Raul Rossetti

Nació en Cañada Rosquín, Provincia de Santa Fe, Argentina en 1945. Estudió Psicología, Letras y Teatro, participando en los años 70 con el Grupo Lobo en el mítico Teatro Di Tella. Viajó y residió en numerosos países, entre ellos Marruecos, lugar al que le gusta definir como su segunda patria: allí trabó una larga amistad con Paul Bowles, escritor norteamericano residente en Tánger. Su primer libro (De Gulle tijd - El tiempo pródigo) lo publicó en Amsterdam en 1988 en colaboración con Felicitas Casavalle y traducción de Robert Lemm. En Holanda fue jefe de redacción de la revista bilingüe Amsterdam Sur. En Argentina publicó Samsara (Editorial Legasa, 1989) y Túnez y otras orillas (Editorial Sudamericana, 1993). Colaboró en varias revistas literarias nacionales, tales como Proa, Lote, Encuentros, Criterio, Unicornio, Tokonoma y en otras europeas. Inédito permanece su libro de ensayos Salir del Laberinto; en la actualidad -y por algún tiempo más- trabaja en sus memorias.
-Recomendamos la nota aparecida en SOY de Pagian/12 sobre el autor escrita por Salvador Gargiulo http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-1570-2010-08-27.html


Raul Rossetti escribe sobre ASFALTO la novela de Renato Pellegrini
La primera novela por estas tierras donde se aborda sin escamoteos este tema tan antiguo como la vida, fue recién en 1964, cuando su valiente autor, Renato Pellegrini, publicó la maravillosa Asfalto, censurada inmediatamente, por supuesto, y condenado Pellegrini a tres meses de prisión. Hasta entonces, enormes autores, que también eran homosexuales – Abelardo Arias, Mujica Láinez, Oscar Hermes Villordo, José Bianco, Juan José Hernández - tuvieron que esconder el tema – más que nada por temor a la censura de los popes literarios machistas locales, (esos a quienes Pellegrini ni siquiera tuvo en cuenta cuando su imperiosa necesidad de sinceramiento lo convocó para escribir su genial novela) - actualmente son prácticamente olvidados, sin Premio Cervantes ni grandes laureles, (designados, por supuesto, algunas veces justa y otras muy injustamente, a autores normales). Otra bellísima novela que aborda sin tapujos el tema, publicada después de Asfalto por un autor más joven que los nombrados, ya fallecido, fue La Plaza de los Lirios, de José María Borghello, total y absolutamente olvidado. Yendo algo más lejos, pero en latitudes más civilizadas, hasta Shakespeare, quizá el más grande de toda la literatura, en su magistral Falstaff se vio obligado a ocultar – no muy bien – el tema, sin hablar de sus geniales Sonetos. Y aquí estoy tentado de copiar una página que el socarrón de Pellegrini cita en su novela. Dice:… “La lista empezaba con los héroes. Aquiles (homosexual activo). Patroclo (homosexual pasivo). Julio César (homosexual pasivo). Alejandro Magno (homosexual activo). Tiberio (pervertido sexual atacado de pedofilia). Calígula
(homosexual pasivo). Heliogábalo (homosexual pasivo congénito). Nerón (homosexual activo y neurópata). Y así proseguían títulos varios: Romanos, Griegos, Reyes, Sultanes, Escritores Alemanes, Escritores Franceses, Escritores Italianos, Escultores, Músicos, Pintores. Los nombres que atrajeron más mi atención: Virgilio, Scipión, Platón, de quien acotaban que era activo y pasivo simultáneamente, Sócrates, Fidias, Enrique III de Francia, Federico el Grande, de Prusia, Enrique IV, de Castilla, Goethe, Rousseau, Verlaine, Rimbaud, Cavafis, T.E. Lawrence, Foster, Proust, Oscar Wilde, André Gide,Jean Genet, Carlos Coccioli, Tennessee Williams, Vicente Alexandre, Lorca”…
En el prólogo que Abelardo Arias hizo para Asfalto en 1964 cuenta lo siguiente: “Hay algo que me dijo Roger Peyrefitte la última vez que estuve con él en Paris. Me dijo: “Cuando publiqué Las Amistades Particulares, Francois Mauriac, el eminente novelista católico, me dijo, entre elogios que me tocaron vivamente, que en literatura “no hay temas prohibidos”. Por mi parte – continúa Peyrefitte – no concibo la literatura sin “temas prohibidos”, y créame que siempre los encontraré. ¿Y bien, es esto el escándalo, la inmoralidad? No, porque yo trato esos temas prohibidos como moralista. De cada uno de mis libros se desprende una moral que, evidentemente, no es la moral común, la moral vulgar y sobre todo la moral de los hipócritas, porque son éstos los que siempre hablan de moral. Es, según yo creo, y no soy el único en creerlo, la verdadera moral de la que hablaba Pascal, esto es: la moral que se burla de la moral”.
La excelente novela de Pellegrini fue publicada otra vez hace poco, y para probar que el prejuicio homofóbico existe inalterable, habría que resaltar lo que el anciano autor dijo en la presentación hace unos meses: “Claro, se vuelve a editar porque había sido prohibida, de lo contrario nadie se acordaría de ella”. En efecto, el consumo vio un maravilloso negocio en la “libertad sexual”, y si los progres y prestigiosos intelectuales pampeanos ven una evolución humana o espiritual en que ya no se encarcele a los diferentes ni se los censure, los prejuicios continúan totalmente inalterables. Sus obras, como verdaderas obras de arte son diferentes y por lo tanto no tienen el mismo status y consideración que la mayoría: interesan menos (comercialmente hablando, claro, lo único que importa) y son condenadas al olvido.
Y bien, aquí surge entonces la pregunta: ¿qué tenía yo que hacer con el cristianismo, si sabía que, habiendo sido
originariamente orientado a la renuncia, se iría luego a traicionar como una religión conquistadora? Y bien, la religión siempre me tentó porque no hay pensamiento realmente importante o profundo que no llegue a abordar los problemas religiosos de la fe, del bien y del mal. Quienes no se hayan asomado – y destrozado algunas veces – por esos temas, están como amputados o incompletos, siempre les faltará algo. Un verdadero cristiano como fue León Bloy, donde vida y obra fueron una misma cosa – tal es el caso de Simone Weil también – tuvieron y siguen teniendo hasta ahora problemas de aceptación con una Iglesia que no puede reconocer la magnitud de sus críticas por la inserción en el terrenal mundo del poder y el consecuente alejamiento de los Evangelios. Por supuesto que muy lejos estoy de oponerme y desconocer al estamento de la Iglesia que reúne a millones de fieles que sí creen en los milagros de la Virgen y de los santos, cuya fe es un bálsamo reconfortante para las penurias y los abusos materiales a los que son sometidos cotidianamente, que encuentran una purificación en todo aquello que trasciende el caos sin rumbo de lo meramente gratificante y material. Pero la fe incondicional es algo muy difícil de concebir para mí, hélas, como la impostura de rituales destinados a mantener las certezas: yo debo dudar y construirme en el vaivén de esa contradicción… mientras tanto, las máscaras deberán ir derritiéndose, triturándose, aniquilándose, la única manera de saber que el universo no es un fracaso, porque existe una imaginación que crea el absoluto en la música de Bach, en la lectura del Dante, en las novelas de Dostoievski o de Conrad; en la reflexión de algún mendigo, analfabeto, y de todos aquellos que pagan con sus vidas y las viven exactamente como las sienten – sin acomodaticios atenuantes; ni prestigiosas y bellas muletas, sobre todo… Ya que mi verdadero respeto y admiración nunca los encontraré entre los que forman parte de ninguna institución religiosa, pero sí en ese exceso que es la mística, esa verdadera sabiduría de quienes no forman parte de nada, esos no realizados que pasan por el mundo sin la deliberada necesidad de dejar algún rastro, ni siquiera de escribir una sola palabra. - Buenos Aires, junio de 2008 (FUENTE)



Material disponible en Biblioteca LGTBI de Raul Rossetti
Libros:

-Los mandatos ocultos
Biblioteca del Muelle - Argentina - 2007


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