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18/6/26

#ArchivoPIETRO: Emilio Disi "SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL"

 

Trasncripción de texto por Gemini IA

Emilio Disi, un actor que disfruta cuando la gente se divierte

"SI CADA UNO HICIERA BIEN SU TRABAJO, LA VIDA SERIA MAS FACIL" (circa 1989)

La sensación de permanente movimiento trasciende sus gestos. Emilio Disi, actor, productor, en fin "un hacedor de cosas", como él mismo se define, se manifiesta cabalmente a través de sus diversas actividades en el espectáculo.

No exenta de autocrítica, su palabra esconde, quizás, lo que todavía no encontró: alguien que le exija más.

—¿Por qué es tan difícil encontrarlo?
—No, no es tan difícil. Yo me tomo tiempo para mis amigos, para el deporte, para ocuparme de mí, entonces, no estoy casi nunca porque me estoy ocupando de las cosas que me gustan. Además, ante determinadas personas uno se pregunta, ¿qué tengo yo para decirle?

—Justamente yo también me venía preguntando. ¿De qué voy a hablar con Emilio Disi? ¿Usted trabaja por amor o por dinero?
—¿Cómo?

—Sí. ¿Trabaja por amor o por dinero?
—Yo trabajo porque me gusta. Empecé porque tenía vocación de actor.

—¿Y después?
—Después tuve la suerte de ser actor en una época en que esta profesión era redituable.

—Entonces, ¿ahora podría vivir de rentas?
—Yo no podría vivir sin hacer algo. Me aburriría como un loco, me sentiría mal. Soy un tipo que necesita hacer cosas. Desde que empecé en esto yo soy el que genera los espectáculos. La primera vez que me llamaron para hacer algo en televisión fue con Stress. Antes iba a los canales y decía: Tengo tal idea.

—Dígame: esta televisión maravillosa que los argentinos miramos, ¿es el resultado de una conspiración internacional o es producto de las puras fuerzas autóctonas?
—Si fuera tan pensada como usted dice, habría que darle el premio Nobel. Es imposible que una sola persona pueda inventar tanta basura, tanto desastre. Pero no quiero hablar mal de la televisión.

—Al contrario, hablemos bien. Nadie le reconoce a la televisión un valor incuestionable: ser una gran fuente de trabajo. Los índices de desocupación de la Argentina serían mucho más alarmantes sin televisión.

—Hoy se hacen más programas nacionales. Hay canales que tienen una sola serie extranjera por día.

—Entonces coincidimos. Si no sirve para otra cosa, por lo menos sirve para dar trabajo. Hay fábricas que uno no sabe qué fabrican y nadie las cuestiona.
—Si hablamos de televisión, nos tenemos que incluir nosotros, los que la hacemos.

—Usted dirá.
—Yo tengo la conciencia tranquila. El año pasado estuve haciendo un programa excelente. Fue una perlita dentro de la televisión argentina.

—Para un tipo con su "prontuario", ¿estaría para el Molière, el Oscar o el Martín Fierro?
—No, no sé si para el Molière, pero me rescato. Y mire que soy bastante humilde. No podría haber dicho lo mismo en otro caso.

—Tuvo suerte, Juan Carlos Mesa es un autor interesante. "Las hormigas" fue uno de los mejores programas: buen libro, buen elenco y muy buena onda. ¿Usted se divierte cuando trabaja?
—Sí, además, con Dorys nos gusta trabajar juntos.

—¿Y los contratan juntos?
—Siempre nos contratan juntos. Por otra parte, tratamos de estar juntos. Entre los dos generamos ideas. ¡En esta profesión si uno no se divierte, va al muere como loco!

—Y de la comedia que está haciendo en Mar del Plata, ¿qué me puede decir?
—¿Por qué me pregunta con cara de póquer? Mire: yo he aprendido que determinados espectáculos funcionan muy bien a pesar de que muchos entendidos hayan vaticinado que serían un fracaso, y también que otros espectáculos de los que se creía que tenían el éxito asegurado se caigan porque nadie va a verlos. En Mar del Plata nos va divinamente. Nos divertimos nosotros y se divierte el público, que nos apoya sin reservas.

—Quiere decir, entonces, que está conforme con la vida.
—Desde luego. No puedo quejarme para nada. Por otra parte, creo que ya he recibido suficientes cachetazos, y no estoy dispuesto a hacerme más mala sangre.

—¿Tiene alguna receta —posta— para pasarme?
—Cuando tengo algún problema...

—¿Actoral?
—Actoral o de cualquier tipo, hago lo siguiente: me duermo durante una hora y media y me levanto hecho otro. ¡Da unos resultados bárbaros! Hace ocho o diez años me dije: basta. ¡Chau!

—¿Qué le hizo clic?
—La muerte de mi viejo, que era el tipo más hermoso que había sobre la tierra. Ahí dije: basta. ¡Qué más me puede pasar!

—Para que usted pueda dormir una horita, debe de haber un equipo de gente que le solucione los problemas.
—Si cada uno hiciera bien su trabajo, la vida sería más fácil.

—¿Usted qué tal hace lo suyo?
—Estupendo. Yo lo mío lo cumplo. Saldrá mal o bien, pero lo cumplo. Soy cumplidor. Lo mío es hacer reír a la gente. Y no hay nada que me guste más en la vida. Cuando estoy en el escenario y escucho a la gente reír, me doy por satisfecho.

—No se enoja si le digo que usted más que un gran actor, parece un gran zafador. ¿Nunca se planteó algo más exigente?
—Yo soy un tipo que se lee 500 comedias por año. Leo todo. ¿Usted cree que es fácil conseguir comedias?

—Bueno, ese no es mi tema. Cuando voy al almacén yo no pido 200 gramos de comedias...
—¡Es que no hay! Ni en la Argentina ni en el mundo hay buenas comedias.

—Don Emilio, estoy hablando de un esfuercito de producción, de hacer todo un poquito más elaborado.
—Hace un tiempo me estaba mirando en un programa de TV y decía: "No puede ser que yo haga tantos gestos, tantas caras". Dije: "¡¡¡Basta!!! Voy a empezar de cero".

—¿Qué es empezar de cero para un tipo como usted?
—Decir no a un texto endeble para no tener que llenar el personaje de gestos que lo conviertan en una porquería. Entonces trato de no exagerar, de sacarme los tics. Es un replanteo: ¡Basta, basta! Me gustaría encontrar un director que me diga: "Esto no lo hagas así, no exageres, hacelo así". Yo salí del conservatorio, viví 8 años en el San Martín encerrado, haciendo todos los dramas habidos y por haber. Y me cansé.

—Para despedirnos, señor Emilio Roberto Parada, una autocrítica, por favor.
—Los actores argentinos hacemos un personaje detrás de otro, y en vez de meternos adentro del personaje, hacemos de nosotros mismos. Es un problema de comodidad. Si a la gente le gusta como soy, ¿para qué voy a cambiar? Y en vez de tirarse a la pileta, uno se va convirtiendo en la parodia de uno mismo. □

Any Ventura

Clarín Revista | Fundador: Roberto Noble | Directora: Ernestina Herrera de Noble | Edición Nº 15.421 | 3



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