A dos años de la tragedia de Once.

El siniestro de Once – 21 de febrero 2014
por Alfredo Leuco

Siento vergüenza ajena por el silencio de este gobierno.
Apenas unas palabras sueltas y de compromiso por la masacre de 52 personas en la Estación Once, en donde hay claras responsabilidades de funcionarios nacionales. Mañana se cumplen dos años y me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó mas a los familiares. Al no mencionar lo sucedido, al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de semejante siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares, para el gobierno, la tragedia no existió.
Siento vergüenza ajena por los funcionarios nacionales del transporte con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi a la cabeza que estuvieron más preocupados por sus negociados y por responsabilizar a las víctimas que por la seguridad para viajar de los pasajeros. Allí estan los familiares exigiendo que también se cite a declarar al ministro Julio de Vido.
Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por los hermanos Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.
Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callan por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temen que les echen de sus trabajos o que les quiten el único combustible que los mantiene en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante dos años? ¿O también en este tema siguen las enseñanzas de la presidenta?
Siento verguenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos que se tapan la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia. Lo mismo que le pasa a tantos presuntos artistas populares que se llenan la boca hablando de los sufrimientos del pueblo pero que no se solidarizaron jamás con los familiares para no ser castigados por Cristina y poder seguir cobrando fortunas que pagamos todos por participar en los recitales oficialistas.
Siento vergüenza ajena por un sector de la sociedad encarcelado en su propio disvalor del “no te metas” sobre el que tanto se montó la dictadura militar. Si los argentinos bien nacidos no participan y no se involucran, todo queda libre para que lo ocupen los argentinos mal nacidos. Lavarse las manos y borrarse frente a la negligencia y la corrupción que mata es también una forma de complicidad.
Siento vergüenza ajena porque aún hoy, el maltrato oficial, a dos años del horror ferroviario, condena a muchos heridos y sobrevivientes a mendigar lo que les corresponde.
Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas mas víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.
Finalmente siento orgullo por los familiares.
Siento orgullo por esos padres y madres coraje, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona.
Eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder mire para otro lado.
Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de tragedias anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte.
Alfredo Leuco
http://alfredoleuco.com.ar/2014/02/el-siniestro-de-once-21-de-febrero-2014/

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