria.
Las leyes no castigaban a las “personas que abiertamente obtienen dinero con su cuerpo”, según la definición del Derecho Romano. Sin embargo, no podían recibir herencias ni testar ni casarse con ciudadanos libres. Además, sobre ellas pesaba el edicto pretorio referido a la infamia, esto es, la degradación que consiste en la pérdida de reputación o descrédito.
En épocas del Imperio, los ediles debían llevar un registro de prostitutas, lo cual abría la posibilidad de un castigo para aquellas que no estuvieran anotadas. Más adelante, Calígula instituyó un impuesto al comercio sexual, equivalente al precio de una relación –no se aclara si se debía pagar por día, mes o año–: lo que sí queda claro es que ese impuesto lo recaudaban los soldados. El sistema acabó por generar violencia contra las meretrices y una corrupción generalizada.
En su diatriba a favor de la virtud y contra el placer físico, Séneca enumera algunos de los sitios donde puede hallarse: “El placer (está) casi siempre escondiéndose y buscando la oscuridad alrededor de los baños, las salas de vapor y los lugares que temen al edil”. La enumeración de lugares de Séneca es más que insuficiente. La periferia de las ciudades estaba repleta de lugares donde se ejercía la prostitución, desde las viviendas privadas hasta los lupanares.
El lupanar, suma del negocio profesional, debe su origen a las Lupercales, fiestas en honor del dios Lupercio durante las cuales las mujeres –las lupae, las lobas– se entregaban al comercio sexual. En la urbs, como en otras partes, “las autoridades romanas, velando por la juventud deportista, habían establecido que los prostíbulos debían permanecer cerrados hasta la hora novena, en tanto las tabernas ofrecían sus lascivas atracciones a cualquier parroquiano, desde la mañana hasta la noche”.
Baños públicos –como los de Pompeya–, casas de citas especiales, pequeños departamentos de un ambiente llamados cellae, cuartos en viviendas particulares: sólo la imaginación era el límite para elegir un lugar donde ejercer la prostitución. “Los burdeles, y las tabernas que a menudo los albergaban, gozaban de tanto favor que algunos políticos organizaban su campaña electoral por medio del collegium lupanariorum, o gremio de propietarios de lupanares”.
Vestidas con una banda pectoral –strophon– de color rojo o verde, luciendo grandes pelucas o con el cabello teñido de rubio, mostrando un abundante maquillaje en su rostro donde se destacaban los ojos agrandados con carboncillo, recubiertos los pezones con purpurina dorada, masticando pastillas de mirto o lentico contra el mal aliento, las prostitutas se lanzaban a practicar su oficio.
Un oficio tan ampliamente ejercido por todo el espectro social que mereció un vocabulario no menos extenso; términos que echan luz sobre usos, detalles y especialidades de la vida prostibularia. Así, las meretrices –“las que merecen el dinero”–, dueñas de habilidades artísticas, recibían el nombre de cymbalistrae, ambubiae o citharistriae, de acuerdo a su especialidad. Las provenientes de buena familia o de gran belleza eran las famosae, entre otros calificativos.
Las que no pertenecían ni a uno ni otro de estos grupos eran las baratas, llamadas quadrantariae –que cobraban un quadrans–, y diobolares –cuya tarifa era de dos óbolos–, y blitidae –por el nombre de una de las bebidas más baratas que se servían en las tabernas. Conforme a su radio de acción se las clasificaba como prosedae, que esperaban clientes sentadas en una silla, o la que los buscaba merodeando por las calles, la circulatrix. Asimismo, estaban las putae, que trabajaban junto a cuarteles, escuelas de gladiadores o arsenales; las lupae, las lobas que se situaban de noche en plazas y jardines, las que aguardaban en la puerta de los cementerios o junto a los monumentos y algunas otras que pertenecían a los escalones más bajos de la pirámide. Por lo general eran esclavas o libertas, incluso muchas de ellas habían sido abandonadas de niñas y recogidas por alguien con vistas a su futuro empleo prostibulario.
En el polo contrario estaban las delicatae, damas refinadas y elegantes que se ocultaban tras nombres exóticos y que desplegaban una amplia gama de conocimientos y habilidades artísticas. Estaban disponibles por noche, día o temporada y, en la mayoría de los casos, trabajaban por su cuenta. Esto las diferenciaba de las demás, que eran malamente explotadas por los proxenetas o lenos, a quienes Plauto describe así: “La casta de los lenos no vale más que las moscas, mosquitos, piojos y pulgas, son odiosos malhechores, dañinos e inútiles”.

IV. 3 Y después…

El modelo romano persistió a lo largo del tiempo. Perseguida pero tolerada, la prostitución sobrevivió junto con las contradicciones morales concomitantes, que consideraban a la mujer culpable del pecado original y un “mal necesario” en palabras de Crisóstomo. “Las teorías de los eclesiásticos eran generalmente hostiles a la mujer; algunas leyes de la iglesia realzaron su sometimiento: muchos principios y prácticas del cristianismo, por el contrario, mejoraron su condición”.
En cuanto a quienes ejercían el duro oficio de la prostitución, la opinión era igualmente oscilante. En el siglo IV, San Agustín proclamaba que “si suprimís a la rameras, el mundo sufrirá convulsiones de lujuria”. Diez siglos después, el Gran Consejo de Venecia declarará que la prostitución es “absolutamente indispensable para el mundo”. En sentido contrario, la Iglesia habrá de condenarla como una práctica moralmente repudiable. No obstante, es “el derecho eclesiástico el que impone a las prostitutas la obligación de llevar trajes especiales, por los cuales se las pueda distinguir en público. Asimismo, se las separa en todo sentido de las mujeres de buen vivir y esto sucede hasta en la iglesia misma, donde deben ocupar un lugar predeterminado”.
Paradójicamente, serán las fiestas religiosas el momento de mayor auge del comercio sexual. En tanto los canonistas instaban a las prostitutas a que se reformaran, convirtiéndose en monjas o siguiendo el aceptado camino del matrimonio, en las grandes ciudades como Venecia, Nápoles o Florencia existían –como en la gran capital de la prostitución, Constantinopla– “calles de mujeres”, donde convivían quienes vendían sus favores por unas monedas, esto es, las criadas pobres, las que alternaban la prostitución con algún otro comercio, las que tenían dotes artísticas, las viejas de aspecto tenebroso y las cortesanas que dispensaban sus favores a jóvenes ricos. Casi ninguna de ellas gozaba de larga vida y, en líneas generales, estaban sometidas a las órdenes de un explotador más o menos inescrupuloso.
Las Cruzadas marcaron un hito importante en la situación de la mujer en general y de las prostitutas en particular. Por una parte, se incrementaron los puertos de mar y, con ellos, las poblaciones y su cohorte de personas dispuestas a ofrecer toda clase de servicios. Por otra parte, “según el obispo Bonifacio, algunas peregrinas pagaban el viaje vendiéndose en las ciudades de su ruta”. Asimismo, “los cruzados –informa Alberto de Aix– llevaban en sus filas una muchedumbre de mujeres vestidas de hombre; viajaban juntos sin distinción de sexo, fiados al azar de una horrible promiscuidad”.
Las rameras, que colgaban un ramo de flores en la entrada de su vivienda para dar a conocer el oficio que ejercían, las busconas, las soldaderas, miles y miles de prostitutas que ejercían su oficio sin intermediarios o las que se sometían a los explotadores en tabernas, baños públicos, burdeles, todas ellas incrementaron su número exponencialmente. Ciudades como Aviñón, Montpellier o Tolosa, ante tal aumento sin paralelo, decidieron rápidamente legalizar la prostitución.

IV. 4 Gremio propio y ofertas varias

Trovadores, discípulos en busca de maestros para tratar temas como la transubstanciación, soldados, mercaderes, cruzados atravesando extensos territorios: grandes movimientos de gentes trasladándose de un punto a otro y generando nuevas necesidades, flamantes inquietudes, formas de unirse diferentes. Una gama de esas asociaciones la constituyeron los gremios.
En principio, al amparo de las catedrales, comenzaron a surgir las primeras agrupaciones como cofradías religiosas y funerarias. A poco andar, albañiles, panaderos y curtidores trataron de independizarse de sus señores que les fijaban el modo y el precio de su trabajo. Uno tras otro, fueron naciendo los diferentes gremios con el propósito de lograr un equilibrio entre la demanda y el precio, garantizar el trabajo a sus asociados y mejorar sus condiciones laborales.
Las mujeres, aunque participaban en los gremios masculinos, nunca alcanzaban cargos altos como el de maestro. Por esa y otras razones se organizaron por separado, siendo el de las sederas el primer gremio independiente. A la vista de estos desarrollos, las prostitutas crean su propio gremio, cuyo objetivo era defender sus intereses profesionales. A pesar de sus muchos esfuerzos, la explotación siguió sin contenciones válidas, la pobreza flotaba sobre ellas como una nube tóxica y las enfermedades –sobre todo la de nuevo cuño, la sífilis– hacían estragos sin cuento. El gremio se fue diluyendo hasta desaparecer a comienzos de la Edad Moderna.
El esquema de las heteras griegas se repitió en diversos contextos. Un impresor, por ejemplo, publicó un “Catálogo de todas las principales y más honradas heteras de Venecia, con sus nombres, direcciones y tarifas”. Además de este precursor publicitario, en el Renacimiento, al crecer la riqueza, se fue elevando el nivel de exigencia de mujeres con encanto y finura: las cortigiane oneste. “Mientras las prostitutas más sencillas (cortigiane di candela) practicaban en mancebías, esas heteras vivían en su propia casa, daban generosos festines, leían y escribían poesías, cantaban y tañían y tomaban parte en doctas conversaciones”. Muchas de ellas eran las invitadas favoritas de los jóvenes nobles y de los artistas: Cellini, por ejemplo, relata haber pasado una noche muy agradable en casa de una ramera.
En el trono de Francia, Catalina de Medici se rodeó de una verdadera legión de damas de honor cuyo número hizo ascender a más de doscientas. Bonitas, desvergonzadas, dispuestas a todo, estas damas sirvieron a los fines políticos de Catalina. Se las llamó “El Escuadrón Volante de la Reina” y su misión era seducir con su gracia a los adversarios de Catalina para obtener cuanto pudiera utilizar la reina en contra de sus potenciales enemigos.
Las cortes galantes, con su derroche de frivolidad y lujos, con sus intrigas y degradación, con el despliegue fastuoso de las mujeres y la incapacidad de los hombres para administrar los negocios, entregados a la superficialidad y el goce del momento, contribuyeron a precipitar la llegada de la revolución.
Mientras tanto, las prostitutas “medias” estaban sometidas a un régimen casi de esclavitud, bajo el doble control de sus amas y de la policía. Precisamente fueron ellas las que, producido el estallido de la Revolución Francesa, se encontraron entre las primeras en ganar la calle. “Anatole France lo describe en algunas escenas de su magnífica obra Los dioses tienen sed. Se ven mujeres de larga historia, muchas de ellas envejecidas en el ejercicio del innoble comercio, levantar banderas en nombre de las ideas nuevas y los nuevos principios”. Tanto entusiasmo pronto quedó desvanecido: la explotación de mujeres por los nobles fue sustituida por los hombres de negocios y los potentados.

Adios a Leonor Calvera, una Mujer de luz

 

Acabo de enterarme que hace unos días dejo este plano #LeonorCalvera

Leonor fue una pionera argentina en cuanto a #feminismo y una investigadora y escritora incansable. Su nombre esta ligado tambien a la obra cinematogr´ñafica de #MariaLuisaBemberg donde trabajó conjuntamente en guiones de grande películas.

Nos conocimos hace unos años. La visité hace unos años y me recibió amorosamente. Luego me invitó a bajar y compartir un cafe en la mesa preferida del bar que frecuentaba, muy cerca de su casa. Charlamos mucho. En la web hay mas de una página generada por grupos que ella fundó, como el GRUPO NÉMESIS. Su obra es inmensa y lo seguirá siendo. El año pasado, en plena pandemia me invitó a participar de un libro que se editó de manera digital y con descarga gratuita y que tenía que ver con testimonios y experiencias sobre vínculos afectivos y emocionales entre seres humanos y animales. Y había otro en camino, sobre Monstruos en el que también me había solicitado un texto mio que leyo hace tiempo.

Lamento su perdida. Seguramente, ese amor del cual me habló, la espera con los brazos abiertos para abrazarla por siempre.

Me honra tener en mi archivo/biblioteca un sector que lleva su nombre desde hace una década. 

Pietro

29/4/21

Dia del Animal

 


En 2020 fui invitado por #LeonorCalvera a participar en #HuellasDelAmorAnimal un libro donde se cuentan vínculos entre personas y animales en primera persona. El libro es de descarga gratuita y podes bajarlo en https://bit.ly/3e2KCQJ



Es muy difícil nombrar a tod@s. Siempre pienso que es muy injusto que el período de vida de l@s amig@s animales sea mas breve que el nuestro. En la foto falta Velvet, Camila, Cat, Martín, Caruchina, Karina... Desde mi infancia al presente. Crecí entre animales, mi casa era una granja: gallinas, pavos, faisanes, cobayos, palomas, conejos, patos, gansos, papagayos, lechuzas, ovejas y hasta una vaca. Nunca me gustó dormir la siesta, y aunque la casa se durmiera, yo jugaba en el fondo con mis amig@s animales. Nunca compré. Y siempre llegaron a mi. Me buscaron ell@s la mayoría de las veces. Fueron rescatad@s y simplemente llegaron a casa, entraron y se quedaron. Y no puedo olvidar a l@s que estuvieron en tránsito hasta llegar a nuevos hogares. Aunque no vivan en nuestra casa, es importante saber que convivimos con ell@s en esta tierra. Y hay que respetarl@s. Y a l@s que tenemos en casa, cuidarlos. Vacunarl@s cada año y atender sus dolencias. Mas allá de mi vinculo personal, quisiera dejar como info que si tenes gatos y los tenes cuidados, al ingresar otro a la casa, aunque sea en transito, tenes que llevar primero al nuevo al veterinario. Hay enfermedades que se transmiten entre ellos por compartir litera, comederos o por peleas y que no tienen cura, en poco tiempo sus defensas se ven destruidas y mueren. Para investigar e informarse #VILEF y #VIF

Pietro

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