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14/5/26

Revista BOOM El homosexual en Rosario

 Boom Nº 19 Año 2, n° 19, marzo de 1970

Tapa: “El homosexual en Rosario”








Archivos Incompletos: Luis Alberto Spinetta a los 19 años

 En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen. 


Transcripción de texto generada con IA

ros y redondos como cuentas, tan separados entre sí. Sus 56 kg de peso están vestidos con menor cuidado que el que pone un jovencito para trabajar bajo un auto. Una remera celeste de mangas cortas, cuello redondo, algo deformada, blue-jeans azul y zapatillas de básquetbol del mismo color. El pelo, cayendo sobre su cara, ondulado y desprolijo. Pero... Luis Alberto está cantando y los espectadores casi niños han olvidado sus chistes y risas para dejarse llevar por el sortilegio de los temas. Una música especial, personal, define al conjunto. La letra de las canciones no tiene anécdotas, son casi surrealistas, muchas veces ilógicas pero dibujan bellísimas imágenes transportadas por la música. Después de cada tema el público aplaude calurosamente de pie. Pero ante los primeros acordes de los instrumentos vuelven a sentarse apurados, para así, acurrucados en sus butacas, dentro de esas camisas de colores y camperas con flecos, beberse toda la melodía. ¿Qué significa en sus temas? Le preguntaría más tarde en un café a Spinetta. "Son letras contradictorias que no significan nada. Yo las definiría como humorísticas, porque tratan sobre el absurdo."

—¿En qué momentos las compone?

—No sé. Brotan espontáneas. Son formas libres, automáticas. Lo importante es que no les doy importancia. No me preocupo.

—O sea que necesita hacer las cosas sin que le importen para que sean importantes. Pero, ¿realmente cree, que son realmente importantes?

—¡Qué sé yo! Me es imposible contestar cosas concretas a hechos que para mí no son. No es posible percibir lo desconocido. No sé. No importa, ¿no?

No. No creo que demasiado. Luis Alberto tiene 19 años, Rodolfo García, baterista, 23, Emilio Del Guercio, 19 y Edelmiro Molinari 22; abandonaron la escuela de Bellas Artes, un taller de mecánica, la Facultad de veterinaria, el bachillerato, para intentar la buena música. Lo realmente importante es que lo han conseguido.

CRISTINA DE IRALA Fotos: Osvaldo Fernández Burgos


ADMIRADORAS: Un asedio constante. Luis Alberto firma autógrafos varios.

  • BATERISTA: Rodolfo, talento y ritmo. Cada presentación un éxito.

  • GUITARRA Y FLAUTA: Edelmiro, una de las maravillas del grupo. Ritmo.

  • CREADOR: Luis Alberto, 19 años, excelente compositor.

  • BAJO: A cargo de Emilio, usa vincha, le gusta la ropa rústica.


PLEGARIA PARA UN NIÑO DORMIDO

Plegaria para un niño dormido quizás tenga flores en su ombligo y además en sus dedos que se vuelven pan barcos de papel sin altamar plegaria para el sueño del niño donde el mundo es un chocolatín adonde van mil niños dormidos que no están entre bicicletas de cristal se ríe el niño dormido quizás se sienta gorrión esta vez jugueteando inquieto en los jardines de un lugar que jamás despierto encontrará que nadie despierte al niño déjenlo que siga soñando felicidad destruyendo trapos de lustrar alejándose de todo el mal...

LUIS ALBERTO SPINETTA


MUCHACHA (OJOS DE PAPEL)

Muchacha ojos de papel adónde vas, quédate hasta el alba muchacha pequeños pies no corras más, quédate hasta el alba Sueño un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol muchacha piel de rayón no corras más, tu tiempo es hoy y no hables más muchacha corazón de tiza cuando todo duerma te robaré un color muchacha voz de gorrión adónde vas, quédate hasta el día muchacha pechos de miel no corras más, quédate hasta el día duerme un poco y yo entretanto construiré un castillo con tu vientre hasta que el sol muchacha te haga reír hasta llorar, hasta llorar.


Página 57



Archivos Incompletos: Pappo "Niego la experiencia social"

En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. (BUENO, ESTE DE PAPPO, LA VERDAD NO ME INTERESA, PERO CREO QUE A OTR@S PUEDE INTERESARLE)
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen. 



Trasncipcion de texto generada por IA

Vio las vías y sugirió la foto. "Acá, junto al ferrocarril, viven los linyeras, que, en el fondo, son marginados como nosotros, los músicos de rock". Después se acercó a charlar con ellos. Así es Pappo. Espontáneo, vital, un tipo que dice lo que piensa...

—"movimiento", como vos lo llamás?
—Porque no me dice nada. Las letras no dicen nada. Y la música tampoco.
—Pero hay mucha gente a la que esa música le dice algo...
—¿Y eso qué? Están dormidos.
—¿Qué pretendés con tu música?
—La música te tiene que hacer mover, te tiene que sacar de tu asiento, levantarte a medio metro del piso. El músico es un transmisor de climas. De climas interiores (los propios del músico) y exteriores (los del público, los del ambiente). Hay públicos fríos, difíciles, pero cuando vos sentís lo que hacés el público también lo siente y responde.
—¿Qué problemas tenés que enfrentar como músico de rock?
—Es muy difícil ser músico en este país. Se mezclan todas las cosas. Hay gente, dentro mismo del ambiente, que no entiende nada. Se confunden ellos mismos, están peleados consigo mismos y pierden por nocaut. Lo que molesta es que nos caen con críticas que no tienen fundamento. Mirá, en este mundo nadie es genio y hay veces en que hasta el más inteligente se equivoca. Y están esperando que te equivoques para caerte encima.
—¿Vos te equivocaste?
—No, pero tuve momentos flojos.
—¿Cuándo, por ejemplo?
—En la época en que tocaba con Los Gatos. Hacíamos buena música, pero había que intentar otra cosa.
—¿Qué había que intentar?
—Hacer música para despertar a la gente. Pero igual la pasé muy bien. Son todos buenos tipos. Te doy un ejemplo más concreto acerca del error que cometí: en el tercer LP que grabamos estábamos muy preocupados por hacer soul y figuritas por el estilo. No nos dimos cuenta de que eso ya se había terminado. Lo que pasa es que te confunden...
—¿Te confunden? ¿Qué querés decir con eso?
—Claro, te dicen que lo que hacés está bien, te atienden en todos lados, se te acercan y terminás creyendo que sos el dueño del mundo. Te meten en una confusión que, por suerte, se acaba con el tiempo, cuando pasás a otra etapa de madurez.
—¿Qué es ser músico de rock?
—Qué pregunta. Es un lío. Ser músico de rock es hacer rock.
—¿Qué es hacer rock, entonces?
—Es hacer una revolución mental hacia la liberación del pensamiento. Lograr que nuestro pensamiento no tenga ninguna cláusula. Es decir, lo que sentís, lo que pensás, derecho viejo. Si no, entrás en la duda y estás muerto.
—¿Me hablás de revolución mental. ¿Es nada más que una revolución mental?
—No, también es una revolución física, por supuesto.
—¿Revolución física? ¿En qué sentido?
—Vos salís a la calle y caminás con el físico, no con la mente. El rock busca que las cosas que hay que hacer con el cuerpo se hagan con el cuerpo y no se obstruyan por obra de la mente.
—En definitiva, un propósito de libertad...
—Sí. Creo, en definitiva, que ningún ser humano se debe dar la autoridad de negar a otro ser humano.
—¿Cómo te definirías?
—Vos lo ves: si soy un tipo simple hablando, soy un tipo simple en la vida. No busco ser original: se es original sólo en la locura. Pero en el fondo estamos todos locos (se ríe)... Hablo en plural, me incluyo a mí mismo; qué sé yo, todos vivimos. Lo principal, creo, es aprender a mirarse.
—¿Aprender a mirarse?
—Sí, no en el espejo, donde lo único que se ve es carne y pelo, sino para adentro, lo interior.

FAMILIA, GENERACIONES, SOCIEDAD, ROCK
—¿Y tus padres? ¿Cómo te llevás con ellos?
—Muy bien. Vivo con ellos. Mi viejo no se mete conmigo y yo no me meto con él. Los dos comprendimos nuestra vida. Con mi vieja pasa lo mismo. Negar a mi padre y a mi madre sería negarme a mí mismo.
—¿Cómo reacciona tu padre frente a tu música?
—A veces lo cazo escuchando mis discos y me hago el burro. Me da no sé qué. Hay mucha gente grande que va a los recitales. La otra vez vi una señora rubia, de unos sesenta años. La encontré a la salida de un recital. No dijo nada. Pero miraba con mucha atención nuestros movimientos, escuchaba todo, como queriendo deducir cómo pensábamos. Y eso está bien, la edad no tiene mayor importancia. Te cambia el aspecto físico, pero lo principal es el balero. Hay mucha gente grande que sabe mucho. Yo la negué equivocadamente.
—¿Qué pensás de la vida en la ciudad?
—Niego la experiencia social. Afirmo la experiencia individual. Como te dije, soy un marginado. El rock es un marginamiento total. Cada uno hace la suya y va siempre para adelante, venga lo que venga. El rock, en fin, es una afirmación de la vida. Como dice Hendrix: construimos castillos de arena dentro del mar. O sea, nada es imposible.

NADA ES IMPOSIBLE
La ciudad, un rumor macizo, se alza a nuestras espaldas. La charla termina. Mientras me da la mano y me sonríe, lo miro nuevamente: jeans gastados, remera desteñida, saco de terciopelo negro que conoció tiempos mejores, signos exteriores de voluntario marginamiento, del exilio interior de Pappo respecto de esa ciudad que pesa como un murmullo interminable. El rock, claro, lo hermana con los demás marginados en la música, en la vida. Una hermandad que pretende que todo el mundo despierte, como quería aquel genial adolescente que se llamó Arthur Rimbaud. "Locos", quizá. Pero con esa envidiable locura que supone —tal vez con razón— que nada es imposible. Y lo prueban construyendo castillos de arena dentro del mar.

EMILIO GIMENEZ ZAPIOLA
Fotos: ENRIQUE BIANCO

Página 69

Archivos Incompletos: Charles Aznavour, rozarse con la gente que arde

En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen. 



Transcripción de texto con IA

Horacio Ferrer-Charles Aznavour: una charla íntima, una confesión. "El talento lo da la gente". Y un recuerdo para sus antepasados muertos en Buenos Aires.

El estudio queda en avenida Hoche, en París. Charles Aznavour canta con su voz de "trovador endeble". Después dirá que tango es como un teatro pequeño.

aniversario", hace su capo lavoro de interpretación, con la garganta al pelo, la voz plena en cada nota, dialogando, monologando, una risotada aquí, un sollozo irónico ocho compases después. Se pasa el dibujito de tinta china cantando; la verdad ¡es que se pasa!

—¿Salió bien? Mejor así. Si hubiera salido mal, amo la perfección, habría persistido diez horas de ser eso necesario. A mí el trabajo me gusta. Estar en el estudio me calienta, es mi vida, es lo que quiero, aquí, entre cuatro paredes, en esta penumbra sorda pulsa parte de mi mundo.

Ya estamos sentados en un rincón, todo el mundo se ha ido, y este arbolito en invierno, con sus brazos como ramas locas (que dirigen sin parar a la invisible orquesta del playback mientras graba), entra en una contada de hora larga, creciente por el entusiasmo, de alta temperatura por la concisión y la matemática casi balística de sus opiniones.

—¿Cómo elige su repertorio?
—A mi ver, en lo popular, hay dos tipos de música. Una que está destinada a los pies. Otra, que se consagra al corazón y a la cabeza. Las dos, sí, las dos deben existir, existen, están. Pero únicamente la segunda perdura. Yo elijo esta última clase de cantos. Como los de George Brassens, que es mi autor más predilecto. Y no porque sepa, de antemano que Aznavour es el autor preferido de Brassens. Aparte de eso, sin camelo, nos queremos mucho.  

—¿Su propio éxito prueba que la canción que perdura, que la canción de clase, que la canción que dice algo, ha ganado terreno?
—No sé qué decirle. Por de pronto, en mi caso, el hombre de escenario, el actor, digamos así, ha hecho mucho por el hombre de la canción. Porque, pienso, la canción debe ser como una pequeña obra teatral. Exactamente como los temas que escribe usted con Piazzolla. Así siento yo.  

—Gracias...
—Nada. Esto es muy importante (sube el tono, arriba la presión de la charla): la canción popular es la sangre de un país. Viene de la tierra misma, en el sentido de que jamás se sabe bien de dónde ha salido. Yo mismo he emergido de mi tierra junto con mi canción. Me parece imposible que viniendo uno de arriba, de una clase elegida, pueda forjar una canción. ¿Estamos? Se cantan los dolores, se cantan las reacciones, se cantan las felicidades de un pueblo. El día que demos la espalda al pueblo, mejor, muchacho, nos dedicamos a otra cosa. ¿No es la verdad?  

—Y toda la verdad.
—Rozarse con la gente que arde y anda por las calles. Sea cual sea, fíjese bien si es cierto o no es cierto, sea cual sea, digo, la talla que un artista puede tener, el día que pierda este contacto magnético con su pueblo, perderá, de paso, todo su talento. Porque a nosotros el talento nos lo da la gente. No, claro que no existe un talento individual: nosotros los que hacemos canciones o las cantamos, somos —apenas— una sutil especie de radar. Decimos las cosas que todos piensan o sienten, las atrapamos, las filtramos y las volvemos a soltar. ¿No le pasó nunca que alguien, oyendo su canción le haya dicho: "¡Pero si eso es justamente lo que yo quería decir!" ¿Es así? Es así. Por eso yo ni escribo ni canto la llamada "canción intelectual" o la supuesta canción "con mensaje". No quiero. Rotundamente: no quiero. Y, aunque lo quisiera, ¡no podría! Yo pienso lo que la gente piensa. La canción es la sangre de un país o no es nada. Por eso amo el Tango. Acaso, también, porque en mi corazón, Buenos Aires es la París de América. Mis músicos han llorado de emoción escuchando a Piazzolla y a sus músicos. Y el Caño 14, qué maravilla. ¡Ah, Goyeneche! Cómo canta el Goyeneche. Y cómo me gusta cuando viene el final con toda la polenta y entra a taconear en el piso. Y los tangos, ¡qué poesía! (Más y más potencia aznavouriana) ¿Por qué no la buena poesía para el pueblo? La mejor poesía. ¿O es que hace setenta años y más, Verlaine y Rimbaud no eran poetas que todo París recitaba? ¿Y por qué no la buena música para toda la gente? Beethoven escribía sus obras para circulación popular. En esto, ¡ay! hemos ido para atrás.

París, Avenue Hoche: las ocho han dado y sereno. Las ocho y hay novedad: qué gustazo ha sido este mano a mano con el dibujito de tinta china. Con el arbolito en invierno que, de repente, al levantarnos para salir, se ha enjaretado un larguísimo abrigo negro y un sombrero, también enlutado y también de terciopelo, aludo a más no poder. Da la sensación, hermano, que a las ramas altas del arbolito invernal se ha trepado un brujo.

Horacio Ferrer
Fotos: José Pons


Archivos Incompletos: James Dean y la generacion quemada

 En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen. 



Transcripción de texto generada por IA


Diez años han transcurrido y muy pocos recuerdan ya al joven que simbolizó "la generación quemada" de posguerra y que se llamó en su hora James Dean

...tetismo por desconocer entonces la verdad; aquella residencia solitaria tenía por fin permitir a James Dean tocar el tambor en sus noches de insomnio sin despertar quejas en los vecinos, y lo que es más, comentarios acerca de su peculiar evasión evidentemente teñida de infantilismo.

Entre tanto, nada hacía el actor por destruir la leyenda que se venía construyendo a su alrededor, ya que por el contrario se sentía cómodo con esa aureola de joven extraño que le permitía abandonarse a sus caprichos sin recibir el mínimo reproche.

Sin embargo, James Dean tuvo su oportunidad de ser auténtico. Fue cuando se enamoró perdidamente de Ana María Pierangeli, una candorosa italianita que acababa de llegar a Hollywood. Pero la madre de ella se opuso a todo proyecto de boda y Pierangeli terminó casándose con otro. Al conocer la noticia, James huyó de su casa en una motocicleta, desapareciendo durante una semana de todos los lugares conocidos.

Cuando volvió a aparecer, encerrado como nunca en sí mismo, se había acentuado su misantropía. Y permaneció indiferente a los encantos de mujeres tan atractivas como Ursula Andress, entonces oscura debutante, Natalie Wood e incluso la bellísima Liz Taylor, que, enamorada a su vez del actor, vanamente procuró arrancarlo de su tristeza.

Ahora el oscuro muchacho, que marchara tantas cuadras a pie por las indiferentes calles neoyorkinas, se sentaba frente al volante de potentes automóviles, obsesionado por la fiebre de la velocidad. Correr era lo único que le importaba y el día que venció en una carrera de aficionados se confesó feliz, admitiendo que la velocidad era para él una suerte de droga que ya no podría abandonar.

Más preocupados por su fuente de ingresos que por la suerte personal del actor, los productores que lo contrataron para interpretar "Gigante", su tercer film, lo obligaron a comprometerse por escrito a no participar en ninguna carrera automovilística durante la filmación.

James aceptó la cláusula a regañadientes, pero apenas concluyó las últimas escenas de la película se dispuso a regresar a las pistas. Y después de comprar una poderosa "Porsche Spyder" último modelo se inscribió en una carrera que debía desarrollarse el 2 de octubre en Salinas, California.

Era el 30 de setiembre de 1955. Quinientos kilómetros separaban Los Angeles de Salinas y, acompañado por su mecánico alemán Rolf Wueterich, el actor decidió recorrerlos guiando su nuevo automóvil.

Un tigre en acecho parecía rugir en el motor de su poderosa máquina mientras James marchaba a regular velocidad, preguntando el estremecimiento del vértigo. Pero en la ruta estatal 466 y con una imprudente maniobra, un conductor poco hábil se le cruzó imprevistamente en el camino. James Dean giró el volante para esquivarlo y su máquina chocó fuertemente contra un árbol, con el motor destrozado en el impacto. Así murió James Dean. Tenía 24 años y era un ferviente enamorado de la velocidad. Pero su vida no se extinguió en una pista de carreras como él quizá hubiera querido, sino en la imprevista trampa fatal de una ruta campestre frecuentada por pocos y parsimoniosos automovilistas.

Se llamaba James Dean. Su generación agitó su nombre como una bandera de rebeldía. Pero a poco más de diez años de su muerte, en la solitaria tumba de Fairmount, Indiana, ni siquiera una flor recuerda su breve paso por la tierra.


Epígrafes de las imágenes:

  • Izquierda: James Dean: glorificación de la violencia y la iracundia juvenil, el ídolo de una rebeldía con causa y sin ella.

  • Derecha: Frenesí e inconformismo: el meteórico talento de Dean encarnó un nuevo estilo de vida juvenil. Dialéctica de golpes, lirismo de estridencias.

Archivos Incompletos: Mujeres pero del otro lado de la cámara

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Texto transcripto por IA

¡MUJERES...! pero del otro lado de la cámara

Dedicarse con absoluta concentración a interpretar las diferentes precisiones del libreto es una de las muchas exigencias de la dirección cinematográfica.

En la política, en el arte, en la literatura, en las carreras liberales, la mujer se destaca con contornos propios. Ya no existen limitaciones para su evolución intelectual, para su capacidad creadora.

Uno de los últimos campos en que han incursionado las mujeres es el de la dirección cinematográfica. Y por cierto que en tal terreno han logrado verdaderos aciertos que las colocan a la par de sus colegas masculinos.

Veamos algunos casos. En sets escandinavos por ejemplo encontramos a la sueca Mai Zetterling dirigiendo un tema de Hjalman Soderberg, uno de los clásicos de la literatura nórdica. Secundada por su esposo, el escritor y guionista británico David Hughes, la ex actriz dirige "Doctor Glass", un libro basado en violentos conflictos pasionales que pese a haber sido escrito hace sesenta años, enfoca problemas cuya actualidad no parece caducar.

El rodaje de la película se cumple en variados escenarios. El tranquilo pueblecito de Birkend, en Dinamarca, la tradicional Universidad de Upsala, en Suecia, una casa de baños finlandeses en Estocolmo y los jardines botánicos de Copenhague, son los sucesivos lugares adonde es trasladada la acción de "Doctor Glass". Señalemos aquí una coincidencia curiosa. El papel principal de este film es jugado por el aplomado actor Per Oscarsson que allá por el año 1945 protagonizó junto con Mai, ahora su directora, "The Serious Game", otra película basada en una novela del mismo Soderberg.

La trágica condición del personaje Glass apasiona a la realizadora, quien considera que sus conflictos no solo no han perdido actualidad sino que por el contrario, constituyen constantes de la sociedad moderna.

♦ JUEGOS NOCTURNOS

Esta no es la primera película dirigida por Mai Zetterling, que en el festival de Venecia de 1966 presentó un osado trabajo titulado "Juegos nocturnos", largamente discutido. Algunos especialistas la acusaron de barroca, de carecer de estilo propio y de haber leído a Freud demasiado tarde. Otros críticos vieron en ella a la autora de una obra maestra digna del "León de Oro", distinción máxima del festival. Pero la película no fue premiada, tal vez en razón de la audacia de un tema que obligó a presentarla en pri...

13/5/26

Archivos Incompletos: Arnaldo Andre ni tan diablo

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Transcripcion realizada con IA

Arnaldo Andre: ni tan pobre ni tan diablo.

CANAL TV estuvo toda una semana con Arnaldo André y llegó a esta conclusión: no sólo no es pobre ni diablo sino que es una persona con muchas cosas interesantes para conocer. Una de ellas es su familia; su madre y su sobrino, con quienes estuvo CANAL TV. Además CANAL TV estuvo en las grabaciones de “Pobre diabla”, salió de compras con él y se enteró de todo lo que pasaría si le adjudicaran un romance con Soledad Silveyra. Toda una semana sirvió para conocer a fondo a un Arnaldo André que pocos conocen. Si usted quiere conocerlo lo encontrará en CANAL TV.


Cuatro periodistas y cuatro primicias: Alejandro Rosseglione, César Mascetti, Raúl Urtizberea y Enrique Llamas de Madariaga, cuatro periodistas de televisión muy vinculados al quehacer político nacional, contestaron —cada uno a su estilo— ocho preguntas sobre la candente actualidad política. Además, ante la proximidad de otro histórico 25 de Mayo, cada uno de ellos adelanta una primicia al respecto. Realmente algo para no perdérselo. ¿Dónde está? En Revista CANAL TV, por supuesto.


Andrea del Boca y sus dos papás: Suena raro, ¿no es cierto? Sin embargo así es. Andrea habla de su padre verdadero —Nicolás del Boca— y de su padre en la ficción —Norberto Suárez—. Los compara y los define perfecta y abiertamente. Además dice con cuál de los dos se quedaría y por qué razones. Otra muestra de madurez de alguien que no se cansa de sorprendernos. Esta semana en revista CANAL TV.

Y hay mucho más. El retorno, después de dos años de ausencia, de Mecha Ortiz a la televisión. Hace uno de sus papeles favoritos —una mujer fatal— en “Rolando Rivas, taxista”. Además —en una entrevista exclusiva— cuenta sus amores pasados y sus amores presentes. Algo para leer y releer.


DE LA PROGRAMACION NO HABLAMOS MAS. SI USTED YA LA VIO SABE QUE ES LA MEJOR. SI AUN NO LA VIO ES PORQUE NO TIENE TELEVISION. O PORQUE SOLO BUSCA LOS HORARIOS Y LOS CANALES. SI USTED QUIERE LA MAS COMPLETA Y DETALLADA DE LAS PROGRAMACIONES, SOLO LA ENCONTRARA EN CANAL TV.


Canal TV La TVerdad. De Editorial Atlántida para usted.

#ArchivoPIETRO

Archivos Incompletos: Maria Elena Walsh, soy gatera

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Transcripción realizada con IA Gemini

—¿De modo que usted no acepta que “todo es igual, nada es mejor...”, “que el mundo fue y será una porquería”?

—No, no creo en eso. A propósito, me llamó mucho la atención algo que vi el otro día en el programa donde Horangel entrevista a Tita Merello. Allí se planteó eso de si “el mundo fue y será una porquería”. Todos coincidieron en que sí, que la frase es cierta. Yo no creo, desde luego, que todo sea rosado, maravilloso, pero me pregunto: ¿por qué necesariamente el mundo tiene que seguir siendo una porquería? Detrás de ese verso hay algo que me indigna...

—Específicamente, ¿qué la indigna?

—Que Discépolo parece decir: “todo es una porquería... menos yo”, que los malos son los otros, los demás.

—¿Usted piensa que Discépolo se engolosinó con el desastre o directamente lo vio así y se niega a endulzarlo mentirosamente?

—Creo que en Discépolo hay una especie de regodeo en lo negativo. No creo que todo tenga que ser rosa, no, pero yo me niego a entrar en el club de Discépolo, en la ins-ti-tu-cio-na-li-za-ción de la mufa... Qué palabra terrible es ins-ti-tu-tu-cio-na-li-za-ción. Lo que le habrá costado decirla a Lanusse, lo compadezco...

¿Y la gata qué se habrá hecho? Ah, sí, por ahí anda. Todavía indecisa, temerosa de los visitantes que hablan “intelectualmente” de ella. Como ahora:

—En verdad, María Elena, usted ha enumerado nada más que virtudes de los gatos. Dijo que no era “racista”. ¿Por qué no trata de decir ahora cuáles son las virtudes de los perros?

—Las virtudes de los perros... ¿Las virtudes de los perros?

—Eso, las virtudes de los perros.

—Y... yo no puedo saberlo... ¡Yo no tengo perro!

—No se escape, haga un esfuerzo y trate de reconocer alguna virtud a los perros.

—Yo no tengo nada contra los perros ni los perreros, no hagamos confusión... Lo que sí tengo bien claro es que los gateros no somos antiperros, pero los perros sí son antigatos.

La gata ahora se queda, pero quieta. Es como si no estuviera. Por eso recuperamos, por tercera o cuarta vez, el otro hilo de la conversación:

—¿Cuando usted está en el escenario, siente, digamos, las ondas de esa mufa colectiva?

—La mufa no es colectiva, es individual... Si la colectivizamos la vamos a ir perdiendo, sería una lástima.

—Bueno, le reitero la pregunta y en vez de “colectiva” le digo “generalizada”.

—Sí, generalizada es un término más justo.

—Volviendo a la pregunta: ¿cuando usted está sobre el escenario siente las ondas de esa mufa generalizada?

—No, lo que el público me transmite es alegría, afecto, afecto palpable. Es que el público del teatro es..., tiene una raíz antimufa. Donde suele emerger la mufa es en el público de café-concert; allí la actitud, el ánimo que se traduce, es otro.

—¿Se anima a definir al café-concert?

—Un café-concert es un lugar chico... donde se bebe y se paga muy caro.

—Algunos piensan que el café-concert es una propuesta a la vagancia del espectador, una forma de incentivar el menor esfuerzo, la superficialidad. ¿Qué piensa usted sobre eso?

—Pienso que el teatro es más cálido, que mucha gente va al café-concert para tomar una copa y no seguir conversando. Creo que ésa no es una buena forma de estar con los amigos. A mí me pasó una vez...

—¿Qué le pasó?

—Que fui a parar con unos amigos a un café-concert... Prefiero mil veces volver a casa con los amigos y ponernos a charlar hasta las cinco de la mañana, tratando de arreglar el mundo. La verdad es que con esas charlas lo dejamos al mundo perfectamente refaccionado, perfectamente pintado.

—¿Cree, en definitiva, que la proliferación de los café-concert se debe a una especie de plaga?

—Si son una especie de plaga bastante particular con la que se pretende culturizar y hacer la revolución desde la plataforma de lo snob, con un público duro pintado, que traduce su mufa.

—¿Y a qué se debe la plaga?

—No sé.

—Dejemos los café-concert de lado. ¿Cómo anda su “stock” de miedos?

—He superado una punta de miedos. No en vano tengo seis años de análisis. Me queda un miedo bastante original, original de origen quiero decir: es el miedo a dejar de expresarme correctamente, a no poder escribir. Este es un miedo crónico. Precisamente Françoise Sagan —para seguir con los franceses— cuenta en su último libro sobre las vueltas infinitas, los pretextos que se inventa para no sentarse a escribir, precisando alguien que la encierre. También dice otra cosa muy hermosa, que no viene al caso pero que la digo lo mismo: “Y no me olvido —escribe— de la poesía: es lo que me importa más en la vida y lo único que nunca supe hacer”.

—¿Y cómo es su forma de trabajo, de creación?

—A mí me pasa igual. Me invento mil estratagemas para no trabajar; creo que trabajo cuando ya no puedo evitarlo. Entonces recién escribo.

—¿Le preocupa mucho el juicio de los demás?

—Cada vez menos. Además no leo revistas.

—Hace bien. A los gustos hay que dárselos en vida.

La gata vuelve a los brazos de su dueña. No hay caso, no ha entrado en confianza. Muy simpáticos no le hemos caído.

EL “PRIMER” DEBUT

Dos días después, el lunes a las once de la noche, acompañamos a María Elena Walsh al Maipo, a su primera actuación sin público.

Una especie de ansiedad, de nerviosismo, mezclados a la alegría, se le ven en la cara.

Le advierten de entrada que lo más difícil del Maipo es bajar al foso sin golpearse la cabeza. María Elena Walsh baja. Y se pega en la cabeza. Ya ha debutado. A continuación, en el foso, en ese rectángulo lleno de cierta imprescindible historia, empieza el primer ensayo con un pianista y un baterista.

El pianista dice: “¡Un, dos, tres, cual!” Y arrancan. María Elena canta una canción sobre el viejo varieté que dice: “...PASARON GUERRAS Y REVOLUCIONES. PERDIMOS UNAS CUANTAS REVOLUCIONES... TUVIMOS PADRES QUE NOS CASTIGARON, TUVIMOS HIJOS QUE NOS CRITICARON”.

Los músicos se entusiasman. María Elena les pide que no “corran tanto”. Varias veces vuelven sobre lo mismo. Varias veces el pianista dice: “Un, dos, tres, cual” Y la canción se redondea: ENCIENDANSE LAS NUEVAS LUCES DEL VIEJO VARIETE... NO SE SUSPENDE LA FUNCION. ¡A ESCENA LOS ARTISTAS MIENTRAS EL MUNDO EXISTA!”

El Maipo, sin gente, tiene en la penumbra varios rostros que atienden. Está por ahí Luis César Amadori. En la fila siete, mordiéndose las uñas, muy sola, escucha Susana Brunetti. En la fila uno María Herminia Avellaneda pide una y otra vez la “canción de la murga”, una canción que no puede faltar y dice, entre otras cosas: “...LINDA ES LA VIDA CON USTEDES, MIS COMPAÑERAS Y AMIGOS... EN ESTA MURGA SE LAS DIGO APROVECHANDO LA OCASION... NO AMARRETEEN LA ALEGRIA, ABRAN Y ABRANSE CAMINOS SIN SER LOS CANES DEL VECINO NI LOS FORZADOS DEL MANDON... PROHIBIDO PROHIBIR. ¡DEJEN VIVIR! ¡MA SI!”

Aunque no lo diga, cuando termina la noche se nota algo bastante parecido a la felicidad en la cara de María Elena Walsh. Dice:

—Una cosa que quiero es hacer cantar a la gente en el Maipo; lo voy a intentar sin ordenárselo. Puede suceder o no, pero creo que sí, que va a suceder.

Sin que nada lo haga prever, ya en la vereda ahora mojada por la lluvia que quedó pendiente desde el sábado, agrega como si continuara una conversación no suspendida:

—Además, hay algo más en favor de los gatos. Prevert lo dijo: No hay gatos policías, y perros sí, advierto.

—Muchos afirman que los gatos son calculadores, falsos, hipócritas.

—Prejuicios, ¡puros prejuicios! Ese es uno de los tantos prejuicios que los gatos deben soportar. No sé a qué se deberá, pero los pobres son víctimas de la opinión de que son desleales, coquetos. Pero eso forma parte del folklore, del repertorio de prejuicios que padecemos también las mujeres... Y sí, somos todas esas cosas las mujeres, ¡pero los hombres también!

Podemos seguir la discusión hasta el fin del siglo. Pero ésa no es la cuestión: la cuestión es que María Elena Walsh canta en el Maipo.

¿Y por qué no?

Quien tenga algún reparo que recapacite y, como diría María Elena, que no sea prejuicioso, que aprenda de los gatos.

RODOLFO E. BRACELI Fotos: JUAN J. PEREZ y JUAN MESTICHELLI


Texto del epígrafe de la foto: “SI, SOY GATERA. Los gateros no le tienen miedo al misterio...”.

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