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9/7/26

Archivos Incompletos: Roberto Galan "Yo llevé más gente que Locche o Perón"

   ¿Qué son los ARCHIVOS INCOMPLETOS?

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que lo el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. O tal vez, encuentro algún recorte curioso, que elijo dejar aquí como en una capsula del tiempo mas allá de que me interese o no. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.


EN ESTA ENTREGA: Roberto Galan

Trasncripción Gemini IA


A DE ROBERTO GALAN

circa 1968/1969

—No, el ataque siempre es sobre el éxito. Si mi programa no tuviera éxito, nadie se ocuparía de él. Pero los ataques ya no me preocupan. Mi mayor preocupación son las innovaciones, las mejoras que pueda introducir en el programa. Cada día le agregamos una cosa más, le damos una imagen clara, sana, buena, pura. Así nos va bien.

—Tampoco le preocupa la opinión de psicólogos y sociólogos sobre el fenómeno de Si lo sabe, cante? —En absoluto. No me interesa lo que diga un señor que por el hecho de tener colgado en su casa un diploma de psicólogo o sociólogo se crea con derecho a analizarme. A mí me importa lo que dice la gente capaz, la gente sensata. Me interesa lo que dice el pueblo, que nunca se equivoca. En cambio, hay cada sociólogo y cada psicólogo...

—¿Usted se psicoanaliza? —No, no tengo por qué psicoanalizarme. El mejor psicoanalista soy yo. Yo sé cuándo estuve bien y cuándo mal; soy un autocrítico y un rebelde para conmigo mismo. Me da mucha rabia cuando las cosas me salen mal. Aborrezco a los engreídos, a los que se complican la vida con pedanterías. Me gusta la gente sencilla, humilde, simple, recta. Eso, fundamentalmente recta.

—¿Tampoco acepta que le den consejos? —Soy un hombre a quien no le gustan mucho los consejos. Los oigo, no los atiendo, pero recapitulo y después los aplico. No creo, por principio, que ninguna persona pueda darme consejos atinados. Y como las cosas siempre me han ido bien aconsejándome yo solo, tomo a la vida como mi gran consejera.

—Si usted no fuera Roberto Galán, y tuviera que asumir el rol de uno de los jurados encargados de otorgar los premios Martín Fierro, ¿entregaría uno de ellos a Si lo sabe, cante? —Tendría que analizarlo mucho, ponerme en la vereda de enfrente y ver si el señor Galán me resulta o no simpático, ver si realmente lo merece, qué sé yo. Pero le advierto que me tiene totalmetne sin cuidado si me dan o no ese premio. Para mí sería un gran honor recibirlo, pero si no me lo dan, seguiré trabajando como siempre. Mi mejor Martín Fierro es el apoyo del público.

—¿Usted mide ese apoyo solamente por el rating? —No, me baso en los hechos. La vez pasada, en Mendoza, 200 mil personas se volcaron en las calles de la ciudad para homenajearme a mí y a mi programa. Según me informaron, fue el recibimiento más apoteótico de que se tenga memoria, luego del tributado a Perón y a Locche. El mismo Locche admitió que yo llevé más gente que él mismo y que Perón.

—¿Le interesa mucho el interior del país, el campo? —A mí el campo me apasiona, aunque nunca pude hacer más que una salidita o dos a caballo, en la estancia de un amigo. También me gusta arrear hacienda.

—¿Es cierto que admira a Rosas? —Sí, me interesa mucho su figura, pero no para meterme en polémicas. Admiro a Rosas, como a Napoleón, por lo que hizo, por las cosas que dejó. Aunque algunos lo califiquen de tirano, su figura tiene valor.

—¿Por qué le interesa la vida de Napoleón? —Bueno, Napoleón me fascina. Cuando estuve en París, me pasaba días enteros en el Museo del Ejército hurgueteando las pertenencias del gran corso, sus uniformes, sus libros. Yo leí mucho sobre su vida. En cierto modo, tiene algo en común con Rosas: su egolatría, su demagogia, el sentido popular que dio a su mandato. Son dos tipos deslumbrantes, fuertes, de carácter firme. No sé, pero me gustan los tipos que triunfan.

—¿Se preocupa por la guerra de Vietnam?

—¡No! La guerra de Vietnam ya me tiene aburrido. Y más me aburre y me fastidia el hecho de que todos los diarios y radios se ocupen tanto de difundir esas noticias. Yo creo que los medios informativos deberían ocuparse más de los problemas argentinos que de quince vietnamitas muertos porque un helicóptero tiró una bombita. Es lamentable que nos intoxiquen diariamente con esas noticias. Reconozco que esas acciones son importantes para la política internacional, pero no hasta el punto de que un diario argentino arme grandes titulares diciendo que un bombardeo en Vietnam rompió cuatro chozas y mató a veinte tipos.

—¿Le tiene miedo a la muerte? —Por supuesto que no me gustaría morir. Cada vez que me he puesto a pensar en mi muerte sentí un poco de temor.

—Si hubiera tenido que elegir una carrera ajena a su actual metier, ¿cuál hubiese sido? —La militar. Desde chico me apasionó la idea de ser militar. Un un poco porque cuando era chico vivía en Belgrano, cerca del cuartel de Granaderos a Caballo, y me gustaba la imagen de tropa.

—¿Está conforme con el gobierno? —Sí, porque estamos viviendo un momento de gran tranquilidad. No quiero entrar a analizar lo bueno o lo malo del gobierno porque no me interesa meterme en terreno político. En el país hay tranquilidad y eso para mí es lo único que importa.

—¿Por qué no le interesa la política? —Vea, un tío mío que se metió en política perdió toda su fortuna por el comité. Tuvo que vender sus campos en Tres Arroyos y se quedó sin un centavo.

—Y dónde se siente más cómodo, viviendo en una democracia o bajo un gobierno fuerte? —Yo he vivido en muchos países. Conocí gobiernos de los llamados democráticos y también los que se llaman dictatoriales. En unos he visto desórdenes, latrocinios, conatos de revoluciones, y en otros nada de eso. Pero en los regímenes llamados fuertes la gente trabajaba, el país prosperaba, la moneda se mantenía firme, había un mutuo respeto. Mientras viví en Venezuela, bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, esa nación se desarrolló en una forma increíble: escuelas, caminos, diques, petroquímica, en fin, un gran progreso.

—¿Y por qué se fue de Venezuela? —Bueno, yo tenía muchos intereses publicitarios con el gobierno de Pérez Jiménez, así que cuando cayó me tuve que ir de ahí porque la cosa se había puesto bastante fea. Entonces fui a parar a la República Dominicana, donde me encontré con Perón, a quien ya había conocido en Caracas, en la casa de un amigo común. Con Perón nos tratamos mucho, aunque sin hablar de política. Charlábamos de la Argentina, y todos los miércoles veíamos juntos la Cabalgata Gillette por televisión. En la República Dominicana estuve seis meses; luego, casi voy a España, pero sentía nostalgias y regresé a la Argentina. Eso fue en 1958, y desde entonces no volví a ausentarme.

—¿Qué deporte le gustaría practicar? —Me gusta el automovilismo. Soy medio tuerca, me apasionan los buenos automóviles. Me gustaría sentarme en un coche de fórmula uno y dar vueltas por el autódromo. ¡Caray si me gustaría!

—¿Qué le recomendaría a quienes ambicionen ser tan elegantes como usted? —¿Para que un hombre sea elegante? Mi abuela me decía dos cosas fundamentales: tener bien lustrados los zapatos y limpia la camisa. Es lo primero que ve la gente.




8/7/26

Archivos Incompletos: Oscar Pelito Galvez (circa 1968)

    ¿Qué son los ARCHIVOS INCOMPLETOS?

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que lo el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.


EN ESTA ENTREGA: Oscar Galvez 

Trasncripción con Gemini IA

OSCAR GALVEZ, 19 AÑOS, HIJO DEL FAMOSO "AGUILUCHO", DUEÑO DE UNA BOUTIQUE, MODELO, DISEÑADOR DE ROPA, INTENTA ESCRIBIR UN LIBRO MIENTRAS BUSCA SU PROPIA PERSONALIDAD.

EL DURO OFICIO DE SER HIJO DEL VERTIGO

Amenábar al 1700. Pleno Belgrano. Una casa grande con frente de ladrillos rojos. En el fondo un cuarto pequeño —1,50 por 1,50 m— de paredes plateadas. Desde allí un joven de 19 años, a quien su clientela llama "Pelito", crea insólitos modelos. El cuarto plateado y atiborrado de ropa le sirve de plataforma a una moda loca con la que piensa revolucionar a Buenos Aires.

El joven —camisa de cotín estampada, los pantalones audazmente oxford— se llama Oscar Gálvez. Y como su nombre lo indica es el hijo menor del célebre corredor de autos. Una de las figuras más preciadas del automovilismo. Recuerdo imborrable de todos cuando devoraba rutas. Su hijo, hoy, imagina como él a su vez derribará a 300 km por hora un estilo convencional en el vestir, para implantar otro a su manera.

—La gente no sabe vestirse. Tienen miedo. ¿Sabe? Tal vez mucho más del que parece. ¿A cuántas personas les gustaría vestirse con colores fuertes y cosas divertidas? Sin embargo... nada. ¿Usted se da cuenta? Nómbreme una sola persona que fuera capaz de salir a la calle vestido por ejemplo de celeste desde la cabeza a los pies... Ve. Tengo razón: nadie se anima a vestirse como vive...

—¿Y usted como lo hace?

—Divirtiéndome. Fascinándome cada vez que conozco gente dista. Aprendiendo a hacerlo simmente. Pudiendo admirarme cada experiencia. Viviendo con iasmo todos los días...

car Gálvez parece sentir verdaderamente todo su entusiasmo. Tiene el pelo largo y negro. Una figura delgada y ademanes desgarbados. Pero esa su forma de vivir también suele crearle sus problemas...

—Lo que pasa es que la gente aquí es muy agresiva. Uno sale con algo que le gusta y todos parecen sentir la obligación de meterse. Siempre hay alguien que grita algo. Es una lástima que no puedan reparar en que uno debe ponerse solamente lo que le gusta... Sí, una lástima...

La boutique es también un lugar de reunión. Los clientes llegan, revuelven, admiran las creaciones, escuchan discos y toman algo. Sobre la mesa una inmensa bombonera se vacía y llena continuamente de caramelos y chocolates. El público está constituido por adolescentes. Y entre ellos la comunicación es una cosa fácil y fresca...

—¿Nunca se le ocurrió dedicarse al automovilismo?

—No. Puedo haberlo pensado alguna vez en mi niñez. Cuando mi mundo estaba lleno de tuercas y engranajes. Por un lado comprendía que si corriera tendría el compromiso de ser igual o mejor que mi padre, cosa que tanto entonces como ahora creo imposible. Por el otro aprendí que tanto los fierros como las carreras son muy distintos mirados de adentro que de afuera. Quien está cerca de eso sabe todos los sacrificios que se esconden detrás de cada competencia. He visto a mi padre hacer sus primeros autos él mismo.

—Pero las cosas han cambiado...

—Sí, ya sé. Pero he comprendido que no es esa mi vocación...

Tal vez eso sea lo que sabe con verdadera precisión. Que no quiere correr ni competir con el nombre de su padre. Después ha intentado distintas profesiones.

—He realizado varios cortos como modelo publicitario. También estoy preparando muchos desfiles. Tengo proyectos y proposiciones que se van concretando de a poco.

Hace pocos días presentó su colección en "Cita con las estrellas", el programa televisivo que maneja con tanta precisión Blackie. Y mientras dibuja tirado sobre el piso un modelo nuevo de camisa masculina, rodeado de discos y con la radio prendida al máximo, explica:

—Estoy preparando un libro sobre personajes simples de esta sociedad. Un lustrabotas y una lavandera serán los principales actores del mismo. Contaré sobre la gente que trabaja, y sus opiniones sobre el mundo que los rodea. Son en cierta forma reportajes. Una vez pensé también en ser periodista... ¿Es lindo, no?

—Sí. ¿Y con sus padres cómo se lleva? ¿Es difícil ser el hijo de un "famoso"?

—Nos llevamos bien. Tal vez porque nunca ha habido una relación competitiva. Nuestros rumbos son opuestos. Lo que él no sería capaz de perdonarme es que sea un vago.

Y no lo es. Se levanta temprano para elegir él mismo los géneros con los que realizará esas camisas exclusivas a medida por la que todos los muchachos de su edad se desesperan.

—¿Cree en Dios?

—Sí, soy católico. Creo en un ser superior que está en todos lados con el cual no me cuesta comunicarme, pero del que jamás dudo.

Este es Oscar Gálvez (h), 19 años, muchos proyectos y muchas ganas de vivir.

Que ya ha ganado una de sus más importantes carreras al no competir con la fama del papá.

MAGDALENA SANCHEZ ELIA Fotos: Ricardo Alfieri

OSCAR GALVEZ JUNIORS: 19 años, ambicioso, auténtico diseñador de moda.

EL HIJO DEL "AGUILUCHO": "Con papá no tengo problemas para nada".



#ArchivoPIETRO: Critica a Los invertidos de Gonzalez Castillo dirigda por Homero Carpena (1969)

 


Critica a Los invertidos de Gonzalez Castillo dirigda por Homero Carpena (circa 1969)

LOS INVERTIDOS de J. González de Castillo. En el Liceo. Elenco: Héctor Méndez, Alba Castellanos, Oscar Casco, Haydée Larroca, Oscar Villa, Carlos Monet, Oscar Roy, entre otros. Escenografía: Francisco Reimundo. Dirección: Homero Cárpena.

*G.... Inversión de valores teatrales.

Un título equívoco, algunos nombres conocidos, un teatro disponible y detrás de todo ello, nada. Otra vuelta de tuerca sobre esta temporada veraniega que cada vez está más floja. Las interpretaciones, la escenografía, la dirección, en todo de acuerdo con la mediocridad relevante de la pieza. CONSEJO: Los lunes descansa la compañía. Ese es el mejor día... No se arrepentirá.


*Nota #ArchivoPIETRO: La critica apareció en la sección Teatro Guia de Revista Gente. La calificacion "G" era la mas baja, siendo "GENTE" la calificación mas alta. 




#ArchivoPIETRO: Cartas de Manuel Puig desde Londres (1970)

 


CARTAS DE MANUEL PUIG DESDE LONDRES (circa 1970)

SOLICITA ESTE ARCHIVO DIGITALIZADO: BIBLIOTECALGTTB@GMAIL.COM

Londres: ciudad a la que llegué en 1958, con una mano atrás y otra adelante, y la dirección de una familia amiga, a la que había conocido en Italia durante la filmación de Adiós a las armas. A los pocos días tenía trabajo, casa y un montón de gente dispuesta a ayudarme en cuestiones de cine. ¿Cómo? Cuando una familia londinense recibe a un amigo extranjero, lo primero que hace es organizar un party para presentarlo a todos los conocidos que le pueden ser útiles durante su estadía.

Inolvidables: Los catorce meses que pasé aquí. Tuve suerte desde el primer momento.

Inolvidable también: El miedo a la ron entrar por falta de corbata. En 1970.

Clima: Nieve, lluvia y viento todos los días; no he podido ir a los parques ni una sola vez.

FRIO — Primera curiosidad: comparar a estos jóvenes con los de Nueva York. Ropa más extravagante todavía, pero ninguna relación entre el aspecto exterior y su psicología. Los encuentro poco amistosos, tan malhumorados como los mayores. Esa ropa, que incluye algún sombrero a la D'Artagnan, es llevada sin alegría. No tiene sentido, me choca. Pienso en un carnaval bajo la lluvia.

Swinging London: Según mis amigos está liquidado. Otros llegan a decir que nunca existió, que fue un invento de la revista Time.

En caso de que haya existido, ¿qué fue el Swinging London? Las versiones se contradicen. Tal vez algo similar a lo que encontré en Nueva York, digamos distensión y alegría de vivir.

HELADO — Mis amigos tienen todos más de 40 años. Les hablo de los jóvenes de Nueva York, de la cruzada del buen humor; no me lo creen. "The Swinging London is finished", y me cambian de tema.

FRIO — Otro hotel: Impersonal,



Archivos Incompletos: COMO VIVEN LOS ARGENTINOS EN LOS ANGELES por Eduardo Gudiño Kieffer

   ¿Qué son los ARCHIVOS INCOMPLETOS?

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que lo el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.


EN ESTA ENTREGA: COMO VIVEN LOS ARGENTINOS EN LOS ANGELES por Eduardo Gudiño Kieffer

Transcripccion Gemini IA

EDUARDO GUDIÑO KIEFFER ESCRIBE DESDE LOS ESTADOS UNIDOS

COMO VIVEN LOS ARGENTINOS EN LOS ANGELES

LOS ANGELES: 8.000.000 de habitantes; 1.000.000 de latinoamericanos; casi 40.000 argentinos.

Los Angeles, California. La segunda ciudad de los Estados Unidos de América. Un sistema de autopistas inigualable, enormes barrios de sobrias casas de madera, repentinos rascacielos creciendo en el "down town" (centro) y algunas zonas determinadas, cinturón fabril gigantesco, aeropuerto del cual despega un avión cada segundo rumbo a cualquier parte del mundo, smog que hace arder los ojos y borra los contornos del paisaje, montañas de cumbres nevadas y el contraste de las altísimas palmeras tropicales que bordean las avenidas, suburbios de nombres tan sugerentes como Hollywood, Bel Air, Santa Mónica, Long Beach...

Todo eso hace de Los Angeles una ciudad muy especial, sin el indiscutible y fascinante "cachet" de San Francisco, pero con una personalidad que vale la pena observar. El rasgo más importante de esa personalidad es que Los Angeles y su zona de influencia son un verdadero "país de frontera". A pocos kilómetros del límite con México, Los Angeles recibe constantemente el aluvión migratorio que, desde el Sur, sube buscando mejores condiciones de vida y de trabajo. Por herencia histórica y situación geográfica, el español es un idioma que se habla prácticamente en todas partes, lo que acentúa el atractivo de la región para los latinoamericanos. Y hay nada menos que un millón de latinoamericanos entre los ocho millones de habitantes de Los Angeles. De ese millón de latinoamericanos, la mayoría es mexicana. Siguen después los provenientes de países centroamericanos sumados. Luego los colombianos. Los argentinos no son demasiados, y sin embargo su número trepa casi hasta la cifra de cuarenta mil. Y cuarenta mil auto-exiliados no son poco: constituyen la población de una ciudad relativamente importante en nuestro país, conforman un grupo que obliga a una serie de interrogantes: ¿por qué se va tanta gente de la Argentina, que demográficamente casi no progresa? ¿Y qué hace esa gente allá? ¿En qué trabaja? ¿Cómo se siente en un país que no es el suyo? ¿Piensa en volver o piensa en quedarse para siempre? Lo más fácil parecía acudir a las asociaciones de residentes argentinos existentes, para contestar aunque sea alguna de esas preguntas. Pero cuando me dijeron: "hay una carnicería donde cortan la carne igual que en Buenos Aires", pensé que era allí donde podría pulsar mejor la manera de sentir y de pensar de un argentino en Los Angeles. Y creo que no me equivoqué.

"EL CORAZON SIEMPRE TIRA"

En Sunset 3814 está San Remo, Almacén y carnicería. Es cierto: la carne está cortada igual que en Buenos Aires. El responsable del milagro se llama Antonio Beretta (porteño, 39, casado, 2 hijos), que con un socio ecuatoriano, José (Pepe) Delgado, afronta no sólo la tarea de despachar asados de tira, bifes de costilla y achuras a clientes pampeanos nostálgicos, sino también la de tratar de imponer vinos, dulces, yerba y otros productos argentinos que no siempre pueden venderse allá a precios accesibles.

El diálogo resulta fácil, quizá porque entre banderines de fútbol, botellas de tinto nacional, latas de mermelada de membrillo, discos de Leo Dan, Palito, Troilo y Gardel, uno se "ambienta" con más facilidad. Por otra parte, Beretta es lo que se puede definir, sin vacilaciones, como "un tipo macanudo". ¿Por qué? Porque es todo lo contrario de un lamentable espécimen argentino, ave migratoria, que cuando llega a otro país trata de imponerse con fanfarronería, menospreciando a todo y a todos (especialmente a otros latinoamericanos, que así tienen de nosotros una imagen desastrosa), pasándosela de vivo y de sobrador y dejando a su paso un tendal de broncas más o menos disimuladas. Beretta, no: es como es. Sencillo, un poco tímido, dispuesto a contestar sin rebuscamientos ni ocultamientos.

—Vine en 1965... ¿Por qué? Bueno, mire: la verdad es que por curiosidad. A ver qué pasaba. No es que no tuviera trabajo en Buenos Aires, es que quería probar otra cosa...

—¿Y pasó algo?

—Sí, pasó, pero con el tiempo. Al principio estuve tres meses sin trabajar. Después empecé a limpiar ollas en el hotel Beverly Hills. Ganaba 47 dólares semanales. Luego entré como ayudante en el diario "Los Angeles Times", y tuve otro trabajo part-time, lo que me permitió desenvolverme mejor...

—¿Cómo llegó a tener este negocio?

—Hace cosa de año y medio entré como empleado. Después las cosas fueron bien, me asocié con Delgado y lo compré. Corto la carne como en Buenos Aires y traigo productos argentinos, porque casi toda mi clientela es argentina.

—¿Le es fácil traer esos productos?

—No demasiado fácil. Me gustaría tener más vinos de mi país, pero es imposible. Supongo que el problema está en los fletes, que los encarecen mucho. Mire, por ejemplo: los vinos chilenos e italianos, buenos y de inmejorable presentación, puedo venderlos a 99 centavos de dólar la botella. Y el vino argentino más barato tengo que venderlo a 1 dólar 39 centavos...

—No veo dulce de leche por ninguna parte...

—Es que no puedo traerlo. La cuota de materia prima que debe tener, según la ley norteamericana, no coincide con la argentina...

—¿Ve usted alguna solución para esos problemas?

—Pienso que es una cuestión legal, para favorecer la exportación y "crear" mercado aquí. Pienso también que sería interesante para mí llegar a un entendimiento directo con algunos exportadores argentinos. Por ejemplo, estoy seguro de que si tuviera en venta vermouth de mi país lo vendería mejor que el italiano...

—Cada vez que usted dice "mi país" lo dice con verdadero afecto. ¿Piensa volver?

—Le voy a decir la verdad: yo estoy muy agradecido a los Estados Unidos. Esta tierra ha sido generosa conmigo: aquí he podido trabajar, ahorrar, y estoy educando a mis hijos. ¡Pero qué quiere que le diga! Yo uso la filosofía y la filosofía me dice que uno tiene que ver la realidad. La realidad es que aquí estoy bien... pero que tengo unas ganas bárbaras de volver... ¡El corazón siempre tira!

ANTONIO BERETTA: cortar la carne "a la argentina", importar productos argentinos. Un negocio.

DELIA Y VICENTE SCHONFELD: leer revistas argentinas es un modo de "visitar" el país.

UNA MANERA DE ESTAR CERCA

En un rincón de San Remo veo una estantería con revistas. Y entre las revistas descubro, de inmediato, a GENTE y a "Para Ti". Justamente una pareja las está hojeando, evidentemente interesada. Me acerco y pregunto si son argentinos. Lo son. Se llaman Delia y Vicente Schonfeld.

—Siempre las compramos —dice Delia—. Estas revistas son una manera de estar cerca de allá, de "visitar" un poco lo nuestro. Porque no es tan fácil tomar un avión para ir a cada rato...

—¿Trabajan ustedes en Los Angeles?

—Naturalmente —dice él—. En este país nadie vive sin trabajar. Yo soy asistente del supervisor en la Empex Corporation...

—Y yo —agrega su mujer— realizo desde hace cuatro años los trajes de la Motion Picture Costumes.

—¿Se encuentran bien, contentos, satisfechos?

—Sí, claro que sí. Hay muchas posibilida-






#ArchivoPIETRO: Stripper, Te escucho (1998)



Stripper, Te escucho (1998)

Strippers, ellos hablan 

Entrevistas a

-Ricky Villalba (29)

-Diego D'Acosta Marquez (27)

-Juan Pablo Gasali Silva (21)


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Disponible archivo fisico en Librería Ay, Constanza!!!




7/7/26

#ArchivoPIETRO: La aldea gay (2007)

 

Trasncripción Gemini AI*

COMUNIDAD

«A la aldea la llevamos con nosotros»

Luego de siete años de haber elegido ese lugar -un terreno del campo universitario de Núñez- y construido la Aldea Gay, recibieron los primeros amagos de desalojo. Las fuerzas municipales y policiales necesitaban ese espacio para hacer un monumento, y ellos molestaban. Ellos -el grupo gay primitivo- no aceptaron ni los hoteles por unos días, ni los pasajes para su lugar de origen, ni otra marginalidad. Gente de la CHA -Angela Vanni, César Cigliutti, Roberto González, Norberto D'Amico, junto a estudiantes de la UBA- trabajaron para que se atendiera un reclamo humano por sobre una alegoría de hormigón. Se fueron a vivir bajo un puente cercano, peleando por un nuevo lugar que les permita seguir juntos, y seguir trabajando.

Luciano es tímido, pero habla con convicción. Transmite -como todos- una gran seguridad, lo que permite corregir la sensación de desasosiego que nos provoca a nosotros -que venimos de la seguridad y la protección- ese puente que les sirve de improvisado hogar, por unos días. "La Aldea fue fundada por una pareja gay que se asentó en el lugar. Empezaron a traer a amigos gays, y así se empezó a formar la comunidad. Llegamos a ser 36 personas. Después empezaron a entrar familias heterosexuales, mujeres solas, otras con sus parejas. Esta gente se querían integrar porque no tenían a dónde ir. Les dimos una mano y se fueron quedando. Nosotros somos una comunidad, y si bien yo no conozco otra villa, sé que la Aldea era distinta. La diferencia es que ante cualquier problema, nosotros nos unimos siempre. Yo vivía con mi familia, y no hacía nada. Hasta que me fui a vivir con mi pareja, que vivía en la Aldea. Y no me fui más de ahí. Ellos son mi segunda familia, porque hace dos años y medio que no voy a mi casa".

Luciano es un portavoz que habla de su experiencia pero no de las recientes decisiones municipales de darles otro lugar para reconstruir la aldea: respeta a quien es el encargado de hablar de eso. El tiene afectos hacia quienes ayudaron desde un primer momento. "Una vez estábamos sentados con "la Chilena" y la Alexis en mi rancho, y apareció el pastor Roberto González. Se comprometió con nosotros, y desde ese día no nos abandonó nunca. Si no hubiera sido por él, tal vez nadie se hubiera enterado de esto y nos hubieran echado".


Alexis es chiquito, pero empieza a hablar y se transforma en una locomotora. Es exultante. "Yo agradezco a Dios el haber conocido a esta gente. La adversidad te hace cambiar mucho. Yo tenía un montón de prejuicios, era egoísta, envidioso, criticón. En este grupo no existen esas cosas. Hoy compartimos un pedazo de pan, y eso en la sociedad no existe. Nos ayudamos mutuamente. Aprendimos a amar esta circunstancia, y eso le cuesta a la sociedad". Ellos lograron que la discriminación y los prejuicios quedaran afuera de la aldea, sobrevolando las

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