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18/6/26

#ArchivoPIETRO: Casi como una religion por Federico Klemm

 

Transcripción de Texto por Gemini IA
Digitalizacion y mejora del scan con ChatGPT

Casi como una religión

Por Federico Klemm (*)

Buenos Aires, aunque no suene bien decirlo, es un gran receptáculo del espectáculo. Esta ciudad absorbe los grandes movimientos de arte, las obras líricas, la danza, el cine, el teatro de otros países. Existen casos aislados de un movimiento inverso, pero de ninguna manera dan lugar a pensar que el nuestro sea un país de exportación de cultura.

Así como a la Argentina se la podría catalogar de país gauchesco, Estados Unidos es un país de cowboys, con una emigración que lo ha transformado y ha convertido a Nueva York en una ciudad cosmopolita con mayor o menor suerte. Evidentemente, el centro del arte no fue ganado por inteligencia, sino por el mercado. La economía americana ha derrumbado todos los mercados posibles gracias a su eficiencia como centro financiero y comercial. Y el circuito mundial del arte se dio cuenta de que está trabajando para Christie's y Sotheby's de Nueva York, y las galerías de esa ciudad. Y por más que otros piensen lo contrario, Nueva York es la capital del arte mundial, mucho más que Los Angeles, Chicago, Tokio, Singapur o Londres. Es cierto que París es un centro con mayor peso cultural desde el punto de vista de la historia y de la tradición, aunque ahora haya sido desplazada. Pero Nueva York es el núcleo.

Para justificarse, muchos artistas argentinos tratan de convencernos de que si les va mal es porque la gente no entiende nada

Estados Unidos tiene la cultura de lo nuevo, pero absorbió gran parte de la antigua cultura universal. Es cierto que tiene varios museos que no son de los más afortunados, pero están ahí, y ahí está el poder. Y es entonces que artistas argentinos como Tomás Clusellas, Guillermo Kuitca, Liliana Porter o Guillermo Conte, entre otros, se han abierto un mercado porque desde acá es imposible exportar. No somos muy creíbles para el mundo, y el mundo nos ignora. La Argentina tiene una cultura propia: todo el mundo conoce y estudia a Jorge Luis Borges, a Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo o a Julio Cortázar, pero la pintura es más elitista que la literatura. Y lo cierto es que para poseer cuadros se necesita mucho más dinero que para poseer libros.

Aquí hay talentos aislados, que tienen que ir a luchar a los grandes centros de arte, tienen que hacerse el nombre en esos lugares y pertenecer a ellos. Es difícil mantener la identidad y hacer lo que a uno le gusta. Uno se va adaptando a otras ideas, más globalizantes, a otras culturas, y también a contar con los beneficios y las desventajas de la contaminación. Para colmo, los argentinos tenemos gran capacidad de mimesis con el lugar al que vamos.

Las plantas del trópico se adaptan o se mueren, decía un escritor. Hay miles de artistas que se han ido de acá con mucho talento y han sido totalmente ablandados por el gusto francés. Los franceses todo lo quieren adaptar a una cierta elegancia, tradición y belleza, y en definitiva, arruinan esa cosa fuerte y tremenda que es la carga primitiva, casi carnavalesca, del continente americano. Muchos artistas argentinos, para justificar su falta de éxito, se escudan en el hecho de que no tienen suficientes libros publicados, o de que no se les ha hecho una amplia publicidad y han tenido que trabajar en forma bohemia. Y tratan de convencernos de que si les va mal es por un castigo de la sociedad o de la gente que no entiende nada. Lo más fácil es decir que el otro no entiende nada. De esa manera no se conforma un país cultural.

A veces, de una manera aislada, los artistas y los promotores del circuito de arte han conseguido algunos récords. Pero esos récords son arbitrarios y azarosos. Son datos que conforman una estadística muy poco consistente, detrás de la cual hay una gran estrategia de mercado que favorece a los grandes imperios del arte.

Actualmente, en Buenos Aires, proliferan los nuevos museos y centros culturales, pero creo que ese fenómeno fue posible a partir de la Fundación Klemm. En su momento, el noventa por ciento de la gente del mundo del arte me desaconsejó que la hiciera, por ser demasiado complicado. Una vez hecha parece todo muy sencillo, admirable y copiable y han surgido fundaciones y proyectos de museos. Gracias a Dios, hemos dado un ejemplo de que no es tan complicado hacer una fundación con condiciones museológicas y con una colección permanente que valga la pena ser visitada.

Hay quienes siguen pintando flores para decorar el living. Me parece bárbaro tener un lindo living. Pero el arte corre por otro lado

Empezamos con la galería que estaba al lado de la actual, también sobre Marcelo T. de Alvear, pero no cumplía con las necesidades culturales que nosotros queríamos plantear. Había espacio nada más que para una muestra o dos, así que abrimos la nueva y decidimos traer a pintores consagrados como Botero, Matta, Andy Warhol, Jeff Koons o Christo. Al mismo tiempo, hicimos exposiciones de arte argentino. La idea era más que nada apoyar a los jóvenes de última generación, que son los que están más al tanto de todo.

Las generaciones pasadas se ataron demasiado a un modernismo que cayó con sus valores éticos-estéticos. La nueva generación de artistas, en cambio, supo aprovechar e incorporar la tecnología ya casi por génesis. Pero se planteaba un gran problema: cómo incorporar a los jóvenes después de Andy Warhol. Exponer a alguien desconocido era como rebajar el nivel de las muestras. La fundación dio paso a los artistas emergentes. Ahora podemos darnos el lujo de mostrar gente de 25 años con el único riesgo y con el único cuidado a tomar de que sean de calidad. Si uno descubre eso, realmente es un placer. Por otro lado, este papel de traer muestras fabulosas lo han tomado el Museo Nacional de Bellas Artes, la Fundación Proa y el Centro Cultural Recoleta, entre otros. No tiene sentido que continuemos un sistema de importación -aunque sea temporario- cuando se puede rescatar artistas a los que se les puede formar una carrera. De ese modo, más adelante, pueden tener un lugar destacado dentro del panorama artístico, de acuerdo con sus condiciones. Es el caso de Luis Lindner, cuya propuesta, aunque discutible, era interesante. Ya el hecho de que resultara discutible era interesante. Pero volviendo al tema central de estas líneas, no me atrevo a decir que, por el momento, la Argentina se pueda transformar de importador en exportador de arte. Sí se puede decir en cambio, que el arte argentino ya está dando cambios muy bruscos que se manifiestan mediante artistas que interpretan plenamente la contemporaneidad y que están a la par de cualquier país del mundo. Pero ocurre que al hablar de cualquier país del mundo parece que uno se refiriera sólo a Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania, y el mundo es bastante más grande.

Creo que hay bastante optimismo sobre el arte en general. Esto se manifiesta en el hecho de volver a creer en algo. Hasta hace poco, lo usual entre los artistas era decir: "Yo no miro TV", como un rechazo a los logros tecnológicos, a la globalización. Los nuevos artistas están en una situación de privilegio por el hecho de haberse compenetrado con nuestra época. Los del pasado o los de edad media todavía no creen en los críticos ni en los compradores, sino sólo en sí mismos. Y sin embargo, el circuito del arte lo forman la teoría, el mercado, y el artista. Los galeristas, las fundaciones, los museos, son parte de la rueda. La obra sola, sin teoría o sin crítica, se vuelve medio renacentista. Hoy más que nunca, el arte es una cosa mental. A partir del arte conceptual, todas son como formas de expresión de la inteligencia. Hay quienes siguen pintando flores, o esas cositas para decorar un living. A mí me parece perfecto tener un living decorado, pero puedo comprar flores naturales. No hace falta tenerlas pintadas. El arte corre por otro lado: busca representar al hombre como expresión de ese esfuerzo de vivir y de experimentar. Quiere darle una razón en contra de sí mismo para poder expresar eso que, en definitiva, es la creación. Porque la creatividad dentro de lo artístico se da como un fenómeno superior de la existencia. Es casi como una religión.

(*) Destacado marchand porteño, preside la Fundación Klemm.


#ArchivoPIETRO: Ricky Pashkus "El éxito es continuar"

 

Transcripción de texto por Gemini IA

El éxito es continuar
por Ricky Pashkus (*)
Via Libre de La Nacion, circa 1997

Me dedico a coreografiar y dar clases de danza desde hace muchos años; tengo la gran suerte de poder hacer aquello que amo. Siempre me interesó la templanza con la que los artistas enfrentan la adversidad y el éxito. Aún me llama la atención cómo transitan ese camino plagado de obstáculos, muchos de los cuales están en nuestra propia naturaleza.

También es cierto que conocí gente para la que un primer éxito resonante fue tan paralizante como para otros lo fue un fracaso; no podían continuar.

En contacto con los artistas que tuve y tengo la oportunidad de trabajar y con mis alumnos, fui aprendiendo a reconocer los mecanismos que hacen a la comunicación y a la resistencia que ofrecemos a los cambios (yo mismo tardé varios años en darme cuenta de que mi carrera de actor no era un medio por el cual yo podía expresarme, hasta que recordé que de chico me gustaba bailar y ahí empezó otra historia). Dejar que unas cosas se fueran y aparecieran otras no era sencillo. La generosidad de los grandes artistas, que se exponían vulnerablemente frente a su público, me producía admiración. Veía imágenes de artistas de rock que se zambullían frente a un estadio lleno de gente que los trasladaba en andas. Estaban totalmente expuestos. Sin embargo, al salir, rodeados de guardaespaldas, temían el acoso de algún maniático. Había un tiempo para exponerse y un tiempo para protegerse.

Las preguntas de mis alumnos me obsesionaban: ¿Sirvo para esto? ¿Tendré éxito? ¿Podré vivir de mi profesión? Pocos eran los que podían disfrutar del camino como un fin en sí mismo, había excesiva expectativa por un resultado que, incluso cuando asomaba, ya no alcanzaba.

Continuar: ése era el gran problema. Veía que trabajar sólo en función del éxito era vivir en zona de terremoto, si no iba acompañado este proceso de una verdadera necesidad de crecimiento y aprendizaje.

En algún momento comencé a dirigir y fue mediante los artistas y los alumnos que conocí la valentía de animarse a no saber, a exponer la duda, a gozar y a sufrir en público.

Todo esto me llevó a revisar mi historia: cómo había llegado, aunque a los tumbos, a tener una tolerancia a la exposición y una continuidad en la tarea.

Cuando era chico quería ser famoso. El tiempo fue pasando y las cosas fueron cambiando. Empecé a dudar de mi saber por tener la convicción de que lo que había transitado no alcanzaba para conformar ninguna certeza. Todo era relativo. Simultáneamente, sentía una profunda necesidad de expresarme.

Al tiempo deduje que muchas de las angustias que padecía, sin orden ni dirección, eran sensaciones que llegaban a mi corazón antes de que mi cabeza pudiese elaborarlas. Veía en mí contradictorias necesidades: Quería estudiar y no estudiar. Quería trascender, pero no de cualquier manera, o sí de cualquier manera. Temía no poder vivir de mi vocación.

Fue entonces cuando una voz inteligente me explicó que la vocación no era exactamente el deseo de hacer algo, sino la imposibilidad de dejar de hacerlo. Era un privilegio, pero también un límite. No sería otra cosa que lo que debía ser, aquello para lo que había nacido y tenía una sola obligación, la de crecer.  

No podía ocuparme tanto del don, si es que alguno tenía, sino que debía entrenarme para conducir ese don, lo que con el tiempo comprendí era el verdadero talento. Tolerar, ser paciente, fracasar mil veces y triunfar de modo y de maneras no previstos. Era cuestión de despojarse, ser más frágil, hasta el límite de lo posible. Era cuestión de no saber.  

Mientras trabajaba en forma casi adictiva creando coreografías, vi en otros cosas que impactaron. Un gran amigo, actor, recibió la noticia de que su padre había fallecido en el entreacto de una obra; él continuó interpretándola hasta el final. El trabajo, el estar en el lugar elegido, lo salvaba de la más profunda desesperación. Era el acto amoroso más bello.

Comprendí que la pregunta no era, finalmente, si servía para eso que había elegido, sino si estaba dispuesto a servirlo hasta las últimas consecuencias.

Me explicaron que ejercer mi vocación era lo que hacía de mí un profesional, cosa que por supuesto no implica que no debiéramos estar todos bien pagos por nuestro oficio y no tener que sufrir las terribles penurias que actualmente se viven.

En nuestro país, específicamente en la danza, la gran mayoría de los artistas no está bien remunerada. Sin embargo, algunos continúan y otros no. Hay obras bellísimas, fruto de la perseverancia y obsesión de coreógrafos que contra todo sacan a flote sus proyectos. Por el propio bien y el ajeno, creo que el éxito es trabajar y que trabajar sólo para el éxito es una manera de no querer enterarnos de que somos mortales. Sin duda, el éxito es trabajar y es mejor verlo así para no sufrir por pavadas y sufrir por lo que nos toca. El éxito es trabajar, porque el gran éxito es continuar.

Este es el momento en el que encuentro sentido a aquellas cosas que parecían no tenerlo, y puedo mirar hacia adelante sin saber claramente lo que se viene con algo menos de angustia. El riesgo me asusta y me excita. El alivio es, paradójicamente, saber que no tengo opción. Es el camino. Y creo que cada vez sé menos. Pero al fin y al cabo, quién me quita lo bailado. ■

(*) Coreógrafo

Imagen mejorada con ChatGPT



Mes del Orgullo. Orgullos y Raros: Extraccion de la piedra de la locura de Alejandra Pizarnik - Primera Edición


Extraccion de la piedra de la locura de Alejandra Pizarnik 

Primera Edición 

Sudamericana, 1968


En 2002 al cumplirse 30 años de su muerte, el Municipio de Avellaneda organizó un mes para homenajearla. Hubo una muestra donde se exhibieron objetos de Pizarnik, algunos recuperados gracias al lamentablemente desaparecido Centro Cultural Alejandra Pizarnik. Mi ejemplar también estuvo expuesto. Y fui invitado a cerrar el mes homneja estrenando en el Teatro Roma mi espectáculo "Palabra Desgarrada" inspirado en el universo Pizarnik. 

Mas de Pizarnik en #ArchivoPIETRO (incluso curiosidades como su dni, etc) en https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/Alejandra%20Pizarnik



#ArchivoPIETRO: Emilio Disi "SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL"

 

Trasncripción de texto por Gemini IA

Emilio Disi, un actor que disfruta cuando la gente se divierte

"SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL" (circa 1989)

La sensación de permanente movimiento trasciende sus gestos. Emilio Disi, actor, productor, en fin "un hacedor de cosas", como él mismo se define, se manifiesta cabalmente a través de sus diversas actividades en el espectáculo.

No exenta de autocrítica, su palabra esconde, quizás, lo que todavía no encontró: alguien que le exija más.

—¿Por qué es tan difícil encontrarlo?
—No, no es tan difícil. Yo me tomo tiempo para mis amigos, para el deporte, para ocuparme de mí, entonces, no estoy casi nunca porque me estoy ocupando de las cosas que me gustan. Además, ante determinadas personas uno se pregunta, ¿qué tengo yo para decirle?

—Justamente yo también me venía preguntando. ¿De qué voy a hablar con Emilio Disi? ¿Usted trabaja por amor o por dinero?
—¿Cómo?

—Sí. ¿Trabaja por amor o por dinero?
—Yo trabajo porque me gusta. Empecé porque tenía vocación de actor.

—¿Y después?
—Después tuve la suerte de ser actor en una época en que esta profesión era redituable.

—Entonces, ¿ahora podría vivir de rentas?
—Yo no podría vivir sin hacer algo. Me aburriría como un loco, me sentiría mal. Soy un tipo que necesita hacer cosas. Desde que empecé en esto yo soy el que genera los espectáculos. La primera vez que me llamaron para hacer algo en televisión fue con Stress. Antes iba a los canales y decía: Tengo tal idea.

—Dígame: esta televisión maravillosa que los argentinos miramos, ¿es el resultado de una conspiración internacional o es producto de las puras fuerzas autóctonas?
—Si fuera tan pensada como usted dice, habría que darle el premio Nobel. Es imposible que una sola persona pueda inventar tanta basura, tanto desastre. Pero no quiero hablar mal de la televisión.

—Al contrario, hablemos bien. Nadie le reconoce a la televisión un valor incuestionable: ser una gran fuente de trabajo. Los índices de desocupación de la Argentina serían mucho más alarmantes sin televisión.

—Hoy se hacen más programas nacionales. Hay canales que tienen una sola serie extranjera por día.

—Entonces coincidimos. Si no sirve para otra cosa, por lo menos sirve para dar trabajo. Hay fábricas que uno no sabe qué fabrican y nadie las cuestiona.
—Si hablamos de televisión, nos tenemos que incluir nosotros, los que la hacemos.

—Usted dirá.
—Yo tengo la conciencia tranquila. El año pasado estuve haciendo un programa excelente. Fue una perlita dentro de la televisión argentina.

—Para un tipo con su "prontuario", ¿estaría para el Molière, el Oscar o el Martín Fierro?
—No, no sé si para el Molière, pero me rescato. Y mire que soy bastante humilde. No podría haber dicho lo mismo en otro caso.

—Tuvo suerte, Juan Carlos Mesa es un autor interesante. "Las hormigas" fue uno de los mejores programas: buen libro, buen elenco y muy buena onda. ¿Usted se divierte cuando trabaja?
—Sí, además, con Dorys nos gusta trabajar juntos.

—¿Y los contratan juntos?
—Siempre nos contratan juntos. Por otra parte, tratamos de estar juntos. Entre los dos generamos ideas. ¡En esta profesión si uno no se divierte, va al muere como loco!

—Y de la comedia que está haciendo en Mar del Plata, ¿qué me puede decir?
—¿Por qué me pregunta con cara de póquer? Mire: yo he aprendido que determinados espectáculos funcionan muy bien a pesar de que muchos entendidos hayan vaticinado que serían un fracaso, y también que otros espectáculos de los que se creía que tenían el éxito asegurado se caigan porque nadie va a verlos. En Mar del Plata nos va divinamente. Nos divertimos nosotros y se divierte el público, que nos apoya sin reservas.

—Quiere decir, entonces, que está conforme con la vida.
—Desde luego. No puedo quejarme para nada. Por otra parte, creo que ya he recibido suficientes cachetazos, y no estoy dispuesto a hacerme más mala sangre.

—¿Tiene alguna receta —posta— para pasarme?
—Cuando tengo algún problema...

—¿Actoral?
—Actoral o de cualquier tipo, hago lo siguiente: me duermo durante una hora y media y me levanto hecho otro. ¡Da unos resultados bárbaros! Hace ocho o diez años me dije: basta. ¡Chau!

—¿Qué le hizo clic?
—La muerte de mi viejo, que era el tipo más hermoso que había sobre la tierra. Ahí dije: basta. ¡Qué más me puede pasar!

—Para que usted pueda dormir una horita, debe de haber un equipo de gente que le solucione los problemas.
—Si cada uno hiciera bien su trabajo, la vida sería más fácil.

—¿Usted qué tal hace lo suyo?
—Estupendo. Yo lo mío lo cumplo. Saldrá mal o bien, pero lo cumplo. Soy cumplidor. Lo mío es hacer reír a la gente. Y no hay nada que me guste más en la vida. Cuando estoy en el escenario y escucho a la gente reír, me doy por satisfecho.

—No se enoja si le digo que usted más que un gran actor, parece un gran zafador. ¿Nunca se planteó algo más exigente?
—Yo soy un tipo que se lee 500 comedias por año. Leo todo. ¿Usted cree que es fácil conseguir comedias?

—Bueno, ese no es mi tema. Cuando voy al almacén yo no pido 200 gramos de comedias...
—¡Es que no hay! Ni en la Argentina ni en el mundo hay buenas comedias.

—Don Emilio, estoy hablando de un esfuercito de producción, de hacer todo un poquito más elaborado.
—Hace un tiempo me estaba mirando en un programa de TV y decía: "No puede ser que yo haga tantos gestos, tantas caras". Dije: "¡¡¡Basta!!! Voy a empezar de cero".

—¿Qué es empezar de cero para un tipo como usted?
—Decir no a un texto endeble para no tener que llenar el personaje de gestos que lo conviertan en una porquería. Entonces trato de no exagerar, de sacarme los tics. Es un replanteo: ¡Basta, basta! Me gustaría encontrar un director que me diga: "Esto no lo hagas así, no exageres, hacelo así". Yo salí del conservatorio, viví 8 años en el San Martín encerrado, haciendo todos los dramas habidos y por haber. Y me cansé.

—Para despedirnos, señor Emilio Roberto Parada, una autocrítica, por favor.
—Los actores argentinos hacemos un personaje detrás de otro, y en vez de meternos adentro del personaje, hacemos de nosotros mismos. Es un problema de comodidad. Si a la gente le gusta como soy, ¿para qué voy a cambiar? Y en vez de tirarse a la pileta, uno se va convirtiendo en la parodia de uno mismo. □

Any Ventura

Clarín Revista | Fundador: Roberto Noble | Directora: Ernestina Herrera de Noble | Edición Nº 15.421 | 3



#ArchivoPIETRO: Chunchuna Villafañe "Las mujeres debemos elegir nuestro destino"

 


Chunchuna Villafañe "Las mujeres debemos elegir nuestro destino" (circa 1983/1984)

Acceso a este archivo en formato digital: bibliotecalgttb@gmail.com 

Si una mujer tiene por vocación ser ama de casa nada más, me parece bien. Pero si tienen otras preocupaciones o inclinaciones y no las desarrollan, nunca estarán contentas con ellas mismas porque pensarán que la felicidad viene de afuera.

Chunchuna Villafañe



17/6/26

#ArchivoPIETRO: No solo rock en la sangre

 


No solo rock en la sangre (circa 1991/1992)

por Jorge Auditore

Desde el trágico final del cantante Freddie Mercury a manos del SIDA, toda la comunidad rockera internacional está conmocionada. A mucho pesar de los fans del mundo, parece haber llegado el momento de cambiar la consigna "sexo, drogas y rock & roll" por una propuesta acorde con los tiempos que corren.

Acceso a la digitalizacion de este archivo: bibliotecalgttb@gmail.com 



#ArchivoPIETRO: Grace Jones la noche de la pantera negra

 

Transcripción de texto con ChatGPT

La noche de la pantera negra*
Texto: Inés Campodónico
Fotos e informe: Focus

En una iglesia neoyorquina convertida ahora en discoteca, la negra Grace Jones —una de las más conmocionantes modelos, cantantes, actrices y show women de estos tiempos— protagonizó un show unipersonal de muy alto voltaje. La provocación tuvo un objetivo: despertar a una ciudad dormida, cuyas noches se han hecho más que tranquilas bajo las sombras atemorizantes del SIDA y la recesión económica.

La Nueva York de los noventa es distinta, menos noctámbula quizá. Las nuevas costumbres —es decir, el miedo al SIDA, a los asaltos, más la decadencia de los yuppies arrasados por el crack de Wall Street— forzaron a las más grandes discotecas como Club 54, Palladium y Xenon a cerrar sus puertas.

Pero no todo es lamento en Manhattan. Todavía hay gente a la que le fascina bailar hasta que las velas ardan. Como Grace Jones, la pantera negra, sacrílega hasta la médula, que organizó una imponente fiesta en Limelight. Pavada de lugar eligió esa célebre modelo y cantante-actriz: hasta hace pocos años, Limelight era el esqueleto de una iglesia estilo gótico donde se celebraba misa. Como Dios manda, claro.

Pero a la célebre modelo y cantriz poco le importó el pasado solemne del edificio. Convocó al “tout Nueva York”, sus amigas íntimas, las megamodelos Naomi Campbell, Christie Turlington y la no tan pequeña Drew Barrymore (actriz-niña de E.T.) fueron de la partida y —de golpe, entre luces de neón y humo seco— se mandó un simulacro de strip tease que cargó el templo de un bellísimo erotismo.

El espectacular figurón de la Jones, su plasticidad de tigresa, demostró al mundo que su strip tiene poco que envidiarle a Madonna. Otra sacrílega, si las hay.

*Por las referencias al Limelight, al miedo al SIDA y a la recesión de comienzos de los 90, la nota parece ser de principios de la década de 1990, probablemente entre 1990 y 1992. / Pagina de CLARIN REVISTA 




ArchivoPIETRO: EL PARQUE DE DIVERSIONES DEL MACHO ARGENTINO: UN TUTÚ EN LA NOCHE MENEMISTA

 

Transcripción de texto por ChatGPT

El parque de diversiones
Texto: David Wroclavsky
Fotos: Roberto Pera
(circa 1996/1997)

Noche de jueves en los Bosques de Palermo. Son las once y cinco y una suave brisa acaricia las copas de los árboles anunciando la llegada anticipada del verano. El empresario italiano Sergio Pezzotti viste elegante sport y baja de un automóvil de 60.000 dólares en la puerta del complejo Buenos Aires News. Un minuto después es recibido por los dueños de casa, para luego ser escoltado hasta su mesa, en el exclusivo salón VIP. Allí lo espera el representante de futbolistas Gustavo Mascardi. El tema será el pase del delantero Marcelo Salas. Pezzotti quiere llevarlo de River a la Juventus. Mascardi pone el precio.

A menos de cinco metros, un grupo de chicas de 20 años se deja fotografiar sus ajustadas curvas. El fotógrafo suspira. Y no por las chicas. Está preocupado porque desde hace dos meses trabaja la misma cantidad de horas para ganar menos dinero: los famosos no quieren salir a la calle. Y entre las 1.400 personas que ahora exprimen los 2.500 metros cuadrados de Buenos Aires News no brilla ninguna estrella. En la pista no cabe un mosquito, pero al VIP le falta voltaje: algunas modelitos nuevas, otras pasadas de moda y un puñado de chicos con más apellido que méritos no le cambian la vida a nadie. Y los empresarios —que los hay y en cantidad— todavía no tienen programas de televisión.

Cotizado en una cifra próxima al millón de dólares, Buenos Aires News apostó desde el principio a la presencia de notables como estrategia comercial. Aunque la mayoría de los famosos no paga lo que consume, las caras conocidas funcionan como un anzuelo para los flashes: una modelo festeja su cumpleaños, una marca de jeans lanza un nuevo producto, una cerveza promociona una fiesta. Publicidad para todos y contentos. La consecuencia es simple: el lugar se pone de moda y la facturación aumenta. El sistema funciona y ponerlo en práctica no parece ser un pecado.

En solo un año, por el VIP de Buenos Aires News han pasado, además de Madonna y Maradona, un ejército de figuras. Y aunque ahora muchos famosos prefieran quedarse en casa mirando la tele, sus dueños apenas admiten haber sufrido el golpe: la cantidad de gente disminuyó, pero ellos dicen que no vale la pena pasarlo a números. Aunque acreditan haber sentido la onda expansiva generada por la detención de Guillermo Coppola, aseguran que la única respuesta fue incrementar la inversión publicitaria y aumentar la oferta de espectáculos. Juran que el barco navega. Y que navega bien.

La estrategia comercial incluye la visita de famosos. Por su VIP pasaron desde Madonna a Diego Maradona.

El programa para los simples mortales —que no incluye flashes ni champagne libre— abre a las diez de la noche y ofrece un paquete casi cerrado: seis horas de entretenimiento intenso, durante las que se puede comer, beber, bailar y conversar sin salir del lugar. El tipo de público es bien definido: gente de buen nivel económico, no menor de 25 y no mayor de 50 años.

La carta del restaurante News Café —una selección de platos locales e internacionales— ofrece salmón del Pacífico y cordero patagónico, por citar solo dos títulos que, cada noche y desde hace un año, comparten cartel con los mejores vinos. Los camareros son correctos y hablan en voz baja. El poderoso jefe de seguridad apostado en la puerta parece aún más poderoso dentro de su impecable ambo negro. Adentro hay siete más.

El complejo invita, además, a otros tres lugares. Y todos dan a una misma terraza al aire libre con una pileta de natación en el centro. El restaurante Gitana tiene una carta sencilla y coqueta —30 pesos por persona— condimentada con espectáculos flamencos. A su lado, la discoteca Partagás funciona como un living: música latina y una selección de tragos que, además de los favoritos —cerveza importada y champagne con hielo—, incluye desde el martini seco hasta el bloody mary. La Barba de Fidel, un bar de inspiración londinense y espíritu rocanrolero, ocupa el último arco: el combustible favorito es el bourbon americano, el juego es el billar y la música son los primeros Rolling Stones.

El jueves es el día clave: como no todo el mundo puede circular sin tropezones hasta las cinco de la mañana —“hace falta aclarar que el viernes para muchos es un lunes lleno de esperanza”—, hay menos gente y, por lo tanto, tiene un aire más exclusivo. Jueves, entonces, es el día en que en la pista se codean muchachas vestidas para la guerra y muchachotes de traje y corbata, chicas de barrio que buscan jugar un rato y fulanos con aire de importancia. Esta noche, sobre la pasarela montada sobre la pileta, habrá varios shows: una mujer cantará jazz, cuatro chicas bailan tap y dos muchachitas atrevidas y eléctricas se moverán al ritmo de una música inocente agitando girasoles. Y la gente escuchará todo con la misma atención. El atractivo de Buenos Aires News es ese: de todo, mucho y en pequeñas dosis. Como si fuera un shopping de la diversión, un parque de atracciones nocturnas atendido por un ejército de cien empleados.

Ahora mismo, en el centro de la pista, una chica con un Che Guevara tatuado diez centímetros arriba de su corazón conversa con un tipo algo estropeado, enemigo de las bebidas sin alcohol. Y un poco más allá, un hombre de unos 35 años soporta por única vez la extrema imaginación de su banda de amigos. Se casa. Y por eso lo suben al escenario y gritan su nombre a tal volumen que resulta ya imposible entender lo que dicen. Después lo intiman a bailar una poco sabrosa pieza de Ricky Martin. La gente celebra. Los patovicas se ponen alertas. Sus amigos aclaran que el tipo es un respetado médico deportólogo y que se casa con una bailarina. Recién entonces se entiende por qué el doctor luce con tan poca dignidad un vaporoso tutú de gasa blanca.


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