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14/7/26

Archivos Incompletos: Enrique Liporace la renuncia al éxito masivo para no destruirse como hombre y resguardar su integridad artística (1971)

    ¿Qué son los ARCHIVOS INCOMPLETOS?

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que lo el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. O tal vez, encuentro algún recorte curioso, que elijo dejar aquí como en una capsula del tiempo mas allá de que me interese o no. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.


EN ESTA ENTREGA: Enrique Liporace (circa 1971-1972)


Enrique Liporace,

actor,

comenzó en papeles

secundarios

para tiras televisivas.

Más tarde,

como galán y

protagonista, alcanzó

la popularidad. Ahora,

después de viajar a

los Estados Unidos,

ha decidido dedicarse

sólo al teatro.

"Soy otro Liporace".


CUANDO

EL ESPECTACULO ES

TRABAJAR DURO

Quería triunfar, luchó durante cinco años para conseguirlo y cuando lo logró... dejó todo y se fue...

—¿Por qué se fue?

—Para no perecer, para no acabarme como hombre.

Es una frase importante, demasiado compleja para no ahondar en ella. Sin embargo es difícil; Enrique Liporace es demasiado encerrado en sí mismo para lograr entenderlo con una pregunta. Conversar con él es como un juego que tiene el contrapunto de anémicos monosílabos. Pero más allá de esos monosílabos hay algo. Hay que descubrirlo. Por eso nada mejor que cambiar de escenario para la charla. Liporace elige el lugar. No es una plaza. No es un café. No es una vereda cualquiera. Es algo que de pronto lo define más que todo lo que pueda decir: el aeroparque. El efecto es instantáneo: Liporace se convierte en "Quique". Se suelta y la conversación no necesita ser apuntalada continuamente por preguntas.

—Las hélices, el ruido, el olor del aeropuerto me fascinan. Este vaivén continuo de gente que va y viene me gusta...; es como si uno fuera a tomar el avión.

Acomoda su pelo disperso y sonríe. Entonces parece perder el miedo y habla. Así nos enteramos de que su madre es hija de alemanes; de que su padre es comerciante; de que su hermano tiene 31 años y es doctor en química; de que su infancia fue muy normal; de que tuvo su primera bicicleta a los ocho años, un día de Reyes; de que se enamoró de su maestra de primero superior y de que a los quince años ya no tenía dudas de que quería ser actor y luchó con toda la incomprensión familiar para lograrlo.

—¿Cuál fue su primer papel importante?

—Fue en la tira diaria "Los hermanos". Aunque ya había hecho teatro, el público empezó a conocerme en ese momento. Duró tres años; yo tenía a mi cargo el personaje del hermano menor, un muchacho simpático, egoísta y malcriado. Además muy lírico, como yo era entonces.

—¿Ya no es lírico, Enrique?

Antes de contestar se pasa repetidas veces la mano por el pelo, luego las refriega una contra la otra. Aprieta los dientes y casi con rabia dice: ¡No!... Es un no tajante. Pero es un "no" con puntos suspensivos... Detrás de esa pausa reflexiva viene enseguida la explicación:

—... Ahora hay que ser práctico, si uno quiere ser alguien... Ahora sé que lo importante es un cachet, lógicamente dentro de algunas condiciones para no disminuirse como actor, hay que entrar en el juego o "rajarse" si uno no quiere prostituirse...

Otra vez la misma pausa nos dice que podemos seguir preguntando y lo hacemos.

—¿Por eso se fue?

Antes de responder se para... Es de estatura normal y viste de un modo "casi" clásico. Un saco gris a cuadros, un sweater "Shetland" recién traído de Londres, pantalón negro de corderoy y unos impecables mocasines de "Guido" recién lustrados. Un pañuelo azul hace juego con las medias. El cuello de la camisa, blanca, es lo único que está fuera de sitio. Se siente observado y explica:

—Odio las ballenitas de la camisa, prefiero el cuello arrugado.

Decididamente no quiere responder la pregunta. Se pone inexplicablemente nervioso; parece que va a dar por terminada la entrevista. Pero sonríe y vuelve a sentarse.

—¿Alguna vez sintió que se deterioraba como hombre?

—Sí, muchas veces, pero desgraciadamente en una sociedad como la nuestra es el precio que se tiene que pagar.

—¿Por qué?

—Porque todo debería ser diferente, porque todo el mundo tendría que tener posibilidades para llegar, porque nadie tendría que tratar de hundir a nadie...

Esta vez la pausa se llena de una sonrisa. Otra vez la embestida de la timidez. Abriendo sus brazos trata de explicar, de amortiguar sus palabras:

—Lo que pasa es que todavía soy muy joven y me queda algo de lirismo... eso me ocurre cuando hablo demasiado.

Entonces rápidamente, apurado, nos reseña todo lo que hizo desde que el éxito lo alcanzó en "Los hermanos". Después de tres años de actuar en la tira continuamente se convirtió en primera figura de teleteatro. Al punto de que gracias a él se formó un nuevo rubro televisivo, "Enrique Liporace-Marta González", que interpretó dos novelas de un año de duración cada una: "La gata" y "La chica del bastón". Luego comenzó a trabajar en "Matrimonios y algo más" y en "El ciclo de teatro 13". Pos


2/7/26

#ArchivoPIETRO: Antonio Gasalla - Flor de la V (1999) Edictos policiales y la identidad travesti en los 90

Más respeto, che

■ En Gasalla en libertad (Canal 9, viernes a las 22) Florencia de la Vega fue entrevistada por Edith, la periodista que encarna el actor. En un momento de la jugosa entrevista, Florencia reivindicó a los travestis: "Ahora con todo esto de los edictos, se le dio a cualquier hombre que trabaja en una empresa de construcción ponerse peluca y andar girando por ahí. Antes las travestis eran más femeninas. Mi tío Anselmo sale con peluca y es una mujer. Cualquier viejo barbudo es una mujer. Y no es así, porque así se ve a todos en la misma bolsa".

 


28/6/26

#ArchivoiPIETRO: La casa de Carlos Perciavalle (1976)

 


VALE CINCO MIL MILLONES DE PESOS

LA CASA DE CARLOS PERCIAVALLE

En Laguna del Sauce, una zona rural de Montevideo, muy cerca, pero no tanto como para que la aturda su ruido, de Punta del Este. Un lugar donde los sauces se inclinan respetuosos de la belleza, de la que también ellos forman parte. Allí se levanta esta maravilla en la que, además, se puede vivir.

Fotos: ALDO ABACA

SOLICITA ESTE ARCHIVO DIGITALIZADO: BIBLIOTECALGTTB@GMAIL.COM 









18/6/26

#ArchivoPIETRO: Emilio Disi "SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL"

 

Trasncripción de texto por Gemini IA

Emilio Disi, un actor que disfruta cuando la gente se divierte

"SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL" (circa 1989)

La sensación de permanente movimiento trasciende sus gestos. Emilio Disi, actor, productor, en fin "un hacedor de cosas", como él mismo se define, se manifiesta cabalmente a través de sus diversas actividades en el espectáculo.

No exenta de autocrítica, su palabra esconde, quizás, lo que todavía no encontró: alguien que le exija más.

—¿Por qué es tan difícil encontrarlo?
—No, no es tan difícil. Yo me tomo tiempo para mis amigos, para el deporte, para ocuparme de mí, entonces, no estoy casi nunca porque me estoy ocupando de las cosas que me gustan. Además, ante determinadas personas uno se pregunta, ¿qué tengo yo para decirle?

—Justamente yo también me venía preguntando. ¿De qué voy a hablar con Emilio Disi? ¿Usted trabaja por amor o por dinero?
—¿Cómo?

—Sí. ¿Trabaja por amor o por dinero?
—Yo trabajo porque me gusta. Empecé porque tenía vocación de actor.

—¿Y después?
—Después tuve la suerte de ser actor en una época en que esta profesión era redituable.

—Entonces, ¿ahora podría vivir de rentas?
—Yo no podría vivir sin hacer algo. Me aburriría como un loco, me sentiría mal. Soy un tipo que necesita hacer cosas. Desde que empecé en esto yo soy el que genera los espectáculos. La primera vez que me llamaron para hacer algo en televisión fue con Stress. Antes iba a los canales y decía: Tengo tal idea.

—Dígame: esta televisión maravillosa que los argentinos miramos, ¿es el resultado de una conspiración internacional o es producto de las puras fuerzas autóctonas?
—Si fuera tan pensada como usted dice, habría que darle el premio Nobel. Es imposible que una sola persona pueda inventar tanta basura, tanto desastre. Pero no quiero hablar mal de la televisión.

—Al contrario, hablemos bien. Nadie le reconoce a la televisión un valor incuestionable: ser una gran fuente de trabajo. Los índices de desocupación de la Argentina serían mucho más alarmantes sin televisión.

—Hoy se hacen más programas nacionales. Hay canales que tienen una sola serie extranjera por día.

—Entonces coincidimos. Si no sirve para otra cosa, por lo menos sirve para dar trabajo. Hay fábricas que uno no sabe qué fabrican y nadie las cuestiona.
—Si hablamos de televisión, nos tenemos que incluir nosotros, los que la hacemos.

—Usted dirá.
—Yo tengo la conciencia tranquila. El año pasado estuve haciendo un programa excelente. Fue una perlita dentro de la televisión argentina.

—Para un tipo con su "prontuario", ¿estaría para el Molière, el Oscar o el Martín Fierro?
—No, no sé si para el Molière, pero me rescato. Y mire que soy bastante humilde. No podría haber dicho lo mismo en otro caso.

—Tuvo suerte, Juan Carlos Mesa es un autor interesante. "Las hormigas" fue uno de los mejores programas: buen libro, buen elenco y muy buena onda. ¿Usted se divierte cuando trabaja?
—Sí, además, con Dorys nos gusta trabajar juntos.

—¿Y los contratan juntos?
—Siempre nos contratan juntos. Por otra parte, tratamos de estar juntos. Entre los dos generamos ideas. ¡En esta profesión si uno no se divierte, va al muere como loco!

—Y de la comedia que está haciendo en Mar del Plata, ¿qué me puede decir?
—¿Por qué me pregunta con cara de póquer? Mire: yo he aprendido que determinados espectáculos funcionan muy bien a pesar de que muchos entendidos hayan vaticinado que serían un fracaso, y también que otros espectáculos de los que se creía que tenían el éxito asegurado se caigan porque nadie va a verlos. En Mar del Plata nos va divinamente. Nos divertimos nosotros y se divierte el público, que nos apoya sin reservas.

—Quiere decir, entonces, que está conforme con la vida.
—Desde luego. No puedo quejarme para nada. Por otra parte, creo que ya he recibido suficientes cachetazos, y no estoy dispuesto a hacerme más mala sangre.

—¿Tiene alguna receta —posta— para pasarme?
—Cuando tengo algún problema...

—¿Actoral?
—Actoral o de cualquier tipo, hago lo siguiente: me duermo durante una hora y media y me levanto hecho otro. ¡Da unos resultados bárbaros! Hace ocho o diez años me dije: basta. ¡Chau!

—¿Qué le hizo clic?
—La muerte de mi viejo, que era el tipo más hermoso que había sobre la tierra. Ahí dije: basta. ¡Qué más me puede pasar!

—Para que usted pueda dormir una horita, debe de haber un equipo de gente que le solucione los problemas.
—Si cada uno hiciera bien su trabajo, la vida sería más fácil.

—¿Usted qué tal hace lo suyo?
—Estupendo. Yo lo mío lo cumplo. Saldrá mal o bien, pero lo cumplo. Soy cumplidor. Lo mío es hacer reír a la gente. Y no hay nada que me guste más en la vida. Cuando estoy en el escenario y escucho a la gente reír, me doy por satisfecho.

—No se enoja si le digo que usted más que un gran actor, parece un gran zafador. ¿Nunca se planteó algo más exigente?
—Yo soy un tipo que se lee 500 comedias por año. Leo todo. ¿Usted cree que es fácil conseguir comedias?

—Bueno, ese no es mi tema. Cuando voy al almacén yo no pido 200 gramos de comedias...
—¡Es que no hay! Ni en la Argentina ni en el mundo hay buenas comedias.

—Don Emilio, estoy hablando de un esfuercito de producción, de hacer todo un poquito más elaborado.
—Hace un tiempo me estaba mirando en un programa de TV y decía: "No puede ser que yo haga tantos gestos, tantas caras". Dije: "¡¡¡Basta!!! Voy a empezar de cero".

—¿Qué es empezar de cero para un tipo como usted?
—Decir no a un texto endeble para no tener que llenar el personaje de gestos que lo conviertan en una porquería. Entonces trato de no exagerar, de sacarme los tics. Es un replanteo: ¡Basta, basta! Me gustaría encontrar un director que me diga: "Esto no lo hagas así, no exageres, hacelo así". Yo salí del conservatorio, viví 8 años en el San Martín encerrado, haciendo todos los dramas habidos y por haber. Y me cansé.

—Para despedirnos, señor Emilio Roberto Parada, una autocrítica, por favor.
—Los actores argentinos hacemos un personaje detrás de otro, y en vez de meternos adentro del personaje, hacemos de nosotros mismos. Es un problema de comodidad. Si a la gente le gusta como soy, ¿para qué voy a cambiar? Y en vez de tirarse a la pileta, uno se va convirtiendo en la parodia de uno mismo. □

Any Ventura

Clarín Revista | Fundador: Roberto Noble | Directora: Ernestina Herrera de Noble | Edición Nº 15.421 | 3



17/6/26

#ArchivoPIETRO: Gerardo Romano a corazón abierto en el circo Romano (1996/1997)

 

Trancripción de texto por ChatGPT

CÁMARA INDISCRETA “A CORAZÓN ABIERTO”

En el circo Romano

Durante cien funciones Gerardo Romano se puso, literalmente, en la piel de los nueve personajes que habitan en su unipersonal “A corazón abierto”. Luego de cuatro meses, conquistó a los 43 mil espectadores que lo vieron. Como suele suceder con sus obras, la polémica no estuvo ausente. Hasta el mismísimo presidente de la Nación se quejó por el tono crítico de los textos. Tres de esos textos fueron escritos por él mismo. Los otros son de Jorge Guinzburg, Griselda Gambaro, José Pablo Feinmann, Atilio Veronelli, Claudio María Domínguez y Susana Torres Molina.

Marginales, prostitutas y chicos solitarios, todos sus personajes hablan de la discriminación. A los 50 años y con el corazón todavía abierto para el amor, Gerardo festejó el éxito con una comida mexicana y sus amigos más íntimos.

Epígrafes:

  • Gerardo interpreta nueve personajes, entre ellos, una “chica de la calle”
  • Romano, en plena transformación
  • Un brindis con agua mineral y entre amigos

(Foto: maquillaje caracterizando a Gerardo Romano para uno de los personajes del unipersonal).



El Varón en Papel: Osvaldo Laport embarazado (1996)

  El Varón en Papel

Archivos curados por Pietro Salemme Silvert

En algunos casos cuento con los archivos fisicos completos, disponibles para su venta o fotos sin marca de agua. Info: bibliotecalgttb@gmail.com 

Mira las actualizaciones de esta sección en https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/El%20Var%C3%B3n%20en%20Papel

Una sección dedicada a rastrear cómo la prensa gráfica construyó, exhibió y transformó la imagen masculina a través de las décadas. Fotografías de famosos, desconocidos, ídolos populares, figuras mediáticas y hombres anónimos conviven en este archivo visual donde el cuerpo, la pose, la moda, el gesto y la mirada revelan los modelos de masculinidad de cada época.

Entre revistas, diarios, policiales, espectáculos, deporte y cultura popular, El Varón en Papel propone leer la historia de los hombres no solo como fueron, sino como fueron mostrados.

Metodología: Las Fotos son tomadas de diversos archivos con los que trabajo. Algunos completos, otros incompletos. De alguno tengo fechas de otros no. El registro en digital puede ser a traves de scan o camara. En algunos casos uso IA para mejorar la calidad.

En esta entrega: Osvaldo Laport (1996)


" ¿Se volvió un esclavo del físico? — Y, sí. Hago dos horas de fierros por día. Estoy agradecido con lo que me toca vivir. No reniego de mi imagen. No sé si es frívolo ser un sex-symbol o si en otros países pasó de moda. Pero si mañana me toca interpretar a un gordito, lo voy a hacer muy feliz. Hasta voy a engordar, si es necesario. Todo comenzó a hacer fierros por Viviana porque creía que debía estar bien para nosotros y por el trabajo. Cuando me tocó hacer lo de Catriel, la entrega fue total, casi una obsesión. Anoche le decía a Viviana mientras hacíamos fierros: "Coño, ya me tiene harto esto del sex-symbol". (Texto de la nota)

Antes de entrar en las referencias al EMABARAZADO voy a resalatar que:

-La nota menciona el pico de su fama con el personaje de Catriel en Más allá del horizonte, un rol que explotaba el arquetipo del "buen salvaje" hipermasculino, exótico y desnudado de forma permanente.

-El hotel de los piringundines: Cuenta que vivía en un hotel de la calle 25 de Mayo y se hizo amigo de las trabajadoras sexuales de la zona.

-La requisa policial: Relata que una noche la policía lo paró y le revisó el bolsito: "encontraron una máscara, una soga, todos los elementos que utilizaba en las clases de teatro". La combinación de la soga, la máscara y el vagabundeo nocturno tiene un subtexto bondage/fetichista inevitable. El remate del prejuicio: Ante esa escena, el actor cuenta la reacción policial con una frase explícita: "Les contesté que era actor y entonces ellos me dijeron: 'Ah: sos puto'.".

EMABARAZADOS

En 1992 el mundo habló de Edwin Bayron (también conocido como Carlo), un enfermero que fingió estar gestando un bebé. El famoso caso de "El filipino embarazado".  El engaño se basó en que se identificaba como hermafrodita. Tras meses de cobertura mundial, un examen médico demostró que todo fue una farsa.

En 1991 Demi Moore posó embaraza en la tapa de Vanity Fair, la revista vendió un millón de ejemplares y en los quioscos le tapaban el cuerpo con una bolsa blanca como si se tratase de pornografía. La imagen fue controvertida pero provocó un cambio cultural: una mujer podía estar embarazada y ser sexy.

Esta tapa se reprodujo a lo largo de los años, por ejemplo, en España, la revista EGM (disponible en #ArchivoPIETRO) "embarazó" a Miguel Bose en un ejemplar de 1994.

Mirando hacia el cine, Junior (1994), protagonizada por Arnold Schwarzenegger, Danny DeVito y Emma Thompson, mostraba a un Arnold "embarazado". Y si dentro del cine condicionado, la pelicula "Embarazado" (vhs disponible en #ArchivoPIETRO) mostraba en la parte a un pornstar embarazado y en una de las escenas "daba a luz" por el culo un bebe de jugueteria (!!!) 

En 2003, Glamour UK puso en tapa a un varón trans embarazado, el activista Logan Brown

Pietro

#ArchivoPIETRO



16/6/26

#ArchivoPIETRO: Juan Carlos Mesa Con el apellido bien puesto (1990)

 

Trasncripcion de texto con Gemini IA

Juan Carlos Mesa

Con el apellido bien puesto (Revista Clarin, Julio 1990)


El autor y protagonista de “El Trompa” esconde tras su figura voluminosa una contracara sensible y nostalgiosa. Capaz de llorar en el cine o de inspirarse en mitos de la pantalla, reconoce que es en la mesa –en la buena mesa– donde nace la llama de la vida.

Vaya manía la de Juan Carlos Mesa. U obsesión: esa de hurgar constantemente en el porqué de los interrogantes que efectúa su interlocutor. A los 58 años, progenitor de 3 hijos y abuelo de un varón, el perspicaz y astuto trompa televisivo, desgrana una verborragia solo limitada ante otra pregunta y ante su voluminosa osamenta que no encuentra paz en la mínima silla del bar.

Nacido en la Alta Córdoba, municipio situado a 15 km de la capital mediterránea, le fascina refrescar imágenes de sus primeros años, de sus comienzos.

—¿Sabe lo que me pasa? Vea, mire. Hoy día se me pone la piel de gallina cuando recuerdo esa esquina de la panadería donde había un altoparlante y, entre tema y tema de Alfredo de Angelis o Feliciano Brunelli, yo decía unas palabrejas.

—¿Qué palabras?

—Avisos, eran avisos de los comerciantes de los alrededores... Por supuesto que al panadero no le cobraba, pero luego, cuando, en la adolescencia, formalicé mi empresita Propalación Select y di la vuelta del perro dentro de un furgón con dos altavoces en el techo, bueno, allí cobrábamos a todos la difusión de las mercaderías.

—¿Luego se trasladó a la ciudad?

—No, antes de venir probé en mi provincia todos mis argumentos para ganarme la vida. De la furgoneta pasé a ser glosista de orquestas; versificaba todo lo que se me pasaba por delante, era el poeta de las barriadas del Alto. Empecé a conducir programas de radio basados en guiones propios...

—¿Ya había integrado el humor a esta multiplicidad de roles?

—Vagamente. Aunque el hecho humorístico estaba integrado a mi vida durante todo el día. Mi padre era un comerciante andaluz muy gracioso y repentista y mamá era una verdadera jota, la del baile ¿eh? Una cordobesa muy movediza y ocurrente, dueña de un nombre hermoso: Deidamia, que en griego significa “elegida de los dioses”. Y realmente lo era.

—¿Y su apellido?

—Paz. Ella era Paz de Mesa.

—¿De qué manera resuenan sus apellidos en usted?

—Bueno, yo soy muy gregario y creo en “la paz de la mesa”.

—Hurgando en los laberintos del inconsciente, ¿reconoce hasta dónde valora ese mueble de cuatro patas?

—Y, para mí es fundamental, porque como todo buen gordito, me desespera la comida. Pero, por sobre todas las cosas, la comida compartida con la familia y con los amigos, aunque, en realidad me gusta recibir en mi mesa.

—¿Se inclina por algún estilo en particular?

—Y sí, diría que por la mesa rústica, muy grande, tipo campestre.

—¿Por qué?

—Porque las vacaciones más felices las pasé durante mi infancia, en Río Segundo en el campo de mi tío José Paz, un tipazo que forjaba el hierro y hacía sulkys.

—De la mesa ¿cuál es el aspecto más relevante?

—¡La sobremesa! Esos diálogos interminables, el estilo confesional con la panza llena, rasguear una guitarra, acordarse de algún chiste o de un poema mientras van pasando las masitas, las tisanas, el café, los licores y las horas ¡Eso es lo mejor de la vida! Y lo aprendí junto a mi tío José quien, además, regenteaba el cine del pueblo.

—Como en el filme “Cinema Paradiso”.

—Claro, porque durante los veranos yo trabajaba en la sala a su lado. ¡Cómo lloré con esa película! Me recordó esos días felices. Yo siempre cuento en broma, claro, que, en el verano, hacía tanto calor que, una vez proyectaron La guerra y la paz y los actores trabajaron con la mano afuera.

—El cine ¿lo ayudó para configurar prototipos humanos?

—Al principio sí, pero es la vida la que me devuelve constantemente los “pequeños héroes” que necesito para trasladar a la televisión o la radio. Yo soy un eterno curioso, un “chusma” de nivel, un buceador y fotógrafo que transporta imágenes al papel. Creo que, sobre todo, sé junar.

—Su provincia ostenta el nombre original de Córdoba de la Nueva Andalucía ¿Acepta que por esa posibilidad pasa el particular sentido de humor de los cordobeses?

—Puede ser un buen motor... pero ese don también tiene que ver con una geografía, con un tempo, con la siesta que, finalmente, delinean a un ser con tiempo para todo, para el amor, para el trabajo, para la familia y las charlas con los amigos, en esa relajación está el nudo del humor.

—Su figura corporal se semeja, como totalidad, a la de Oliver Hardy.

—Es que la imagen del “gordo” del famoso dúo me empujó mucho. Yo no podría decir hasta dónde no me hice este cuerpito gentil a imagen y semejanza de Oliver Hardy, ¿Sabe? Yo me devoraba sus películas, “El Gordo y El Flaco” eran mis ídolos. Mas, creo que accedo al gag visual viéndolos y copiándolos a ellos dos. Cuando vi por primera vez el filme Quesos y besos sentí en mi cuerpo que por allí pasaba mi vocación. $\square$

Zully Pinto

Foto: Alejandro Cherniavsky



15/6/26

#ArchivoPIETRO: "El Gran Club" con Graciela Alfano y Victor Laplace

 


Graciela Alfano y Víctor Laplace

JUEGOS...Y ALGO MÁS

LOS ENTRETELONES DEL DEBUT DE LOS DOS ACTORES AL FRENTE DE EL GRAN CLUB, POR ATC: JUEGOS POR TELEFONO, PREMIOS E INVITADOS PARA COMPETIR CON SU GIMENEZ.

Víctor, Graciela (espléndida, con vestido de cloqué de seda negro, con monos de raso también negros y rosas de organza rojas, creado por Antolina y valuado en cuatro mil dólares) y un invitado de superlujo que apareció de improviso en escena y desapareció tan rápidamente como había llegado: Antonio Gasalla.

Acceso a la digitalizacion de este archivo: bibliotecalgttb@gmail.com 





12/6/26

Archivos Reciclados: La improvisación por Florencio Parravicini y otros rescates

 


Archivos Reciclados: Son esos archivos físicos a los que les hago un scan antes de arrojarlos a la basura!

Las razones de descarte son muchas y diversas. En algunos casos es probable que no tenga ni la fuente ni la fecha ya que son paginas sueltas que guarde en algún momento de la vida. 

La razones para compartilos, también. Porque habrá un momento donde las Fuentes van a ser cada vez mas dudosas. Incluso en el futuro alguien podría pensar que el scaneo que comparto fue creado con IA. 

MAS ARCHIVOS RECICLADOS DESDE EL SIGUIENTE LINK: https://bibliotecalgttb.blogspot.com/search/label/Archivos%20Reciclados


Transcripciones de texto realizadas con Gemini IA

TEATRO
LA OPINION ◼ Sábado 3 de abril de 1976
En el año de su centenario se evoca a Florencio Parravicini, enigmático monstruo sagrado de la escena nacional

La improvisación

"Una demostración práctica de la utilidad que para el actor tiene la inventiva, es el hecho que voy a relatarles: don Manuel de la Vega, un artista del teatro español de hace cincuenta años, tenía que leer en escena una carta de capital importancia para el desarrollo de la obra. La noche del estreno sale a escena un criado y le entrega la carta diciéndole: "Un propio me ha entregado esta misiva para el señor". Don Manuel abre el sobre, desdobla la carta y con gran sorpresa ve que en ella no hay nada escrito. ¿Qué había pasado? Que el traspunte equivocó el sobre y le entregó un papel en blanco. Don Manuel, que por sus años estaba un poco sordo y no oía al apuntador, sin inmutarse buscó en sus bolsillos los anteojos y simulando no encontrarlos le pasó la carta al galán diciéndole: 'Léela tú, que yo no sé dónde he metido mis anteojos'. El pobre galán, abriendo la carta y aún más los oídos, simuló leerla, repitiendo el texto que el apuntador le dictaba. ¿Qué fue lo que salvó esta grave situación? ¿El método? ¡No! La salvó la ingeniosa inventiva de un actor".

"Sucedió en Madrid la noche del estreno de Fruta Picada, de mi llorado amigo, el gran escritor Enrique García Velloso. Luego de terminar la representación con un éxito clamoroso, el público me pidió que recitara un monólogo, a lo cual accedí gustoso interpretando tres; pero como seguían pidiendo más e iba a ser de nunca acabar, para salir del paso les dije: 'Deseo a mi paso por España dejar algo más sólido y útil que una obra y tres monólogos. Así que les comunico que encontré la forma de resolver el conflicto existente entre la Municipalidad y el pueblo por el pago de un impuesto. Por consiguiente, el premio de 30.000 pesetas ofrecido por la comuna al que encontrara la solución me lo habré ganado yo'. Un espectador que se lo tomó en serio me gritó desde lo alto de la galería: '¡El premio no puede ser otorgado a un extranjero!'. Esto me desconcertó pero nada más que unos instantes pues recobrando mi serenidad le contesté: 'Lo siento por usted a quien se debe referir eso que ha dicho. Porque yo soy argentino y un argentino en España no es un extranjero puesto que está en casa de su madre'. Jamás en mi vida se me tributó una ovación más grande y emocionante".

"Sánchez Gardel, el celebrado autor de La montaña de las brujas, que me dispensaba cierta ojeriza por mis diabluras escénicas, no pudo menos que darme la razón al confiarme el estreno de su obra La vendimia. Durante la noche del estreno, el público denotaba cierto cansancio por las largas tiradas líricas y mi breve actuación como paisano borracho. Así las cosas, ya sobre el fin del primer acto, mi pituitaria de actor me trajo 'olor a quemado', es decir que se avecinaba la debacle. Estaba en escena un gaucho viejo hablando a solas, y en puerta la tormenta. Fue entonces cuando, en repentina inspiración, salí a escena recordando una frase que se había hecho popular en La montaña de las brujas dicha en forma magistral por Pablo Podestá: 'Tata, yo soy el cóndor'. Y yo aparecí figurando estar completamente borracho y agitando los brazos a manera de alas, como lo hacía aquel gran intérprete, y grité: '¡Tata, tata! ¡Yo soy la uva!". Y terminó el primer acto con un coro de carcajadas y aplausos, porque el público quería verme así, arbitrario y sorpresivo, bromista y chacotón".

"Porque lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado, es lo que verdaderamente juega en mí un papel preponderante, que me ha hecho sacar partido de situaciones apenas abocetadas, y en las que mi intuición descubría ricos filones para la comicidad; y con esa modalidad he recogido grandes satisfacciones, al provocar éxitos de manera imprevista".

Florencio Parravicini Copyright La Opinión, 1976


Frente al estreno de “Parra”, esta noche

¿Qué se ocultaba tras la máscara mefistofélica, acaso excesivamente maquillada, de Florencio Parravicini? Un notable, irreprimible histrión; un caballero elegante, mordaz y escéptico, cuya verde fama trataba de refrescar la de su antepasado, Jacobo Casanova de Seingalt; un hombre triste, en perpetua huida de todo porque nada lo satisfacía; un payaso capaz de estropear cualquier texto y de reducir a la nada, a fuerza de improvisar y de imponer sus arbitrariedades, las labores de sus compañeros de escena. Las respuestas al enigma Parravicini son tan múltiples como su personalidad: actor, autor, deportista, hombre de mundo, marino, inventor de ocurrencias las más de las veces picantes; concejal de la ciudad de Buenos Aires.

No ha de ser casual que en el año de su centenario (nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1876, hijo menor del coronel Reinaldo Parravicini y de Rafaela Romero Cazón), se estrene una pieza -Parra, por el sobrenombre con que cariñosamente lo apodaba todo el mundo- evocadora de este hombre de teatro que tanto prestigio alcanzó y que dejó tras de sí una leyenda inagotable. Desde hace por lo menos un lustro se viene hablando de la posibilidad de resucitar a Parra en escena. Hubo un proyecto de Luis Pico Estrada y Miguel Coronado Paz (h), y otro de David Viñas. Este ha sido el que el director Luis Macchi tal como lo explicó en La Opinión del 9 de marzo último, ha tomado como base para la obra que esta noche se presenta en el Ateneo, con interpretación principal de Pepe Soriano.

Soriano ha preferido no abordar la improbable tarea (sólo reservada a un Narciso Ibáñez Menta) de caracterizarse de Parravicini; cualquier intento en ese sentido no pasaría de presentar una máscara inerte. Por el contrario, el actor "a cara limpia" tiene muchas más probabilidades de encarnar mediúmnicamente al hombre que hizo reír a tres generaciones de compatriotas, y también a los españoles. Los medios por los cuales se obtuvo esa risa, fueron tal vez discutibles. A Parra no podía pedírsele que estudiara un texto a fondo, que lo desentrañara, o que lo enriqueciera con nada que no fuese una formidable intuición escénica, picardía criolla y una vena muy particular para el doble sentido. Por eso, al convertirse en el capocómico por excelencia del teatro argentino, le infligió a ese teatro, sin quererlo, un grave daño. Parravicini y, entre otros, Orfilia Rico, impusieron en la escena nacional un tipo de personalidad dominante, absoluta, alrededor de la cual giraba todo, desde la pieza -que necesariamente debía exaltar y enmarcar a ese actor excluyente, proporcionándole los medios de ejercitar con plenitud sus gracias- hasta el elenco, a menudo mediocre.

Parravicini era tan consciente de esa su condición que, en una charla pronunciada el 4 de julio de 1938 en el Instituto Nacional de Estudios de Teatro en el Cervantes, la glorificaba abiertamente, incluyéndose, por supuesto, en el grupo de aquellos privilegiados que sólo pueden crear en el juego de "lo imprevisto, lo fortuito, lo improvisado". Tiene la honestidad, sin embargo, de no recomendar su método a los actores jóvenes, "porque ello podría ocasionarles graves disgustos. Es lo mismo que imaginarse que todos los que cantan podrían hacerlo en la forma maravillosa en que lo hacía el eximio tenor Enrique Caruso". Más adelante, en la misma charla, elogia al cine como clave de interpretaciones "perfectas", inamovibles. Es que Parra intervino en muchos films. En la época muda, Hasta después de muerta, Tierra argentina, Dios te bendiga, Por mi bandera. En la sonora, Los muchachos de antes no usaban gomina (1937); Melgarejo (1937; de la pieza homónima de la que era autor); Tres anclados en París (1938), La vida es un tango y Margarita, Armando y su padre (1939), y Carnaval de antaño (1940), todos ellos dirigidos por Manuel Romero, con excepción de Margarita, Armando y su padre, que es de Francisco Mugica.

Florencio Parravicini se disparó un tiro en la sien, en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1941. Su viuda, Sara Piñero, lo sobrevivió hasta hace poco. E. S. Copyright La Opinión, 1976

Retrato de un hombre

El novelista español Eduardo Zamacois hizo un retrato de Parravicini que valdrá la pena releer.

"De estatura más que mediana, recio, ágil; tiene el cuello vigoroso y una frente pánica, ancha y cargada de instintos. La nariz aguileña y fuerte, los labios sin ilusión, el mentón redondo, lleno de voluntad, componen un interesante perfil florentino, bello, triste. Y luego, en la melancolía color cera del rostro, apoyando la expresión mefistofélica de las cejas finas y dirigidas hacia arriba, aparecen los ojos, pequeños, verdosos, de expresión imborrable; ojos de ajenjo que recuerdan la alegría del terrible brebaje que enloquece a Europa: ojos inteligentes, astutos, sinceros, burlones, que son una delicia, porque disueltos en un cristal tiñen constantemente una lágrima y una ironía; ojos en fin, que retratan todo el alma triste y cordial de este comediante caballero, sacerdote insigne del buen humor y gran príncipe de la risa, a quien todos sus íntimos han visto llorar".

César Tiempo, en la semblanza que le dedicó en la colección La Historia Popular, del Centro Editor, recuerda los rasgos íntimos del capocómico: el recato en el que mantuvo su felicidad doméstica, de la que pocos sabían, fuera del círculo de sus íntimos, en contraste con la vida de aventuras que popularmente se le atribuían y su generosidad "Aun en los momentos de mayores dificultades económicas, cuando lograba reunirse con algunos pesos no tardaba en compartirlos con sus camaradas".

Escuela de Mimo

Se halla abierta la inscripción para el ingreso de los Grupos de Estudio sobre Mimo Contemporáneo que se desarrollarán en la Escuela de Mimo Contemporáneo de Alberto Sava. Los interesados pueden dirigirse a Peña 2816 los días lunes, martes y jueves de 19.30 a 20.30 horas



Cara contraria de la pagina que transcribí. 






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