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18/6/26

#ArchivoPIETRO: Ricky Pashkus "El éxito es continuar"

 

Transcripción de texto por Gemini IA

El éxito es continuar
por Ricky Pashkus (*)
Via Libre de La Nacion, circa 1997

Me dedico a coreografiar y dar clases de danza desde hace muchos años; tengo la gran suerte de poder hacer aquello que amo. Siempre me interesó la templanza con la que los artistas enfrentan la adversidad y el éxito. Aún me llama la atención cómo transitan ese camino plagado de obstáculos, muchos de los cuales están en nuestra propia naturaleza.

También es cierto que conocí gente para la que un primer éxito resonante fue tan paralizante como para otros lo fue un fracaso; no podían continuar.

En contacto con los artistas que tuve y tengo la oportunidad de trabajar y con mis alumnos, fui aprendiendo a reconocer los mecanismos que hacen a la comunicación y a la resistencia que ofrecemos a los cambios (yo mismo tardé varios años en darme cuenta de que mi carrera de actor no era un medio por el cual yo podía expresarme, hasta que recordé que de chico me gustaba bailar y ahí empezó otra historia). Dejar que unas cosas se fueran y aparecieran otras no era sencillo. La generosidad de los grandes artistas, que se exponían vulnerablemente frente a su público, me producía admiración. Veía imágenes de artistas de rock que se zambullían frente a un estadio lleno de gente que los trasladaba en andas. Estaban totalmente expuestos. Sin embargo, al salir, rodeados de guardaespaldas, temían el acoso de algún maniático. Había un tiempo para exponerse y un tiempo para protegerse.

Las preguntas de mis alumnos me obsesionaban: ¿Sirvo para esto? ¿Tendré éxito? ¿Podré vivir de mi profesión? Pocos eran los que podían disfrutar del camino como un fin en sí mismo, había excesiva expectativa por un resultado que, incluso cuando asomaba, ya no alcanzaba.

Continuar: ése era el gran problema. Veía que trabajar sólo en función del éxito era vivir en zona de terremoto, si no iba acompañado este proceso de una verdadera necesidad de crecimiento y aprendizaje.

En algún momento comencé a dirigir y fue mediante los artistas y los alumnos que conocí la valentía de animarse a no saber, a exponer la duda, a gozar y a sufrir en público.

Todo esto me llevó a revisar mi historia: cómo había llegado, aunque a los tumbos, a tener una tolerancia a la exposición y una continuidad en la tarea.

Cuando era chico quería ser famoso. El tiempo fue pasando y las cosas fueron cambiando. Empecé a dudar de mi saber por tener la convicción de que lo que había transitado no alcanzaba para conformar ninguna certeza. Todo era relativo. Simultáneamente, sentía una profunda necesidad de expresarme.

Al tiempo deduje que muchas de las angustias que padecía, sin orden ni dirección, eran sensaciones que llegaban a mi corazón antes de que mi cabeza pudiese elaborarlas. Veía en mí contradictorias necesidades: Quería estudiar y no estudiar. Quería trascender, pero no de cualquier manera, o sí de cualquier manera. Temía no poder vivir de mi vocación.

Fue entonces cuando una voz inteligente me explicó que la vocación no era exactamente el deseo de hacer algo, sino la imposibilidad de dejar de hacerlo. Era un privilegio, pero también un límite. No sería otra cosa que lo que debía ser, aquello para lo que había nacido y tenía una sola obligación, la de crecer.  

No podía ocuparme tanto del don, si es que alguno tenía, sino que debía entrenarme para conducir ese don, lo que con el tiempo comprendí era el verdadero talento. Tolerar, ser paciente, fracasar mil veces y triunfar de modo y de maneras no previstos. Era cuestión de despojarse, ser más frágil, hasta el límite de lo posible. Era cuestión de no saber.  

Mientras trabajaba en forma casi adictiva creando coreografías, vi en otros cosas que impactaron. Un gran amigo, actor, recibió la noticia de que su padre había fallecido en el entreacto de una obra; él continuó interpretándola hasta el final. El trabajo, el estar en el lugar elegido, lo salvaba de la más profunda desesperación. Era el acto amoroso más bello.

Comprendí que la pregunta no era, finalmente, si servía para eso que había elegido, sino si estaba dispuesto a servirlo hasta las últimas consecuencias.

Me explicaron que ejercer mi vocación era lo que hacía de mí un profesional, cosa que por supuesto no implica que no debiéramos estar todos bien pagos por nuestro oficio y no tener que sufrir las terribles penurias que actualmente se viven.

En nuestro país, específicamente en la danza, la gran mayoría de los artistas no está bien remunerada. Sin embargo, algunos continúan y otros no. Hay obras bellísimas, fruto de la perseverancia y obsesión de coreógrafos que contra todo sacan a flote sus proyectos. Por el propio bien y el ajeno, creo que el éxito es trabajar y que trabajar sólo para el éxito es una manera de no querer enterarnos de que somos mortales. Sin duda, el éxito es trabajar y es mejor verlo así para no sufrir por pavadas y sufrir por lo que nos toca. El éxito es trabajar, porque el gran éxito es continuar.

Este es el momento en el que encuentro sentido a aquellas cosas que parecían no tenerlo, y puedo mirar hacia adelante sin saber claramente lo que se viene con algo menos de angustia. El riesgo me asusta y me excita. El alivio es, paradójicamente, saber que no tengo opción. Es el camino. Y creo que cada vez sé menos. Pero al fin y al cabo, quién me quita lo bailado. ■

(*) Coreógrafo

Imagen mejorada con ChatGPT



11/6/26

Archivos Reciclados: Años 90, Revista Porteña, Enrique Pinti, Ricky Pashkus y el Teatro Maipo

 


Archivos Reciclados: Son esos archivos físicos a los que les hago un scan antes de arrojarlos a la basura!

Las razones de descarte son muchas y diversas. En algunos casos es probable que no tenga ni la fuente ni la fecha ya que son paginas sueltas que guarde en algún momento de la vida. 

La razones para compartilos, también. Porque habrá un momento donde las Fuentes van a ser cada vez mas dudosas. Incluso en el futuro alguien podría pensar que el scaneo que comparto fue creado con IA. 

MAS ARCHIVOS RECICLADOS DESDE EL SIGUIENTE LINK: https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/Archivos%20Reciclados


Transcripción de texto por Gemini IA


**(Foto de Enrico Fantoni)**

**Ricky Pashkus (en el centro) dirige los ensayos mientras Pinti descansa en Los Angeles**

# Pinti reabre la revista (1997)

### Diálogo con el actor que, desde enero, se propone actualizar este género en el Maipo, con nueva vedette incluida

La primera incursión de Enrique Pinti en la revista fue a mediados de los años setenta en la misma sala en la que estrenará, a mediados de enero, “Pinti canta las 40 y el Maipo cumple 90”.

Por aquellos tiempos desembarcó en el género luego de ganarse un lugar importante en el café concert e ingresó con la categoría de atracción. “En el elenco estaban Osvaldo Pacheco, Thelma Stefani, Pedro Sombra, Naanim Timoyko, Carmen Barbieri, Roberto Carnaghi, Tito Mendoza y Lía Crucet”, recuerda Enrique Pinti en diálogo telefónico desde Los Angeles, donde está de vacaciones.

**-¿Cómo fue aterrizar en un paisaje humano tan exótico?**

-Fue fascinante, porque yo siempre había sido espectador de revistas, que me atraían y me repelían al mismo tiempo. Notaba que había cosas que se podían hacer mucho mejor, pero no se hacían por vagonetería. Me enganchaba en el carisma enorme de los cómicos, en la fascinación de las vedettes y en esa cosa de parque de diversiones que tenía la revista porteña. Pero la parte creativa estaba muy apoltronada: era la fórmula de la vejación de la mujer y situaciones donde lo único que importaba era si los hombres tenían o no tenían erección. Además, escaseaban los monologuistas políticos. Por eso aplaudía cuando aparecían elementos renovadores, como cuando Nacha Guevara y María Elena Walsh trabajaron de cortineras, con sus canciones.

**-Tu generación saltó a la revista e intentó renovarla. ¿Qué lograron y qué no lograron?**

-Las revistas de Gasalla en el Maipo, del 79 al 81, fueron modélicas en cuanto a equilibrar lo popular, lo brillante y lo divertido con las referencias a la realidad y con la sátira costumbrista. Creo que fue así, más allá de que yo también haya trabajado en los libros. Y Antonio además renovó la parte visual de la revista. Inclusive los desnudos los hizo con gran criterio estético. Los pocos intentos que surgieron después del 81 tuvieron que partir de cierto refinamiento visual. Pero tampoco fue que a todo eso lo habíamos inventado nosotros. Nélida y Eber Lobato ya se habían mandado antes su propia gran renovación en la parte coreográfica y, además, pusieron a los empresarios entre la espada y la pared: ya no se usaban más la vedette gorda, ni las coristas con pelos en las piernas. Tuvieron que tomar chicas espectaculares. O vedettes que, al menos, tuvieran un desparpajo maravilloso, como Moria Casán o Susana Giménez.

**-¿Y qué no lograron?**

-No nos sucedió otra gente que siguiera nuestra línea, no hicimos escuela. Lo nuestro fueron manotones aislados, no logramos producir un movimiento para empujar ese cambio. En el café concert éramos 20, 30 o 40 de variadas condiciones y procedencias, pero irrumpimos en masa y dejamos una forma nueva de hacer humor.

**-Todo aquel que desembarca en la revista lo hace con proyectos de renovación o de recuperación de la pureza de orígenes, que vaya a saber uno cuál fue. ¿La revista es un mito en eterna reinvención?**

-Exactamente. Por eso, es un error de concepto hablar de resurrección. Le estarías diciendo a los espectadores que vas a resucitar algo que la gente ni sabe cómo era cuando tenía vida. Los de 30 años no tienen ni idea de cómo era todo aquel mundo. Lo que más me impresionó de la revista cuando llegué a trabajar en el 76 fue esa cosa de fábrica, con tres funciones los sábados y tres los domingos.

**-Venías del teatro independiente, que también tenía una fajina dura.**

-Sí, pero en Nuevo Teatro sólo nos “internábamos” las semanas previas al estreno. Pero en la revista el acelere era permanente. Imagínate los camarines: las mujeres, caminando en bolas; y los muchachos, con slips desculados. Todos paseándose en medio de Alberto Irízar o Tristán. Y Guadalupe y Pedro Sombra tomando mate medio desnudos. Era verano. Mucho calor. Las puertas de los camarines, abiertas. “Cuiden las medias”, gritaba la vestidora. “Qué querés”, le decían las bailarinas. “Me las enganché con esa escenografía horrible”. Un despelote muy divertido.

**Pablo Zunino**
**Página 3**




Sábado 20 de diciembre de 1997 | Espectáculos

Cómo leer la revista en los 90

Ricky Pashkus, director de la obra que sube al Maipo, quiere renovar el género

Ricky Pashkus es el director general de "Pinti canta las 40 y el Maipo cumple 90", que sube a escena a mediados de enero. De adolescente, el puestista y coreógrafo no fue un espectador asiduo del género revisteril, pero sí tiene la experiencia personal de haber trabajado como boy en "Las mil y una Nachas", otro intento, allá por los setenta, de renovar el género.

Buena parte del espectáculo pasa revista, de un modo u otro, a distintos momentos de la historia de la revista, a modos de poner coreografías y de montar los cuadros que fueron los característicos de cada época, en un mundo donde estaba impuesto que, si la vedette era rubia, las coristas tenían que tener el pelo de otro color.

-¿A qué fuentes recurrieron para reconstruir los distintos estilos?

-En el primer ensayo con toda la compañía le pedí a Enrique que se sentara y les contara a los bailarines la historia del género. Una clase bárbara, que sirvió para que entendieran qué esperábamos de ellos. Y también removí datos. De algunas cosas me acordaba, como de los ballets de televisión de Beatriz Ferrari y Pedro Sombra. Tenían estilos absolutos. Pero nunca había visto a Alfredo Alaria o a Nélida Roca. Cuando Lino Patalano tomó el Maipo hizo un video recopilando material de archivo. Y también vi el film "Blum", con Nélida Lobato. Fue muy interesante, por ejemplo, ver las publicidades televisivas del Maipo: jamás aparecía el cuerpo ni la cara de la vedette. Se daba a entender que, si querías conocer cómo era, tenías que ir al teatro.

-Ustedes tampoco están mostrando a la vedette. No da notas ni hace fotos antes del estreno.

-Hace unos pocos se le dio el OK definitivo a Laura Fidalgo. Puede que haya algo de jugar con el misterio, pero también hay una cuestión de cuidado, de no generar tantas expectativas que después se le terminen poniendo en contra. Tiene formación de bailarina clásica y siempre tuvo la inquietud de incluir la parte del show. Todavía estamos terminando de armarle los cuadros, porque la elección se hizo a partir de varias opciones.

-Buscaron vedettes por todas partes: en Gualeguaychú, en Cuba, en Europa, en Estados Unidos, aquí. ¿Por qué ninguna candidata los conformaba?

-Porque no tenían puesta la escena de la película, esa arquetípica en la que el productor se queda deslumbrado cuando por fin ve a la chica y dice "es ella". Éramos varios opinando: a veces era rechazo corporal, a veces era falta de condiciones, de look o de carisma. O era que el género no les cuajaba. Algunas lo dijeron directamente: "Todo bien, pero topless yo no hago". Que baile, que cante, que sea sexy: juntar todo eso es muy difícil.

-¿Cuál fue el criterio para montar coreografías a Pinti, que no es bailarín, y que es muy grandote?

-No es difícil hacerlo. Es muy rítmico y entiende enseguida, sabe coordinar la letra en forma automática con respecto al movimiento y tiene buena memoria corporal. Y virtudes técnicas: gira bien, es ágil y flexible. Por supuesto que hay cosas que no hace. Se trata de situarse en lo que el material está pidiendo. En primer lugar siempre están su gracia y su palabra.

-¿Cómo es la secuencia del espectáculo?

-Más o menos así: después de la obertura, donde él se refiere al público, hay un monólogo muy complejo. No es libre: narra la historia del género haciendo una comedia musical y tiene que ajustarse al ritmo de la música y del movimiento. Luego hay un número coreográfico en homenaje a los 90 años del Maipo, sigue un monólogo político y el primer acto cierra con otro cuadro de homenaje a la revista. En todo ese acto se desarrolla nuestra revisión, para después hacer nuestra propia revista, que es la que se desarrolla en el segundo acto: un cuadro erótico con desnudos, un número que se llama el "Argentinitas", sigue otro monólogo de Pinti y remate final.

La ficha técnica se completa con los siguientes nombres: Alberto Favero (música), Manuel González (vestuario), Enrique Bordolini (escenografía), Ariel del Mastro (iluminación) y letras de canciones de Favero y Elio Marchi, además de un numeroso cuerpo de baile.

Pablo Zunino

(Pie de foto) Pashkus multiplica sus brazos para actualizar un género difícil (Foto de Enrico Fantoni)

Broadway, con la mirada de Pinti

Ensayó seis semanas en Buenos Aires, estructuró los monólogos, se aprendió los bailes y las canciones y se fue -como todas las temporadas- a sus tradicionales vacaciones de fin de año en los Estados Unidos. Y dice que se llevó un master con la música de Alberto Favero para practicar.

Hasta el 30 de diciembre, cuando regrese para el tramo final del montaje, le quedarán unos cuantos días para seguir sacándose el gusto: como se sabe, Pinti es un consumidor compulsivo de espectáculos. Tres muestras de sus dones de espontáneo comentarista.

  • "Lo que más me sorprendió en Broadway fue 'The Life', una comedia musical sobre la época de oro de la prostitución en la Calle 42, en la década del setenta. Es una gran comedia musical. O, perfectamente, un gran melodrama. Los personajes parecen los del tango."

  • "Después vi 'El triunfo del amor', una adaptación del texto de Marivaux, muy bien hecha, con F. Murray Abraham, el Salieri de 'Amadeus'. Extraordinaria, una excelente puesta, una pequeña comedia musical, actualizada en cuanto a sus referencias originales."

  • "En cambio 'Titanic' es un plomazo, un pelotazo total. El barco es una maqueta horrible que no tiene sentido. Muy pesada, larga, estúpida, no te importa nada, querés que se hundan todos, no me interesó nada de lo que le pasaba a toda esa gente."

P. Z.

Una morocha muy misteriosa

Según lo decidido por la productora de Lino Patalano, previamente al estreno no habrá notas ni fotos con Laura Fidalgo que, luego de una larga búsqueda, fue elegida como la vedette del espectáculo. Tanto misterio, según los responsables del proyecto, apunta a preservarla de generar expectativas tan cuantiosas como para que se vuelvan en contra, aunque el método coincide con un viejo truco promocional que fue muy aplicado en épocas de oro del género: no mostrar a las nuevas figuras en las publicidades televisivas para que la gente tenga que ir a conocerla al teatro. Sea como fuere, todo lo que se sabe es que tiene 1,73 m de altura, es morocha y 93-64-100 son sus medidas.





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