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16/6/26

#ArchivoPIETRO: Juan Carlos Mesa Con el apellido bien puesto (1990)

 

Trasncripcion de texto con Gemini IA

Juan Carlos Mesa

Con el apellido bien puesto (Revista Clarin, Julio 1990)


El autor y protagonista de “El Trompa” esconde tras su figura voluminosa una contracara sensible y nostalgiosa. Capaz de llorar en el cine o de inspirarse en mitos de la pantalla, reconoce que es en la mesa –en la buena mesa– donde nace la llama de la vida.

Vaya manía la de Juan Carlos Mesa. U obsesión: esa de hurgar constantemente en el porqué de los interrogantes que efectúa su interlocutor. A los 58 años, progenitor de 3 hijos y abuelo de un varón, el perspicaz y astuto trompa televisivo, desgrana una verborragia solo limitada ante otra pregunta y ante su voluminosa osamenta que no encuentra paz en la mínima silla del bar.

Nacido en la Alta Córdoba, municipio situado a 15 km de la capital mediterránea, le fascina refrescar imágenes de sus primeros años, de sus comienzos.

—¿Sabe lo que me pasa? Vea, mire. Hoy día se me pone la piel de gallina cuando recuerdo esa esquina de la panadería donde había un altoparlante y, entre tema y tema de Alfredo de Angelis o Feliciano Brunelli, yo decía unas palabrejas.

—¿Qué palabras?

—Avisos, eran avisos de los comerciantes de los alrededores... Por supuesto que al panadero no le cobraba, pero luego, cuando, en la adolescencia, formalicé mi empresita Propalación Select y di la vuelta del perro dentro de un furgón con dos altavoces en el techo, bueno, allí cobrábamos a todos la difusión de las mercaderías.

—¿Luego se trasladó a la ciudad?

—No, antes de venir probé en mi provincia todos mis argumentos para ganarme la vida. De la furgoneta pasé a ser glosista de orquestas; versificaba todo lo que se me pasaba por delante, era el poeta de las barriadas del Alto. Empecé a conducir programas de radio basados en guiones propios...

—¿Ya había integrado el humor a esta multiplicidad de roles?

—Vagamente. Aunque el hecho humorístico estaba integrado a mi vida durante todo el día. Mi padre era un comerciante andaluz muy gracioso y repentista y mamá era una verdadera jota, la del baile ¿eh? Una cordobesa muy movediza y ocurrente, dueña de un nombre hermoso: Deidamia, que en griego significa “elegida de los dioses”. Y realmente lo era.

—¿Y su apellido?

—Paz. Ella era Paz de Mesa.

—¿De qué manera resuenan sus apellidos en usted?

—Bueno, yo soy muy gregario y creo en “la paz de la mesa”.

—Hurgando en los laberintos del inconsciente, ¿reconoce hasta dónde valora ese mueble de cuatro patas?

—Y, para mí es fundamental, porque como todo buen gordito, me desespera la comida. Pero, por sobre todas las cosas, la comida compartida con la familia y con los amigos, aunque, en realidad me gusta recibir en mi mesa.

—¿Se inclina por algún estilo en particular?

—Y sí, diría que por la mesa rústica, muy grande, tipo campestre.

—¿Por qué?

—Porque las vacaciones más felices las pasé durante mi infancia, en Río Segundo en el campo de mi tío José Paz, un tipazo que forjaba el hierro y hacía sulkys.

—De la mesa ¿cuál es el aspecto más relevante?

—¡La sobremesa! Esos diálogos interminables, el estilo confesional con la panza llena, rasguear una guitarra, acordarse de algún chiste o de un poema mientras van pasando las masitas, las tisanas, el café, los licores y las horas ¡Eso es lo mejor de la vida! Y lo aprendí junto a mi tío José quien, además, regenteaba el cine del pueblo.

—Como en el filme “Cinema Paradiso”.

—Claro, porque durante los veranos yo trabajaba en la sala a su lado. ¡Cómo lloré con esa película! Me recordó esos días felices. Yo siempre cuento en broma, claro, que, en el verano, hacía tanto calor que, una vez proyectaron La guerra y la paz y los actores trabajaron con la mano afuera.

—El cine ¿lo ayudó para configurar prototipos humanos?

—Al principio sí, pero es la vida la que me devuelve constantemente los “pequeños héroes” que necesito para trasladar a la televisión o la radio. Yo soy un eterno curioso, un “chusma” de nivel, un buceador y fotógrafo que transporta imágenes al papel. Creo que, sobre todo, sé junar.

—Su provincia ostenta el nombre original de Córdoba de la Nueva Andalucía ¿Acepta que por esa posibilidad pasa el particular sentido de humor de los cordobeses?

—Puede ser un buen motor... pero ese don también tiene que ver con una geografía, con un tempo, con la siesta que, finalmente, delinean a un ser con tiempo para todo, para el amor, para el trabajo, para la familia y las charlas con los amigos, en esa relajación está el nudo del humor.

—Su figura corporal se semeja, como totalidad, a la de Oliver Hardy.

—Es que la imagen del “gordo” del famoso dúo me empujó mucho. Yo no podría decir hasta dónde no me hice este cuerpito gentil a imagen y semejanza de Oliver Hardy, ¿Sabe? Yo me devoraba sus películas, “El Gordo y El Flaco” eran mis ídolos. Mas, creo que accedo al gag visual viéndolos y copiándolos a ellos dos. Cuando vi por primera vez el filme Quesos y besos sentí en mi cuerpo que por allí pasaba mi vocación. $\square$

Zully Pinto

Foto: Alejandro Cherniavsky



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