Archivos Reciclados: Son esos archivos físicos a los que les hago un scan antes de arrojarlos a la basura!
Las razones de descarte son muchas y diversas. En algunos casos es probable que no tenga ni la fuente ni la fecha ya que son paginas sueltas que guarde en algún momento de la vida.
La razones para compartilos, también. Porque habrá un momento donde las Fuentes van a ser cada vez mas dudosas. Incluso en el futuro alguien podría pensar que el scaneo que comparto fue creado con IA.
MAS ARCHIVOS RECICLADOS DESDE EL SIGUIENTE LINK: https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/Archivos%20Reciclados
Transcripciones de texto realizadas con Gemini IA
La improvisación
"Una demostración práctica de la utilidad que para el actor tiene la inventiva, es el hecho que voy a relatarles: don Manuel de la Vega, un artista del teatro español de hace cincuenta años, tenía que leer en escena una carta de capital importancia para el desarrollo de la obra. La noche del estreno sale a escena un criado y le entrega la carta diciéndole: "Un propio me ha entregado esta misiva para el señor". Don Manuel abre el sobre, desdobla la carta y con gran sorpresa ve que en ella no hay nada escrito. ¿Qué había pasado? Que el traspunte equivocó el sobre y le entregó un papel en blanco. Don Manuel, que por sus años estaba un poco sordo y no oía al apuntador, sin inmutarse buscó en sus bolsillos los anteojos y simulando no encontrarlos le pasó la carta al galán diciéndole: 'Léela tú, que yo no sé dónde he metido mis anteojos'. El pobre galán, abriendo la carta y aún más los oídos, simuló leerla, repitiendo el texto que el apuntador le dictaba. ¿Qué fue lo que salvó esta grave situación? ¿El método? ¡No! La salvó la ingeniosa inventiva de un actor".
"Sucedió en Madrid la noche del estreno de Fruta Picada, de mi llorado amigo, el gran escritor Enrique García Velloso. Luego de terminar la representación con un éxito clamoroso, el público me pidió que recitara un monólogo, a lo cual accedí gustoso interpretando tres; pero como seguían pidiendo más e iba a ser de nunca acabar, para salir del paso les dije: 'Deseo a mi paso por España dejar algo más sólido y útil que una obra y tres monólogos. Así que les comunico que encontré la forma de resolver el conflicto existente entre la Municipalidad y el pueblo por el pago de un impuesto. Por consiguiente, el premio de 30.000 pesetas ofrecido por la comuna al que encontrara la solución me lo habré ganado yo'. Un espectador que se lo tomó en serio me gritó desde lo alto de la galería: '¡El premio no puede ser otorgado a un extranjero!'. Esto me desconcertó pero nada más que unos instantes pues recobrando mi serenidad le contesté: 'Lo siento por usted a quien se debe referir eso que ha dicho. Porque yo soy argentino y un argentino en España no es un extranjero puesto que está en casa de su madre'. Jamás en mi vida se me tributó una ovación más grande y emocionante".
"Sánchez Gardel, el celebrado autor de La montaña de las brujas, que me dispensaba cierta ojeriza por mis diabluras escénicas, no pudo menos que darme la razón al confiarme el estreno de su obra La vendimia. Durante la noche del estreno, el público denotaba cierto cansancio por las largas tiradas líricas y mi breve actuación como paisano borracho. Así las cosas, ya sobre el fin del primer acto, mi pituitaria de actor me trajo 'olor a quemado', es decir que se avecinaba la debacle. Estaba en escena un gaucho viejo hablando a solas, y en puerta la tormenta. Fue entonces cuando, en repentina inspiración, salí a escena recordando una frase que se había hecho popular en La montaña de las brujas dicha en forma magistral por Pablo Podestá: 'Tata, yo soy el cóndor'. Y yo aparecí figurando estar completamente borracho y agitando los brazos a manera de alas, como lo hacía aquel gran intérprete, y grité: '¡Tata, tata! ¡Yo soy la uva!". Y terminó el primer acto con un coro de carcajadas y aplausos, porque el público quería verme así, arbitrario y sorpresivo, bromista y chacotón".
"Porque lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado, es lo que verdaderamente juega en mí un papel preponderante, que me ha hecho sacar partido de situaciones apenas abocetadas, y en las que mi intuición descubría ricos filones para la comicidad; y con esa modalidad he recogido grandes satisfacciones, al provocar éxitos de manera imprevista".
Florencio Parravicini Copyright La Opinión, 1976
Frente al estreno de “Parra”, esta noche
¿Qué se ocultaba tras la máscara mefistofélica, acaso excesivamente maquillada, de Florencio Parravicini? Un notable, irreprimible histrión; un caballero elegante, mordaz y escéptico, cuya verde fama trataba de refrescar la de su antepasado, Jacobo Casanova de Seingalt; un hombre triste, en perpetua huida de todo porque nada lo satisfacía; un payaso capaz de estropear cualquier texto y de reducir a la nada, a fuerza de improvisar y de imponer sus arbitrariedades, las labores de sus compañeros de escena. Las respuestas al enigma Parravicini son tan múltiples como su personalidad: actor, autor, deportista, hombre de mundo, marino, inventor de ocurrencias las más de las veces picantes; concejal de la ciudad de Buenos Aires.
No ha de ser casual que en el año de su centenario (nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1876, hijo menor del coronel Reinaldo Parravicini y de Rafaela Romero Cazón), se estrene una pieza -Parra, por el sobrenombre con que cariñosamente lo apodaba todo el mundo- evocadora de este hombre de teatro que tanto prestigio alcanzó y que dejó tras de sí una leyenda inagotable. Desde hace por lo menos un lustro se viene hablando de la posibilidad de resucitar a Parra en escena. Hubo un proyecto de Luis Pico Estrada y Miguel Coronado Paz (h), y otro de David Viñas. Este ha sido el que el director Luis Macchi tal como lo explicó en La Opinión del 9 de marzo último, ha tomado como base para la obra que esta noche se presenta en el Ateneo, con interpretación principal de Pepe Soriano.
Soriano ha preferido no abordar la improbable tarea (sólo reservada a un Narciso Ibáñez Menta) de caracterizarse de Parravicini; cualquier intento en ese sentido no pasaría de presentar una máscara inerte. Por el contrario, el actor "a cara limpia" tiene muchas más probabilidades de encarnar mediúmnicamente al hombre que hizo reír a tres generaciones de compatriotas, y también a los españoles. Los medios por los cuales se obtuvo esa risa, fueron tal vez discutibles. A Parra no podía pedírsele que estudiara un texto a fondo, que lo desentrañara, o que lo enriqueciera con nada que no fuese una formidable intuición escénica, picardía criolla y una vena muy particular para el doble sentido. Por eso, al convertirse en el capocómico por excelencia del teatro argentino, le infligió a ese teatro, sin quererlo, un grave daño. Parravicini y, entre otros, Orfilia Rico, impusieron en la escena nacional un tipo de personalidad dominante, absoluta, alrededor de la cual giraba todo, desde la pieza -que necesariamente debía exaltar y enmarcar a ese actor excluyente, proporcionándole los medios de ejercitar con plenitud sus gracias- hasta el elenco, a menudo mediocre.
Parravicini era tan consciente de esa su condición que, en una charla pronunciada el 4 de julio de 1938 en el Instituto Nacional de Estudios de Teatro en el Cervantes, la glorificaba abiertamente, incluyéndose, por supuesto, en el grupo de aquellos privilegiados que sólo pueden crear en el juego de "lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado". Tiene la honestidad, sin embargo, de no recomendar su método a los actores jóvenes, "porque ello podría ocasionarles graves disgustos. Es lo mismo que imaginarse que todos los que cantan podrían hacerlo en la forma maravillosa en que lo hacía el eximio tenor Enrique Caruso". Más adelante, en la misma charla, elogia al cine como clave de interpretaciones "perfectas", inamovibles. Es que Parra intervino en muchos films. En la época muda, Hasta después de muerta, Tierra argentina, Dios te bendiga, Por mi bandera. En la sonora, Los muchachos de antes no usaban gomina (1937); Melgarejo (1937; de la pieza homónima de la que era autor); Tres anclados en París (1938), La vida es un tango y Margarita, Armando y su padre (1939), y Carnaval de antaño (1940), todos ellos dirigidos por Manuel Romero, con excepción de Margarita, Armando y su padre, que es de Francisco Mugica.
Florencio Parravicini se disparó un tiro en la sien, en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1941. Su viuda, Sara Piñero, lo sobrevivió hasta hace poco. E. S. Copyright La Opinión, 1976
Retrato de un hombre
El novelista español Eduardo Zamacois hizo un retrato de Parravicini que valdrá la pena releer.
"De estatura más que mediana, recio, ágil; tiene el cuello vigoroso y una frente pánica, ancha y cargada de instintos. La nariz aguileña y fuerte, los labios sin ilusión, el mentón redondo, lleno de voluntad, componen un interesante perfil florentino, bello, triste. Y luego, en la melancolía color cera del rostro, apoyando la expresión mefistofélica de las cejas finas y dirigidas hacia arriba, aparecen los ojos, pequeños, verdosos, de expresión imborrable; ojos de ajenjo que recuerdan la alegría del terrible brebaje que enloquece a Europa: ojos inteligentes, astutos, sinceros, burlones, que son una delicia, porque disueltos en un cristal tiñen constantemente una lágrima y una ironía; ojos en fin, que retratan todo el alma triste y cordial de este comediante caballero, sacerdote insigne del buen humor y gran príncipe de la risa, a quien todos sus íntimos han visto llorar".
César Tiempo, en la semblanza que le dedicó en la colección La Historia Popular, del Centro Editor, recuerda los rasgos íntimos del capocómico: el recato en el que mantuvo su felicidad doméstica, de la que pocos sabían, fuera del círculo de sus íntimos, en contraste con la vida de aventuras que popularmente se le atribuían y su generosidad "Aun en los momentos de mayores dificultades económicas, cuando lograba reunirse con algunos pesos no tardaba en compartirlos con sus camaradas".
Escuela de Mimo
Se halla abierta la inscripción para el ingreso de los Grupos de Estudio sobre Mimo Contemporáneo que se desarrollarán en la Escuela de Mimo Contemporáneo de Alberto Sava. Los interesados pueden dirigirse a Peña 2816 los días lunes, martes y jueves de 19.30 a 20.30 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario