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8/7/26

#ArchivoPIETRO: Critica a Los invertidos de Gonzalez Castillo dirigda por Homero Carpena (1969)

 


Critica a Los invertidos de Gonzalez Castillo dirigda por Homero Carpena (circa 1969)

LOS INVERTIDOS de J. González de Castillo. En el Liceo. Elenco: Héctor Méndez, Alba Castellanos, Oscar Casco, Haydée Larroca, Oscar Villa, Carlos Monet, Oscar Roy, entre otros. Escenografía: Francisco Reimundo. Dirección: Homero Cárpena.

*G.... Inversión de valores teatrales.

Un título equívoco, algunos nombres conocidos, un teatro disponible y detrás de todo ello, nada. Otra vuelta de tuerca sobre esta temporada veraniega que cada vez está más floja. Las interpretaciones, la escenografía, la dirección, en todo de acuerdo con la mediocridad relevante de la pieza. CONSEJO: Los lunes descansa la compañía. Ese es el mejor día... No se arrepentirá.


*Nota #ArchivoPIETRO: La critica apareció en la sección Teatro Guia de Revista Gente. La calificacion "G" era la mas baja, siendo "GENTE" la calificación mas alta. 




2/7/26

#ArchivoPIETRO: Maria Leal, Principita (circa 1995)

 


María Leal

Principita

Ella tiene el don de comunicarse con los chicos. Las "chancles" de Arturo Puig y las millones que la seguían por tevé todavía extrañan a la mucama de "¡Grande, Pá!". Ahora María, viuda y madre de dos hijos veinteañeros en la vida real, tiene la posibilidad de reencontrarse con sus seguidores en el "El Principito", una versión teatral del libro de Antoine de Saint-Exupéry. "Es un personaje acorde a mi talla: mido un metro cincuenta", dice María con sentido del humor. Para su papel, no dudó en cortarse el pelo. "No fue un sacrificio porque a los 48 tengo el mismo entusiasmo que cuando debuté en el teleteatro 'Simplemente María', hace casi treinta años."




28/6/26

#ArchivoiPIETRO: La casa de Carlos Perciavalle (1976)

 


VALE CINCO MIL MILLONES DE PESOS

LA CASA DE CARLOS PERCIAVALLE

En Laguna del Sauce, una zona rural de Montevideo, muy cerca, pero no tanto como para que la aturda su ruido, de Punta del Este. Un lugar donde los sauces se inclinan respetuosos de la belleza, de la que también ellos forman parte. Allí se levanta esta maravilla en la que, además, se puede vivir.

Fotos: ALDO ABACA

SOLICITA ESTE ARCHIVO DIGITALIZADO: BIBLIOTECALGTTB@GMAIL.COM 









20/6/26

#ArchivoPIETRO: Las recetas de Neil Simon no le sientan a Carmen Maura (1997)

 

E S P E C T Á C U L O S

Las recetas de Neil Simon no le sientan a Carmen Maura

La actriz española, con acento ibérico pero voseo porteño, no se luce del todo como protagonista de la comedia "Bienvenida a casa", del rey de Broadway.

BIENVENIDA A CASA (del original "Gingerbread Lady"), de Neil Simon. Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Con Carmen Maura, Gabriela Acher, Jorge Suárez, Erica Rivas, Pablo Cedrón y Francisco Pesqueira. Escenografía de Alberto Negrín. Luces: Jorge Pastorino. Vestuario: Mini Zuccheri. Asistente de dirección: Roberto Cánepa. Dirección general de Oscar Martínez. En la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza, Corrientes 1660, viernes a las 21, sábado a las 20.30 y 23 y domingo a las 21.


(Por Hilda Cabrera) En esta obra dramática con apariencia de historia verdadera, todo queda en familia y en la superficie. Es otro producto de las recetas del neoyorquino Neil Simon, que prescriben no demorarse demasiado en un tema, situación o estado de ánimo y matizar los conflictos –aun los más penosos– insertando algún gag o un retruécano, no importa si ingenioso o pavo. El tema es colocarlo en el momento oportuno para que suene a astucia. De ahí las frases "vino sentada en el taxi todo el camino", "en los años que te conozco nunca te vi la cara", "¡salí, me vas a desorientar las hormonas!", y "no estoy en pedo, no estoy en curda; estoy emocionada". Se trata de no cansar al espectador, no permitir que se adormezca en la butaca.

En ésta su segunda dirección (la primera fue Humores que matan, en el '96), Oscar Martínez respeta esos saltos, que los actores ejecutan aferrados a todo tipo de clichés y convenciones propias del teatro comercial. La saturación llega a su punto través de su personaje (un actor frustrado y "homosexual deprimido") conmovió a buena parte de la platea la noche del estreno para invitados y prensa con una desbordada representación de la angustia en que cae el actor ("joven promesa más vieja del teatro" por los continuos rechazos sufridos) al enterarse de que su papel fue entregado a otro. La secuencia permitió a Suárez (actor, entre otras obras, de Calígula y Volvió una noche) demostrar recursos que mostró su Ricky en la escena que abre el espectáculo, calco de la que el actor interpretó el año pasado en Trátala con cariño, de Oscar Viale.

En el polo opuesto a esa desmesura, la española Carmen Maura –que conserva aquí su acento pero adopta el voseo– languidece sin encontrarle el hilo a la Eva que regresa a la casa después de permanecer internada en una clínica de rehabilitación para alcohólicos. ¿Cómo creer en el desparpajo de esta ex cantante pop, trasplantada a la versión Meara del original ("la dama de jengibre") es en esta traslación una cupletista de cuarta a la que Maura no consigue hacer creíble. La admirada intérprete de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y de otros filmes de Pedro Almodóvar no logra aquello que es fundamental en el modelo instaurado por Simon: identificar al público con las aspiraciones y los fracasos de los personajes, sobre todo con esas torpezas mínimas que sirven de disparador a una sarta de gags para el autor de Perdidos en Yonkers.

Como los demás personajes de Bienvenida..., Eva se encuentra en un callejón sin salida, pero nadie en la platea sufre por ello. Los otros atrapados ("me agrada escribir acerca de gente atrapada", reconoció alguna vez Simon) tampoco resultan creíbles: la hija adolescente que intenta reconciliarse con su madre alcohólica y ninfómana, papel que encarna Erica Rivas (actriz en el televisivo De poeta y de loco), y el amante de Eva (Pablo Cedrón, actor en El caso Piniataro Sánchez en teatro y Modelos 90-60-90 en televisión). Completan el elenco Francisco Pesqueira (en una breve intervención) y la eficaz Gabriela Acher, en el papel de la elegante y pizpireta Gaby.

El conflicto emocional entre madre e hija –epicentro de esta comedia escrita en 1970– no es aquí retrato de nada, aun cuando se hable de compromiso entre una y otra. La convivencia familiar y conyugal es un tema legendario en Simon. Fue un hit en Descalzos en el parque, escrita en 1963, en una década en la que el off-off-Broadway (más radical que el simple off) surgía no sólo como reacción al concepto de que el arte es el producto de una sensibilidad única, universal, sino también como protesta a la industria del entretenimiento, de la que Simon es parte.

[Texto de la columna derecha, junto a las fotos]

Jorge Suárez, Gabriela Acher y Erica Rivas rodean a Carmen Maura, la estrella importada. La puesta de Oscar Martínez se aferra en demasía a los clichés del teatro comercial.

Pagina/12 - Sabado 5 de abril de 1997



Mejorada con Gemini IA



18/6/26

#ArchivoPIETRO: Emilio Disi "SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL"

 

Trasncripción de texto por Gemini IA

Emilio Disi, un actor que disfruta cuando la gente se divierte

"SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL" (circa 1989)

La sensación de permanente movimiento trasciende sus gestos. Emilio Disi, actor, productor, en fin "un hacedor de cosas", como él mismo se define, se manifiesta cabalmente a través de sus diversas actividades en el espectáculo.

No exenta de autocrítica, su palabra esconde, quizás, lo que todavía no encontró: alguien que le exija más.

—¿Por qué es tan difícil encontrarlo?
—No, no es tan difícil. Yo me tomo tiempo para mis amigos, para el deporte, para ocuparme de mí, entonces, no estoy casi nunca porque me estoy ocupando de las cosas que me gustan. Además, ante determinadas personas uno se pregunta, ¿qué tengo yo para decirle?

—Justamente yo también me venía preguntando. ¿De qué voy a hablar con Emilio Disi? ¿Usted trabaja por amor o por dinero?
—¿Cómo?

—Sí. ¿Trabaja por amor o por dinero?
—Yo trabajo porque me gusta. Empecé porque tenía vocación de actor.

—¿Y después?
—Después tuve la suerte de ser actor en una época en que esta profesión era redituable.

—Entonces, ¿ahora podría vivir de rentas?
—Yo no podría vivir sin hacer algo. Me aburriría como un loco, me sentiría mal. Soy un tipo que necesita hacer cosas. Desde que empecé en esto yo soy el que genera los espectáculos. La primera vez que me llamaron para hacer algo en televisión fue con Stress. Antes iba a los canales y decía: Tengo tal idea.

—Dígame: esta televisión maravillosa que los argentinos miramos, ¿es el resultado de una conspiración internacional o es producto de las puras fuerzas autóctonas?
—Si fuera tan pensada como usted dice, habría que darle el premio Nobel. Es imposible que una sola persona pueda inventar tanta basura, tanto desastre. Pero no quiero hablar mal de la televisión.

—Al contrario, hablemos bien. Nadie le reconoce a la televisión un valor incuestionable: ser una gran fuente de trabajo. Los índices de desocupación de la Argentina serían mucho más alarmantes sin televisión.

—Hoy se hacen más programas nacionales. Hay canales que tienen una sola serie extranjera por día.

—Entonces coincidimos. Si no sirve para otra cosa, por lo menos sirve para dar trabajo. Hay fábricas que uno no sabe qué fabrican y nadie las cuestiona.
—Si hablamos de televisión, nos tenemos que incluir nosotros, los que la hacemos.

—Usted dirá.
—Yo tengo la conciencia tranquila. El año pasado estuve haciendo un programa excelente. Fue una perlita dentro de la televisión argentina.

—Para un tipo con su "prontuario", ¿estaría para el Molière, el Oscar o el Martín Fierro?
—No, no sé si para el Molière, pero me rescato. Y mire que soy bastante humilde. No podría haber dicho lo mismo en otro caso.

—Tuvo suerte, Juan Carlos Mesa es un autor interesante. "Las hormigas" fue uno de los mejores programas: buen libro, buen elenco y muy buena onda. ¿Usted se divierte cuando trabaja?
—Sí, además, con Dorys nos gusta trabajar juntos.

—¿Y los contratan juntos?
—Siempre nos contratan juntos. Por otra parte, tratamos de estar juntos. Entre los dos generamos ideas. ¡En esta profesión si uno no se divierte, va al muere como loco!

—Y de la comedia que está haciendo en Mar del Plata, ¿qué me puede decir?
—¿Por qué me pregunta con cara de póquer? Mire: yo he aprendido que determinados espectáculos funcionan muy bien a pesar de que muchos entendidos hayan vaticinado que serían un fracaso, y también que otros espectáculos de los que se creía que tenían el éxito asegurado se caigan porque nadie va a verlos. En Mar del Plata nos va divinamente. Nos divertimos nosotros y se divierte el público, que nos apoya sin reservas.

—Quiere decir, entonces, que está conforme con la vida.
—Desde luego. No puedo quejarme para nada. Por otra parte, creo que ya he recibido suficientes cachetazos, y no estoy dispuesto a hacerme más mala sangre.

—¿Tiene alguna receta —posta— para pasarme?
—Cuando tengo algún problema...

—¿Actoral?
—Actoral o de cualquier tipo, hago lo siguiente: me duermo durante una hora y media y me levanto hecho otro. ¡Da unos resultados bárbaros! Hace ocho o diez años me dije: basta. ¡Chau!

—¿Qué le hizo clic?
—La muerte de mi viejo, que era el tipo más hermoso que había sobre la tierra. Ahí dije: basta. ¡Qué más me puede pasar!

—Para que usted pueda dormir una horita, debe de haber un equipo de gente que le solucione los problemas.
—Si cada uno hiciera bien su trabajo, la vida sería más fácil.

—¿Usted qué tal hace lo suyo?
—Estupendo. Yo lo mío lo cumplo. Saldrá mal o bien, pero lo cumplo. Soy cumplidor. Lo mío es hacer reír a la gente. Y no hay nada que me guste más en la vida. Cuando estoy en el escenario y escucho a la gente reír, me doy por satisfecho.

—No se enoja si le digo que usted más que un gran actor, parece un gran zafador. ¿Nunca se planteó algo más exigente?
—Yo soy un tipo que se lee 500 comedias por año. Leo todo. ¿Usted cree que es fácil conseguir comedias?

—Bueno, ese no es mi tema. Cuando voy al almacén yo no pido 200 gramos de comedias...
—¡Es que no hay! Ni en la Argentina ni en el mundo hay buenas comedias.

—Don Emilio, estoy hablando de un esfuercito de producción, de hacer todo un poquito más elaborado.
—Hace un tiempo me estaba mirando en un programa de TV y decía: "No puede ser que yo haga tantos gestos, tantas caras". Dije: "¡¡¡Basta!!! Voy a empezar de cero".

—¿Qué es empezar de cero para un tipo como usted?
—Decir no a un texto endeble para no tener que llenar el personaje de gestos que lo conviertan en una porquería. Entonces trato de no exagerar, de sacarme los tics. Es un replanteo: ¡Basta, basta! Me gustaría encontrar un director que me diga: "Esto no lo hagas así, no exageres, hacelo así". Yo salí del conservatorio, viví 8 años en el San Martín encerrado, haciendo todos los dramas habidos y por haber. Y me cansé.

—Para despedirnos, señor Emilio Roberto Parada, una autocrítica, por favor.
—Los actores argentinos hacemos un personaje detrás de otro, y en vez de meternos adentro del personaje, hacemos de nosotros mismos. Es un problema de comodidad. Si a la gente le gusta como soy, ¿para qué voy a cambiar? Y en vez de tirarse a la pileta, uno se va convirtiendo en la parodia de uno mismo. □

Any Ventura

Clarín Revista | Fundador: Roberto Noble | Directora: Ernestina Herrera de Noble | Edición Nº 15.421 | 3



17/6/26

#ArchivoPIETRO: Gerardo Romano a corazón abierto en el circo Romano (1996/1997)

 

Trancripción de texto por ChatGPT

CÁMARA INDISCRETA “A CORAZÓN ABIERTO”

En el circo Romano

Durante cien funciones Gerardo Romano se puso, literalmente, en la piel de los nueve personajes que habitan en su unipersonal “A corazón abierto”. Luego de cuatro meses, conquistó a los 43 mil espectadores que lo vieron. Como suele suceder con sus obras, la polémica no estuvo ausente. Hasta el mismísimo presidente de la Nación se quejó por el tono crítico de los textos. Tres de esos textos fueron escritos por él mismo. Los otros son de Jorge Guinzburg, Griselda Gambaro, José Pablo Feinmann, Atilio Veronelli, Claudio María Domínguez y Susana Torres Molina.

Marginales, prostitutas y chicos solitarios, todos sus personajes hablan de la discriminación. A los 50 años y con el corazón todavía abierto para el amor, Gerardo festejó el éxito con una comida mexicana y sus amigos más íntimos.

Epígrafes:

  • Gerardo interpreta nueve personajes, entre ellos, una “chica de la calle”
  • Romano, en plena transformación
  • Un brindis con agua mineral y entre amigos

(Foto: maquillaje caracterizando a Gerardo Romano para uno de los personajes del unipersonal).



#ArchivoPIETRO: EDDA DÍAZ: GASALLA JURO QUE NO ME DARIA MAS TRABAJO (1996)

 

TRANSCRIPCIÓN DE TEXTO CON GEMINI IA

 

EDDA DÍAZ: "GASALLA JURO QUE NO ME DARIA MAS TRABAJO"

1996, REVISTA AHORA 

Columna 1

Próxima a cumplir treinta años en el espectáculo, Edda Díaz —una de las precursoras del café concert, junto a Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle— volvió al género donde se hizo famosa interpretando delirantes y tiernos personajes. Desde hace pocos días, en la flamante sala Plateada del Tabarís protagoniza el music-hall "Haceme bolsa", con Sandy Brandauer y Rubén Celiberti. Su nombre, sin lugar a dudas, marca un capítulo fundamental en la historia del "show bussines" local.

—¿Qué pasa en la vida de un actor cuando no trabaja? —Una se pone mal. Cuando una actriz no trabaja —y yo hace un tiempito que no lo hago— vive de ilusiones… (risas). Te vas arreglando con tus ahorros, pero la plata se me está yendo. Con esta temporada teatral espero poder juntar algo de plata.

—¿Vivís con lo justo? —En los tiempos que corren, vivir con lo justo es un logro para un actor y para cualquier argentino.

—Hace dos años ganaste el ACE a la mejor actriz. ¿De qué sirven los premios? —Son una gratificación y un reconocimiento. Pero nada más.

—¿No sirven para pedir más dinero a la hora de firmar un contrato? —En Hollywood, un Oscar te puede hacer vender mejor. Pero la Argentina no es Estados Unidos.

—¿Qué pasa con vos y la televisión? —Eso quisiera saber yo.

Columna 2

Habría que preguntarles a los productores por qué no llaman a Edda Díaz.

—¿Tenés representante? —No. Me represento sola. Y eso es demoledor, porque no sirvo para venderme.

—¿Por qué? —Por mi ego. Yo soy una diva, una estrella que en el firmamento artístico brilla sola con destellos áureos… (carcajadas). Hablando en serio, no sirvo para ir a golpear puertas. Siempre me llamaron. Pero ahora no sé lo que pasa. Si la cosa sigue así, no sé lo que voy a hacer. A lo mejor un día, si los productores siguen sin acordarse de mí, voy a publicar en un diario: "Actriz con experiencia se ofrece para algún laburito". Pero no sería original, eso ya se le ocurrió a Bette Davis hace muchísimos años. A lo mejor hago una huelga de hambre o me ato al Obelisco.

—¿Qué pensás de la actual televisión? —No sabría qué responderte porque no la miro.

—¿No ves el programa de Antonio Gasalla? —No estoy viendo nada, te lo digo en serio. En los últimos meses me la pasé preparando este nuevo espectáculo. Pero estoy segura de que lo que hace Antonio tiene que ser bueno. El es muy talentoso.

—¿Gasalla no te convocó para trabajar? —Hay gente que no me quiere para trabajar. Antonio me dio oportunidades para promocionar mis espectáculos en su programa. Pero hace muchos años él se juró que conmigo no iba a trabajar nunca más. Esto no es una infidencia, porque en el libro

Columna 3 (Recuadro inferior)

de memorias de Enrique Pinti está escrito. Un día Antonio se cruzó con Enrique y le dijo: "Con Edda no quiero trabajar nunca más, porque si no siempre voy a ser el segundo". Carlos Perciavalle, en cambio, fue más generoso. Cuando tenía su programa, yo fui la única a la que dejó que tuviera un monólogo.

—Si un productor los convocara otra vez a los tres para hacer un espectáculo, ¿qué le dirías? —A mí me encantaría trabajar con los chicos. Pero eso es casi un imposible. Si nos volvemos a juntar sería un milagro.

Texto al pie de la foto central

Después del estreno de "Haceme bolsa", su nuevo music-hall, Edda Díaz afirma que el humorista no le permite participar en su programa: "Antonio le dijo a Pinti que si me dejaba actuar, siempre iba a ser mi segundo".

Columna 4

—Dorys Lessing, la famosa ensayista, alguna vez escribió que a los artistas que surgieron en la década del '60 nadie los pudo igualar…

—La nuestra fue una generación irrepetible. En los sesenta surgimos todos: Antonio, Carlos, yo, Marilú Marini, Nacha Guevara, Enrique Pinti, Les Luthiers… Los que surgimos en esa década sentíamos que desde nuestra trinchera íbamos a salvar el mundo.

—¿Y qué pasó con ese mundo? —Hace tres años me encontré en Salta con Virginia Lago. Con ella compartimos muchos sueños en aquellos días. En un momento nos miramos y nos pusimos a llorar. Cuando volvimos a mirarnos a los ojos nos dijimos: "¿Qué nos hicieron? ¿Qué nos pasó?". Me sorprende que ahora los de treinta años también dicen: "¿Qué nos hicieron?". Yo creo que no nos hicieron nada. Dios sabe por qué hace las cosas.

—¿Vos te identificás con los jóvenes que mostraba "Tango feroz"? —En los ideales, totalmente. Nosotros íbamos a cambiar el mundo. La generación del sesenta inventó el mito de la juventud. Nos hicimos un lugar. Teníamos el desparpajo y las ganas. Pero lamentablemente fallamos.

—¿Creés que la generación que hoy tiene veinte años puede tomar la posta que dejaron ustedes? —No esa posta, sino otra. Yo quisiera que los jóvenes, en vez de mirar con tanta nostalgia esa década, se proyectaran al 2000 o al 2020. No es bueno mirar para atrás. Ellos tienen que crear sus propios ídolos.

Columna 5

—En una generación que no tiene referentes a la vista, ¿sentís que el subcomandante Marcos es el "Che" Guevara de los '90? —Yo todavía creo en las utopías. Puede ser que Marcos sea el "Che" de los '90. Aunque México es como otro mundo. Es sinónimo de la revolución permanente. Ellos, quizá por la presión que tuvieron toda su vida de su vecino Estados Unidos, sueñan con un país justo donde no haya tanta miseria, donde el noventa por ciento de la población no viva en esa pobreza atroz. Los argentinos no tienen el amor por el país que poseen los mexicanos.

A. V.


16/6/26

#ArchivoPIETRO: Las Gambas Al Ajillo revelan las claves de humor en grupo "Somos felices cuando la gente se rie" (1989)


Las Gambas Al Ajillo revelan las claves de humor en grupo "Somos felices cuando la gente se rie"

Maria Jose Gabin / Laura Market  / Veronica Llinas  / Alejandra Flechner / Miguel Alonso Fernandez

Entrevista de Maria Esther Gilio 

Acceso a este archivo digital: bibliotecalgttb@gmail.com 




#ArchivoPIETRO: TAMARA una pasión porteña (1990)

 

Transcripción de texto con Gemini IA

pagina 1

TAMARA una pasión porteña

Una mansión ubicada en el barrio de San Telmo es el escenario de un acontecimiento singular: allí se representa la historia de amor entre Tamara de Lempicka y Gabriel D'Annunzio. Ella (pintora de gran fama y talento, musa del art decó) fue una mujer de vida fogosa y belleza devastadora, que cobra insospechada vigencia. Su única nieta vive en Buenos Aires y contribuye a reconstruir la historia de la artista.

(Pie de foto): Cira Caggiano caracterizada como Tamara de Lempicka —a quien representa en la obra recientemente estrenada en Buenos Aires— junto a Victoria Foxhall de Doporto, nieta de Tamara, quien ayudó a reconstruir la historia de la artista.

Columna 1

Cuando quiso representarse a sí misma lo hizo a bordo de un rutilante Bugatti verde, ceñido el pelo rubio por un casco y más audaz que nunca la mirada de sus ojos también verdes. Ese claro símbolo de apelación a la libertad, la arrogancia y la audacia, sintetiza la parábola vital de Tamara de Lempicka, una pintora de los años veinte que se convirtió por entonces en el ídolo de París. Su vida fue rica, tumultuosa, transgresora. Nacida en Varsovia entre fines del siglo diecinueve y comienzos del veinte, sus biógrafos nunca se pusieron del todo de acuerdo sobre su edad exacta (nació en 1898 o en 1902). "Siendo yo muy chica, Tamara se enojaba cada vez que le preguntaban cuántos años tenía", rememora ahora Victoria Foxhall de Doporto, nieta de la artista.

Pero más que la precisión cronológica importan los hechos puntuales. "Mi abuela fue una gran pintora, no una pintorcitas de moda", reivindica Victoria, quien vive en Buenos Aires.

El tiempo le ha dado la razón. Los cuadros de Tamara se encuentran representados en los más importantes museos del mundo —el Museo de Orleáns, el Petit Palais de Génova, el Museo Pompidou de París, entre otros— y una de sus obras acaba de alcanzar precios récords en Sotheby's de Nueva York, en cotizaciones que ya rozan el millón de dólares. Una vista de la reproducción de algunas de sus piezas permite vislumbrar los valores esenciales: los ricos volúmenes, la influencia cubista convenientemente decantada, el manierismo que cultivó durante sus largas estadas en Italia. Son notables los contrastes entre las actitudes de sus modelos (que parecen esculturas) y los accesorios exteriores que confirman el clima de lujo y voluptuosidad de la época. "Los hombres muestran trajes bien cortados, elegantes esmoquin, brillantes uniformes —señala el crítico Giancarlo Marmori—, mientras que las mujeres exhiben enormes escotes, guantes de gala, románticos sombreros." Tamara llega todavía más lejos e incluye toques geométricos que son la inevitable concesión al art decó, que habría de reconocerla como su máxima sacerdotisa. Pero además de una obra que fue trascendente, la muchacha nacida en Varsovia construyó otro personaje fundamental: ella misma. No dejó que nada la apartara de sus proyectos. A los quince años conoció a un aristócrata ruso: Tadeusz Lempicki, de quien se enamoró a primera vista. "Creo que fue el único hombre que realmente amó en su vida", asegura su nieta. El romance de Tamara Gorska (su apellido de soltera) y el capitán del ejército del zar terminó en boda. Se casaron en 1916 en plena guerra mundial y en 1917, al estallar la revolución rusa, Tadeusz cayó prisionero. Tras peripecias de todo tipo, su mujer consiguió su liberación. "Ella ayudó a ponerlo en libertad", comenta Victoria. "Después fueron parte de la gran comunidad de emigrados rusos y polacos que vivían en París, pero mi abuelo nunca se adaptó al medio ni consiguió insertarse en la sociedad de aquel tiempo."

El ruso nostálgico y derrotado poco tenía que ver con la personalidad enérgica de Tamara, que decidió seguir adelante con su propia vida. Estimulada por su hermana Adrianne, brillante arquitecta, empezó sus estudios de pintura con André Lothe y Maurice Denis. Representante número uno del art decó, que realizó su obra en la primera mitad del siglo, Tamara "se coloca fuera del tiempo a través de su arte", según considera Germain Bazin, ex curador de la Sección Pintura del Museo del Louvre (París). Pero esa obra "fuera del tiempo" incluye inmediatas referencias a los gustos de la época que explican su éxito. La gran trascendencia de Tamara abarca un período relativamente breve: la década que va entre los años 1925 y 1935, la de los años locos, la del furor del art decó que reemplaza con su geometría a los blandos diseños florales que fueran las características del art nouveau, su inmediato antecesor.

Amor en vivo y en directo

La residencia Bullrich, una mansión finisecular del barrio de San Telmo, fue el lugar elegido para reconstruir Il Vittoriale degli Italiani, que fuera el lujoso lugar de confinamiento del poeta D'Annunzio. La ambientación, a cargo del arquitecto Eduardo Morea, reconstruye el lujo barroco, a tono con la obra del escritor y pobló el lugar con preciosos muebles de maderas frutales y metros de telas suntuosas como rasos, brocados y terciopelos. En ese escenario rutilante tuvo lugar el galanteo de D'Annunzio hacia la bella artista que ella alternativamente estimuló y rechazó, aunque en cartas posteriores al poeta le hablaba de su amor y de la pasión que la hacía "arder" al recordarlo. En la obra de teatro, una aproximada reconstrucción, se desarrolla el episodio del encuentro entre D'Annunzio y Tamara de Lempicka con el trasfondo de otros hombres y otras mujeres enlazadas al mundo erótico-sentimental de D'Annunzio.

La obra, que se dio por primera vez en un Festival de Teatro en Canadá, no se sujeta al ritmo tradicional. La acción se va desarrollando en distintos cuartos de la casa y el público va siguiendo a su personaje o personajes preferidos en los distintos ambientes, lo que presupone distintas lecturas. O sea que cada persona tiene una visión distinta, según sea el protagonista elegido.

FIN Y PRINCIPIO

La relación con su marido está definitivamente rota y Tadeusz la dejará finalmente por otra mujer. Durante el intervalo, que duró hasta su segundo matrimonio con el barón Kuffner, la artista anudó infinitos amores. "Sin embargo —opone su nieta— pienso que esas historias de amor deben haber sido bastante insignificantes. Para ella el trabajo era la meta principal de su vida, pienso que debe de haber cerrado un poco la puerta al amor."

Fue su magnífico retrato del doctor Boucard (inventor del lacteol, una suerte de leche en polvo) el que la eleva definitivamente a la fama. El "Tout París" quiere ser retratado por Tamara, comienzan a desfilar por su estudio los personajes más prominentes de la época. La belleza y la elegancia de la artista pasan a ser proverbiales, alrededor de ella las personalidades "evolucionan como planetas alrededor del sol", según describió un crítico de la época. Sus vestidos, sus ojos, sus joyas, sus largas manos terminadas en larguísimas uñas rojas, impactan por igual a hombres y mujeres.

En plena gloria viaja a Italia. Quería vincularse con el conde Emmanuel Castelbarco, dueño de la Galería Bottegia di Poesía de Milán. Empieza a exponer, la sociedad italiana sucumbe ante su encanto, los aristócratas piden ser retratados por ella. Cuando la conoce el famoso escritor Gabriel D'Annunzio, el flechazo es instantáneo. Compra todos sus cuadros y le pide se traslade al Palacio del Vittoriale, un suntuoso refugio al que lo confinara Benito Mussolini, para ser también pintado por ella.

LA HISTORIA DE UN AMOR

Allí empieza una historia de amor, de atracciones y rechazos, que sirve de base a la pieza Tamara, que ahora se está presentando en Buenos Aires.

"La obra —dicen Carlos Furnaro y Pablo Sodor, productores de la puesta argentina— se dio por primera vez en Canadá. Fue escrita por John Krizanc, que tomó la visita que Tamara hizo a D'Annunzio en su palacio Vittoriale para urdir una atractiva trama.

Las contingencias de la relación entre la pintora y el escritor, ya decadente, admiten varias lecturas. La actriz Cira Caggiano, que encarna a Tamara, se atreve a conjeturar que aquella pudo haber sido una historia de encuentros y desencuentros. "Claro que para Tamara debe haber sido importante sentirse cortejada por D'Annunzio,



pagina 2

era un escritor famoso, amado por las mujeres más importantes de la época. Pero también hubo un rechazo, ella era una mujer fuerte y no quería ser destruida por él como le había sucedido a tantas otras.” Tamara quiere demostrar que es capaz de resistirse a un hombre como D’Annunzio. Y huye del Vittoriale sin pintar su retrato. Pero el sentimiento persiste. Desde París le escribe cartas apasionadas. “Usted dice: yo sé que pensar en mí la hace arder. En efecto, ardo, ardo, ardo.” Pero agrega también. “Por el momento no pienso ir al Vittoriale.” El amor no lle-ga a consumarse y Tamara admite muchos años más tarde: “No debía haberme negado”.

No vuelven a verse. En 1933 Tamara de Lempicka contrae matrimonio con el barón Raoul de Kauffner, dueño de ricas posesiones en Austria y Hungría. En uno de sus rasgos de carácter y audacia, persuade a su esposo que venda sus bienes y deposite el dinero en Suiza y en los Estados Unidos. La decisión es sabia: cuando el nazismo empieza a levantarse en Alemania, los Kauffner ya están instalados en los Estados Unidos, a salvo de los 

zarpazos del terror. Viven un tiempo en Hollywood, donde compran una casa que había pertenecido al director King Vidor, se relacionan con las estrellas de la época como Dolores del Río, Tyrone Power, Greta Garbo. A pesar de su conocida frivolidad, en los años cuarenta Tamara ofrece uno de sus cuadros a la Asociación Freedom Speak, de luchadores por la libertad. El mismo año organiza una fiesta de beneficencia para la British American Ambulance Corps. Pero el drama no era su estilo. Prefería más las fiestas fastuosas y extravagantes, los vestidos firmados por los grandes de la época y disfrutar de todo lo que ofrecía la vida.


PALIDO FINAL

El art decó dejó de interesar y la gloria de pintora de Tamara empalideció. Siguió siendo audaz, extravagante, todavía bella. Cuando su marido murió, en 1962, el golpe fue muy rudo para ella. En busca de afecto visitó a su hija Kizette, perpetuada en tantos cuadros. Entabló una buena relación con su nieta Victoria. “Lo nuestro iba más allá del vínculo familiar. Para mí, una chica que vivía en Texas, un lugar casi provinciano, la abuela era una imagen llegada de otro mundo. Me llevó a Europa, me hizo conocer los museos.”

Los años transcurren, implacables. Tamara intenta volver a pintar los viejos temas, pero ya no le responden la vista ni las manos, que inician un leve temblor. Siempre maquillada y enjoyada, conoció al escultor mexicano Víctor Manuel Contreras, cuarenta años más joven que ella, quien se convirtió en su última compañía. Él asegura que siguió tomando champaña hasta casi el último minuto de su vida, cuando era ya casi una caricatura de sí misma. Pidió que sus cenizas fueran esparcidas sobre el volcán Popocatepetl como en un misterioso rito azteca. Fue Contreras el encargado de cumplir su última voluntad.

En la obra teatral que la evoca, Tamara de Lempicka vuelve a estar misteriosamente viva. Queda para siempre en el misterio, el juego de atracciones y rechazos que la unió y la separó de D’Annunzio. Mientras las sombras caen sobre el luminoso piso de Belgrano donde entre recortes y fotografías Victoria Foxhall de Doporto acaba de evocar al querible fantasma de su abuela, dice casi para sí misma: “Él la llamó la ‘Donna d’oro’; creo que es un misterio el sentimiento que D’Annunzio despertó en ella. Pero sé que la prenda de amor que él le regaló –un anillo pesado de plata y topacio para ser usado por una mujer fuerte–, permaneció en la mano de Tamara hasta el mismo día de su muerte. Ella tenía muchas joyas, pero me atrevería a decir que fue la alhaja que más quiso. Siempre elogiaba el gesto más romántico de él: cuando al mando de una pequeña escuadrilla que había montado voló sobre el Fiume y la Venecia Giulia arrojando volantes en los que reclamaba que esas regiones volvieran a anexarse a Italia”.

Durante largos años, las sombras envolvieron la figura de Tamara de Lempicka. Había que llegar a 1972 para que la Galería de Luxemburgo organizara en París una retrospectiva de la obra de la artista para que la atención del mundo se volcara otra vez sobre ella. Empezaron a revalorizarla libros y piezas de teatro y el mundo supo, otra vez, que Tamara de Lempicka existía. Hoy vive en Buenos Aires. $\square$

Diana Castelar

Fotos: Alejandro Cherniavsky



12/6/26

Archivos Reciclados: La improvisación por Florencio Parravicini y otros rescates

 


Archivos Reciclados: Son esos archivos físicos a los que les hago un scan antes de arrojarlos a la basura!

Las razones de descarte son muchas y diversas. En algunos casos es probable que no tenga ni la fuente ni la fecha ya que son paginas sueltas que guarde en algún momento de la vida. 

La razones para compartilos, también. Porque habrá un momento donde las Fuentes van a ser cada vez mas dudosas. Incluso en el futuro alguien podría pensar que el scaneo que comparto fue creado con IA. 

MAS ARCHIVOS RECICLADOS DESDE EL SIGUIENTE LINK: https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/Archivos%20Reciclados


Transcripciones de texto realizadas con Gemini IA

TEATRO
LA OPINION ◼ Sábado 3 de abril de 1976
En el año de su centenario se evoca a Florencio Parravicini, enigmático monstruo sagrado de la escena nacional

La improvisación

"Una demostración práctica de la utilidad que para el actor tiene la inventiva, es el hecho que voy a relatarles: don Manuel de la Vega, un artista del teatro español de hace cincuenta años, tenía que leer en escena una carta de capital importancia para el desarrollo de la obra. La noche del estreno sale a escena un criado y le entrega la carta diciéndole: "Un propio me ha entregado esta misiva para el señor". Don Manuel abre el sobre, desdobla la carta y con gran sorpresa ve que en ella no hay nada escrito. ¿Qué había pasado? Que el traspunte equivocó el sobre y le entregó un papel en blanco. Don Manuel, que por sus años estaba un poco sordo y no oía al apuntador, sin inmutarse buscó en sus bolsillos los anteojos y simulando no encontrarlos le pasó la carta al galán diciéndole: 'Léela tú, que yo no sé dónde he metido mis anteojos'. El pobre galán, abriendo la carta y aún más los oídos, simuló leerla, repitiendo el texto que el apuntador le dictaba. ¿Qué fue lo que salvó esta grave situación? ¿El método? ¡No! La salvó la ingeniosa inventiva de un actor".

"Sucedió en Madrid la noche del estreno de Fruta Picada, de mi llorado amigo, el gran escritor Enrique García Velloso. Luego de terminar la representación con un éxito clamoroso, el público me pidió que recitara un monólogo, a lo cual accedí gustoso interpretando tres; pero como seguían pidiendo más e iba a ser de nunca acabar, para salir del paso les dije: 'Deseo a mi paso por España dejar algo más sólido y útil que una obra y tres monólogos. Así que les comunico que encontré la forma de resolver el conflicto existente entre la Municipalidad y el pueblo por el pago de un impuesto. Por consiguiente, el premio de 30.000 pesetas ofrecido por la comuna al que encontrara la solución me lo habré ganado yo'. Un espectador que se lo tomó en serio me gritó desde lo alto de la galería: '¡El premio no puede ser otorgado a un extranjero!'. Esto me desconcertó pero nada más que unos instantes pues recobrando mi serenidad le contesté: 'Lo siento por usted a quien se debe referir eso que ha dicho. Porque yo soy argentino y un argentino en España no es un extranjero puesto que está en casa de su madre'. Jamás en mi vida se me tributó una ovación más grande y emocionante".

"Sánchez Gardel, el celebrado autor de La montaña de las brujas, que me dispensaba cierta ojeriza por mis diabluras escénicas, no pudo menos que darme la razón al confiarme el estreno de su obra La vendimia. Durante la noche del estreno, el público denotaba cierto cansancio por las largas tiradas líricas y mi breve actuación como paisano borracho. Así las cosas, ya sobre el fin del primer acto, mi pituitaria de actor me trajo 'olor a quemado', es decir que se avecinaba la debacle. Estaba en escena un gaucho viejo hablando a solas, y en puerta la tormenta. Fue entonces cuando, en repentina inspiración, salí a escena recordando una frase que se había hecho popular en La montaña de las brujas dicha en forma magistral por Pablo Podestá: 'Tata, yo soy el cóndor'. Y yo aparecí figurando estar completamente borracho y agitando los brazos a manera de alas, como lo hacía aquel gran intérprete, y grité: '¡Tata, tata! ¡Yo soy la uva!". Y terminó el primer acto con un coro de carcajadas y aplausos, porque el público quería verme así, arbitrario y sorpresivo, bromista y chacotón".

"Porque lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado, es lo que verdaderamente juega en mí un papel preponderante, que me ha hecho sacar partido de situaciones apenas abocetadas, y en las que mi intuición descubría ricos filones para la comicidad; y con esa modalidad he recogido grandes satisfacciones, al provocar éxitos de manera imprevista".

Florencio Parravicini Copyright La Opinión, 1976


Frente al estreno de “Parra”, esta noche

¿Qué se ocultaba tras la máscara mefistofélica, acaso excesivamente maquillada, de Florencio Parravicini? Un notable, irreprimible histrión; un caballero elegante, mordaz y escéptico, cuya verde fama trataba de refrescar la de su antepasado, Jacobo Casanova de Seingalt; un hombre triste, en perpetua huida de todo porque nada lo satisfacía; un payaso capaz de estropear cualquier texto y de reducir a la nada, a fuerza de improvisar y de imponer sus arbitrariedades, las labores de sus compañeros de escena. Las respuestas al enigma Parravicini son tan múltiples como su personalidad: actor, autor, deportista, hombre de mundo, marino, inventor de ocurrencias las más de las veces picantes; concejal de la ciudad de Buenos Aires.

No ha de ser casual que en el año de su centenario (nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1876, hijo menor del coronel Reinaldo Parravicini y de Rafaela Romero Cazón), se estrene una pieza -Parra, por el sobrenombre con que cariñosamente lo apodaba todo el mundo- evocadora de este hombre de teatro que tanto prestigio alcanzó y que dejó tras de sí una leyenda inagotable. Desde hace por lo menos un lustro se viene hablando de la posibilidad de resucitar a Parra en escena. Hubo un proyecto de Luis Pico Estrada y Miguel Coronado Paz (h), y otro de David Viñas. Este ha sido el que el director Luis Macchi tal como lo explicó en La Opinión del 9 de marzo último, ha tomado como base para la obra que esta noche se presenta en el Ateneo, con interpretación principal de Pepe Soriano.

Soriano ha preferido no abordar la improbable tarea (sólo reservada a un Narciso Ibáñez Menta) de caracterizarse de Parravicini; cualquier intento en ese sentido no pasaría de presentar una máscara inerte. Por el contrario, el actor "a cara limpia" tiene muchas más probabilidades de encarnar mediúmnicamente al hombre que hizo reír a tres generaciones de compatriotas, y también a los españoles. Los medios por los cuales se obtuvo esa risa, fueron tal vez discutibles. A Parra no podía pedírsele que estudiara un texto a fondo, que lo desentrañara, o que lo enriqueciera con nada que no fuese una formidable intuición escénica, picardía criolla y una vena muy particular para el doble sentido. Por eso, al convertirse en el capocómico por excelencia del teatro argentino, le infligió a ese teatro, sin quererlo, un grave daño. Parravicini y, entre otros, Orfilia Rico, impusieron en la escena nacional un tipo de personalidad dominante, absoluta, alrededor de la cual giraba todo, desde la pieza -que necesariamente debía exaltar y enmarcar a ese actor excluyente, proporcionándole los medios de ejercitar con plenitud sus gracias- hasta el elenco, a menudo mediocre.

Parravicini era tan consciente de esa su condición que, en una charla pronunciada el 4 de julio de 1938 en el Instituto Nacional de Estudios de Teatro en el Cervantes, la glorificaba abiertamente, incluyéndose, por supuesto, en el grupo de aquellos privilegiados que sólo pueden crear en el juego de "lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado". Tiene la honestidad, sin embargo, de no recomendar su método a los actores jóvenes, "porque ello podría ocasionarles graves disgustos. Es lo mismo que imaginarse que todos los que cantan podrían hacerlo en la forma maravillosa en que lo hacía el eximio tenor Enrique Caruso". Más adelante, en la misma charla, elogia al cine como clave de interpretaciones "perfectas", inamovibles. Es que Parra intervino en muchos films. En la época muda, Hasta después de muerta, Tierra argentina, Dios te bendiga, Por mi bandera. En la sonora, Los muchachos de antes no usaban gomina (1937); Melgarejo (1937; de la pieza homónima de la que era autor); Tres anclados en París (1938), La vida es un tango y Margarita, Armando y su padre (1939), y Carnaval de antaño (1940), todos ellos dirigidos por Manuel Romero, con excepción de Margarita, Armando y su padre, que es de Francisco Mugica.

Florencio Parravicini se disparó un tiro en la sien, en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1941. Su viuda, Sara Piñero, lo sobrevivió hasta hace poco. E. S. Copyright La Opinión, 1976

Retrato de un hombre

El novelista español Eduardo Zamacois hizo un retrato de Parravicini que valdrá la pena releer.

"De estatura más que mediana, recio, ágil; tiene el cuello vigoroso y una frente pánica, ancha y cargada de instintos. La nariz aguileña y fuerte, los labios sin ilusión, el mentón redondo, lleno de voluntad, componen un interesante perfil florentino, bello, triste. Y luego, en la melancolía color cera del rostro, apoyando la expresión mefistofélica de las cejas finas y dirigidas hacia arriba, aparecen los ojos, pequeños, verdosos, de expresión imborrable; ojos de ajenjo que recuerdan la alegría del terrible brebaje que enloquece a Europa: ojos inteligentes, astutos, sinceros, burlones, que son una delicia, porque disueltos en un cristal tiñen constantemente una lágrima y una ironía; ojos en fin, que retratan todo el alma triste y cordial de este comediante caballero, sacerdote insigne del buen humor y gran príncipe de la risa, a quien todos sus íntimos han visto llorar".

César Tiempo, en la semblanza que le dedicó en la colección La Historia Popular, del Centro Editor, recuerda los rasgos íntimos del capocómico: el recato en el que mantuvo su felicidad doméstica, de la que pocos sabían, fuera del círculo de sus íntimos, en contraste con la vida de aventuras que popularmente se le atribuían y su generosidad "Aun en los momentos de mayores dificultades económicas, cuando lograba reunirse con algunos pesos no tardaba en compartirlos con sus camaradas".

Escuela de Mimo

Se halla abierta la inscripción para el ingreso de los Grupos de Estudio sobre Mimo Contemporáneo que se desarrollarán en la Escuela de Mimo Contemporáneo de Alberto Sava. Los interesados pueden dirigirse a Peña 2816 los días lunes, martes y jueves de 19.30 a 20.30 horas



Cara contraria de la pagina que transcribí. 






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