EDUARDO GUDIÑO KIEFFER ESCRIBE DESDE LOS ESTADOS UNIDOS
COMO VIVEN LOS ARGENTINOS EN LOS ANGELES
LOS ANGELES: 8.000.000 de habitantes; 1.000.000 de latinoamericanos; casi 40.000 argentinos.
Los Angeles, California. La segunda ciudad de los Estados Unidos de América. Un sistema de autopistas inigualable, enormes barrios de sobrias casas de madera, repentinos rascacielos creciendo en el "down town" (centro) y algunas zonas determinadas, cinturón fabril gigantesco, aeropuerto del cual despega un avión cada segundo rumbo a cualquier parte del mundo, smog que hace arder los ojos y borra los contornos del paisaje, montañas de cumbres nevadas y el contraste de las altísimas palmeras tropicales que bordean las avenidas, suburbios de nombres tan sugerentes como Hollywood, Bel Air, Santa Mónica, Long Beach...
Todo eso hace de Los Angeles una ciudad muy especial, sin el indiscutible y fascinante "cachet" de San Francisco, pero con una personalidad que vale la pena observar. El rasgo más importante de esa personalidad es que Los Angeles y su zona de influencia son un verdadero "país de frontera". A pocos kilómetros del límite con México, Los Angeles recibe constantemente el aluvión migratorio que, desde el Sur, sube buscando mejores condiciones de vida y de trabajo. Por herencia histórica y situación geográfica, el español es un idioma que se habla prácticamente en todas partes, lo que acentúa el atractivo de la región para los latinoamericanos. Y hay nada menos que un millón de latinoamericanos entre los ocho millones de habitantes de Los Angeles. De ese millón de latinoamericanos, la mayoría es mexicana. Siguen después los provenientes de países centroamericanos sumados. Luego los colombianos. Los argentinos no son demasiados, y sin embargo su número trepa casi hasta la cifra de cuarenta mil. Y cuarenta mil auto-exiliados no son poco: constituyen la población de una ciudad relativamente importante en nuestro país, conforman un grupo que obliga a una serie de interrogantes: ¿por qué se va tanta gente de la Argentina, que demográficamente casi no progresa? ¿Y qué hace esa gente allá? ¿En qué trabaja? ¿Cómo se siente en un país que no es el suyo? ¿Piensa en volver o piensa en quedarse para siempre? Lo más fácil parecía acudir a las asociaciones de residentes argentinos existentes, para contestar aunque sea alguna de esas preguntas. Pero cuando me dijeron: "hay una carnicería donde cortan la carne igual que en Buenos Aires", pensé que era allí donde podría pulsar mejor la manera de sentir y de pensar de un argentino en Los Angeles. Y creo que no me equivoqué.
"EL CORAZON SIEMPRE TIRA"
En Sunset 3814 está San Remo, Almacén y carnicería. Es cierto: la carne está cortada igual que en Buenos Aires. El responsable del milagro se llama Antonio Beretta (porteño, 39, casado, 2 hijos), que con un socio ecuatoriano, José (Pepe) Delgado, afronta no sólo la tarea de despachar asados de tira, bifes de costilla y achuras a clientes pampeanos nostálgicos, sino también la de tratar de imponer vinos, dulces, yerba y otros productos argentinos que no siempre pueden venderse allá a precios accesibles.
El diálogo resulta fácil, quizá porque entre banderines de fútbol, botellas de tinto nacional, latas de mermelada de membrillo, discos de Leo Dan, Palito, Troilo y Gardel, uno se "ambienta" con más facilidad. Por otra parte, Beretta es lo que se puede definir, sin vacilaciones, como "un tipo macanudo". ¿Por qué? Porque es todo lo contrario de un lamentable espécimen argentino, ave migratoria, que cuando llega a otro país trata de imponerse con fanfarronería, menospreciando a todo y a todos (especialmente a otros latinoamericanos, que así tienen de nosotros una imagen desastrosa), pasándosela de vivo y de sobrador y dejando a su paso un tendal de broncas más o menos disimuladas. Beretta, no: es como es. Sencillo, un poco tímido, dispuesto a contestar sin rebuscamientos ni ocultamientos.
—Vine en 1965... ¿Por qué? Bueno, mire: la verdad es que por curiosidad. A ver qué pasaba. No es que no tuviera trabajo en Buenos Aires, es que quería probar otra cosa...
—¿Y pasó algo?
—Sí, pasó, pero con el tiempo. Al principio estuve tres meses sin trabajar. Después empecé a limpiar ollas en el hotel Beverly Hills. Ganaba 47 dólares semanales. Luego entré como ayudante en el diario "Los Angeles Times", y tuve otro trabajo part-time, lo que me permitió desenvolverme mejor...
—¿Cómo llegó a tener este negocio?
—Hace cosa de año y medio entré como empleado. Después las cosas fueron bien, me asocié con Delgado y lo compré. Corto la carne como en Buenos Aires y traigo productos argentinos, porque casi toda mi clientela es argentina.
—¿Le es fácil traer esos productos?
—No demasiado fácil. Me gustaría tener más vinos de mi país, pero es imposible. Supongo que el problema está en los fletes, que los encarecen mucho. Mire, por ejemplo: los vinos chilenos e italianos, buenos y de inmejorable presentación, puedo venderlos a 99 centavos de dólar la botella. Y el vino argentino más barato tengo que venderlo a 1 dólar 39 centavos...
—No veo dulce de leche por ninguna parte...
—Es que no puedo traerlo. La cuota de materia prima que debe tener, según la ley norteamericana, no coincide con la argentina...
—¿Ve usted alguna solución para esos problemas?
—Pienso que es una cuestión legal, para favorecer la exportación y "crear" mercado aquí. Pienso también que sería interesante para mí llegar a un entendimiento directo con algunos exportadores argentinos. Por ejemplo, estoy seguro de que si tuviera en venta vermouth de mi país lo vendería mejor que el italiano...
—Cada vez que usted dice "mi país" lo dice con verdadero afecto. ¿Piensa volver?
—Le voy a decir la verdad: yo estoy muy agradecido a los Estados Unidos. Esta tierra ha sido generosa conmigo: aquí he podido trabajar, ahorrar, y estoy educando a mis hijos. ¡Pero qué quiere que le diga! Yo uso la filosofía y la filosofía me dice que uno tiene que ver la realidad. La realidad es que aquí estoy bien... pero que tengo unas ganas bárbaras de volver... ¡El corazón siempre tira!
ANTONIO BERETTA:
cortar la carne "a la argentina",
importar productos argentinos. Un negocio.
DELIA Y VICENTE SCHONFELD:
leer revistas argentinas
es un modo de "visitar" el país.
UNA MANERA DE ESTAR CERCA
En un rincón de San Remo veo una estantería con revistas. Y entre las revistas descubro, de inmediato, a GENTE y a "Para Ti". Justamente una pareja las está hojeando, evidentemente interesada. Me acerco y pregunto si son argentinos. Lo son. Se llaman Delia y Vicente Schonfeld.
—Siempre las compramos —dice Delia—. Estas revistas son una manera de estar cerca de allá, de "visitar" un poco lo nuestro. Porque no es tan fácil tomar un avión para ir a cada rato...
—¿Trabajan ustedes en Los Angeles?
—Naturalmente —dice él—. En este país nadie vive sin trabajar. Yo soy asistente del supervisor en la Empex Corporation...
—Y yo —agrega su mujer— realizo desde hace cuatro años los trajes de la Motion Picture Costumes.
—¿Se encuentran bien, contentos, satisfechos?
—Sí, claro que sí. Hay muchas posibilida-