Guy Des Cars

Setenta y cuatro años, 44 de carrera y más de 300 millones de libros vendidos en el mundo no le han servido a Guy des Cars para ganarse el respeto de sus compatriotas críticos. Los jueces literarios franceses suelen ignorar, por no decir despreciar, a este escritor demasiado leído para ser profundo (le dicen Guy des Gares porque se vende mucho en las estaciones). Este hecho jamás acobardó a Guy des Cars, quien está completamente convencido de que sólo la literatura popular perdurará en la historia. "Escucha, mi viejo —dice des Cars— se me reprocha vender, ser popular. Tolstoi, Dumas, Balzac eran populares. En su tiempo se los vapuleaba, pero eso no les impidió mantenerse. Dicen que yo escribo para las porteras, pero, mi viejo, las porteras no leen más desde que existe la tele. En literatura están los que se cuentan a si mismos. Yo elegí contar a los otros. Eso es lo que gusta, mi viejo; eso es lo que gusta ". La receta para un des Cars es simple: nueve meses de construcción, tres meses de escritura, ocho horas de trabajo por día, un té por la mañana, nada de almuerzo, un bolígrafo retractable y varias resmas de papel cuadriculado. Guy detesta el ruido de la máquina de escribir, y todos los lunes una secretaria retira sus manuscritos y los mecanografía en tres copias sobre las cuales el escritor hará las correcciones. "Un libro se hace con esfuerzo, mi viejo. Hay días que todo va para el diablo, otros en que las cosas marchan bien. En todo caso yo escribo siempre a mano porque la mano se bate, acaricia, vive y además corrige a la velocidad del pensamiento. La mano modera y domestica las palabras''.
Hombre original, sincero y ligeramente vulgar en su lenguaje hablado, Guy des Cars nació en París en 1911 de una madre chilena y aristocrática que pretendía hacer de él un sacerdote y de un padre noble y militar que lo imaginaba oficial de caballería. En realidad, la causante de esta "desviación vocacional" (a los ojos paternos) de Guy des Cars fue su niñera, madame Joubelin, que solía leerle en su infancia, para hacerlo dormir, unas historias que lo apasionaban al punto de desvelarlo. Según cuenta Guy des Cars, madame Joubelin tuvo una vida extraordinaria y cuando murió era directora general de Elizabeth Arden. "Fue mi gobernanta la que me dio el gusto de cautivar el auditorio y esa necesidad de seducir al público que me impide retirarme". Con su vocación ya formada, Guy fue alumno de filosofía de Teilhard de Chardin, licenciado en letras, y para darle el gusto a su padre se doctoró en Derecho. A los 19 años Guy escribe su primera obra de teatro: 'Crucero para mujeres solas'; le valió un suceso más o menos grande y una discusión aún mayor con su padre, el conde Francois de Perusse des Cars. que se horrorizó ante la idea de que su hijo se dedicase al espectáculo. Dispuesto a luchar por su vocación. Guy abandonó el seguro y cómodo castillo familiar para dedicarse al periodismo. Un día le proponen un lugar en Gringoire. pero él lo rechaza para entrar en Candide, donde suelen publicar a jóvenes autores en su mayoría desconocidos. Más tarde León Baylby, que había visto su obra, le ofrece trabajar en Jour. Allí tuvo como compañero a un belga que debutaba: "Cada vez que lo enviaban a hacer un reportaje se instalaba en el café de la esquina y lo escribía. Un día lo echaron: era Georges Simenon". Cuando llega la guerra Guy des Cars se hace teniente de caballería y de esa experiencia surge el perdón de su padre y su primera novela, 'El oficial sin nombre', que vende 750.000 ejemplares en cinco meses, sólo en la zona libre.
Era principios de 1942. "No quería volver a París, que estaba ocupada —contó des Cars—, y continué escribiendo. Hice 'La dama del circo', un libro que me negué a que lo filmara Clouzot porque trabajaba en el Continental, un lugar que estaba en manos alemanas.
Pensé que al final de la guerra lo que necesitaríamos serían novelas porque pensaba que íbamos a estar invadidos por la literatura americana. Escribí entonces un gran libro: 'La impura', que Fayard, que había sido mi editor hasta entonces, no quiso publicar. Fue así que entré en Flammarion".
Sin bien el estilo literario de des Cars es un dechado de lugares comunes y de frases remanidas, no hay duda de que sus personajes salen completamente de lo común: "Hice 16 novelas que tratan casos patológicos, incluida la historia de un transexual. En ese género de novelas hay que ser muy verdadero, la credibilidad es muy importante. Es por esto que me documento, me introduzco en el ambiente de mi historia, asisto a operaciones, etcétera. Para 'La salvaje' aprendí el alfabeto Braille dactilográfico y manual. Para 'La impura' (una bella mujer que se
vuelve leprosa) pasé tres meses en las islas Fidji en un leprosario. Esta trata la historia verídica de una gran mannequín rusa, amiga de mi madre. "A pesar de ser un escritor popular por excelencia, Guy des Cars fue llevado al cine una sola vez. Eso sucedió en la Argentina, donde Daniel Tynaire realizó 'Hijas de la alegría', una película que el autor considera "bastante bien realizada". Des Cars no acepta que lo filmen porque piensa que arruinarán su estilo. (En la Argentina, sus más grandes éxitos son La impura —37 ediciones, 238.000 ejemplares— y El solitario —33 ediciones, 228.000 ejemplares—. Su último libro, La ladrona, lleva vendidos 10.000 ejemplares.) Casado tres veces, tiene sólo un hijo, Jean, también periodista y gran admirador de su padre. Es difícil calcular a cuánto puede ascender su fortuna, pero basta saber que recibe cerca del 70 por ciento de las ventas, para darse cuenta de que es varias veces millonario. A pesar de esto detesta los bienes terrenales y sólo es dueño de un castillo ubicado en el sur de Francia. En cuanto a su departamento en París y a su automóvil, ambos son alquilados. "Rico, dicen que soy rico cuando en realidad lo que soy es el mejor contribuyente de Francia. De cada 25 líneas que escribo, 22 se las doy al fisco", exclama. Su último libro,'Te amaré eternamente', que será editado por Emecé en julio próximo, mantuvo imperturbables a los críticos parisienses, que, como siempre, lo ignoraron, mientras los diarios de provincia le dedicaban una buena cantidad de espacio. En su cincuentava novela Guy des Cars se sumerge en una aventura alucinante digna de Hoffmann o de Edgar Poe, en la que vuelve a demostrar, que por sorprendente que pueda ser la realidad, jamás puede rivalizar con él.
Silvina Lanús
(De la corresponsalía en París)

Material disponible ne BIblioteca LGTBI de Guy Des Cars
Libros:



Una cierta señora
Juan Goyanarte - Argentina - 1971

Dominique nació a pesar de la rotunda oposición de su padre, un marino que dejando en cada puerto un amor, jamás asumiría semejante responsabilidad.   Esta gran frustración genera en la mujer tal resentimiento hacia los hombres que jamás podría aceptar el hecho de parir un varón.  A pesar de la angustiosa espera ella continúa con su embarazo  hasta el final y al enterarse de su hijo, en el mismo momento del nacimiento, elige sin dudar un nombre ambisexual "Dominique" .
 A partir de este momento su madre lo viste y educa conforme a una niña, jugando con muñecas y peinando  su cabello con bucles y trencitas.
Llegada  la pubertad  van juntas a visitar a un médico especialista que, teniendo en cuenta la particularidad del caso, le suministra a la joven un tratamiento con hormonas, acentuando de este modo  sus rasgos femeninos.

Unos cuantos años mas tarde, ya hecha toda una mujer, decide trabajar en un cabaret, deslumbrando con su belleza y femineidad a cuanto espectador participa de su show, en el que antes de salir a escena esconde debajo de su malla de baile sus atrofiados genitales masculinos, parte intima de su cuerpo que comienza  a rechazar.  Luego de grandes conflictos y miedos Dominique decide operarse para lograr ser una mujer completa, entonces viaja hacia una clínica especializada en este tipo de plásticas y se interna.   Su alegría se empaña cuando observa barrotes en el cuarto y  escucha fuertes gritos de dolor provenientes de otras habitaciones pero a esta altura de los acontecimientos nada la haría cambiar de opinión.   Al despertar de la anestesia comienza a comprenderlo todo, los dolores son tan insoportables  que no hay calmantes que los puedan mitigar, Dominique llega hasta  la desesperación.   Finalmente regresa a su vida totalmente renovada,  conoce a un hombre del que se enamora siendo correspondida por él, se casan y planean un hijo.  Ella va aumentando su vientre con almohadones a medida que pasa el tiempo hasta que a los nueve meses se interna en una maternidad, recoge a su hijo adoptivo y junto a su marido regresan a su hogar para empezar una nueva vida.   


Luis II - El rey loco de Baviera
Traducción de Eduardo Gudiño Kieffer
Emece - Argentina - 1975














Una extraña ternura
Emece - Argentina - 1993

Alain tiene dieciocho años cuando conoce a André Forval, autor dramático genial, quien decide ayudarle a continuar sus estudios empleándolo como su secretario particular. Forval, hasta entonces un hombre solitario, se siente cautivado por el chico, al cual trata de inculcar sus ideas y sus gustos, y de poner en guardia contra lo que considera el peor enemigo del hombre: la mujer. Y será justamente una mujer, la bella y sensual Olga, quien le dispute sin tegua el favor de Alain...




De esta novela, Daniel Tinayre hizo una versión cinematográfica. Escribe Ricardo Rodríguez Pereyra: "En Extraña ternura, recrea la novela Cette étrange tendresse de Guy des Cars. Aquí tocaba de una manera sutil la extraña relación de un millonario (José Cibrián) por su joven ahijado (Norberto Suárez). La historia partía de la investigación policial por la muerte de un adolescente y mediante la técnica narrativa de flash back se describía el despertar sexual del muchacho y su relación con una cantante de cabaret interpretada por Egle Martin. La extraña ternura es la que siente el protector por el lánguido muchacho. Un inconfesable amor que lo lleva a asesinar a su objeto de deseo. A pesar de que el argumento pretendió mostrar sólo al padrino como un homosexual latente, escondido, la presencia física del actor que interpretaba al ahijado, y cierta máscara trágica en su rostro y su actuación lo vinculan también a un personaje gay, y obliga a nuevas lecturas del film que llevarían a pensar que el triángulo planteado contenía dimensiones más intrincadas, que las que en su momento se atrevió a filmar Tinayre.

La película sirvió también para el lucimiento de Egle Martin como cantante y del joven Norberto Suárez como actor, quien más tarde ganaría popularidad como galán de telenovelas y que por la misma época de apogeo sostuvo un romance armado con fines promocionales, según sus propias declaraciones, con la actriz Erica Wallner...

El argumento de la película giraba en torno de la prostitución y de la homosexualidad, aunque tratada ésta de una manera elíptica. Eduardo Borrás, el adaptador de la novela, concibió el guión en forma de raccontos y alternancias temporales, dentro del estilo de filmación de Tinayre. La historia narraba el enamoramiento de la cantante de cabaret del joven adinerado y la oposición planteada por su padrino, por motivos que parecían sobrepasar la reputación de la mujer y las diferencias sociales. Un crítico de la época, parafraseando el título de la película, comentaba que el director no había pulsado extrañeza o ternura “en los vaivenes que estrechan relación entre una burguesía vulnerable y un bajo fondo sin pautas para la dualidad”. Para otro crítico, en cambio, si el film creaba una atmósfera y marchaba por una línea narrativa atrayente, era debido a la indudable capacidad de Tinayre para contar una historia. Visto en la actualidad, podría decirse que el blanco y negro acentuaba en el film cierta atmósfera mórbida en la contraposición de escenarios entre un cafetín y la casona del millonario."

Mirá EXTRAÑA TERNURA de Daniel Tinayre desde aquí:




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