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Los Archivos de la Censura de Walter Goobar (1999)

En 1999, Canal 13 emitió el documental Los archivos de la censura basado exclusivamente en los trozos de películas que los censores no permitieron ver y juzgar al resto de los argentinos durante casi cuatro décadas. Presentado por Magdalena Ruiz Guiñazú, con guión y realización de Walter Goobar y edición de Silvia Di Florio, Los archivos de la censura penetraba por primera vez en el oscuro mundo de aquellos que temen al cine.

El documental lo grabe dela emición original de canal 13, en vhs. Hoy, ¡20 años! después, lo pasé del formato original a digital. No es una tarea simple. Por supuesto que no hay restauración alguna, ni intervención mas que la marca de agua.

De la pagina de su realizador: 

LOS ARCHIVOS DE LA CENSURA Por Walter Goobar
Durante varios meses Magdalena Ruiz Guiñazú, la editora Silvia Di Florio y quien firma esta nota nos sumergimos en un material que a primera vista parecía incomprensible. De unas latas oxidadas, emergían de manera anárquica centenares de trozos de celuloide conteniendo rostros célebres y cuerpos desconocidos, insultos en todos los idiomas y comedias de enredos: Alberto Olmedo, vestido de tenista le preguntá a Porcel: "¿las puteas vos o las puteo yo?"; un solitario Alfredo Alcón comete el sacrilegio de bailar con un maniquí, mientras Héctor Alterio confieza que es un espíritu caliente. Mientras corre la cinta, las escenas de alcoba son invadidas por insurrecciones populares, las comedias italianas están mezcladas con noticieros rusos, y los policiales norteamericanos con imágenes de la biografía de Mahler filmada por Ken Russel. Lennon blasfema contra las religiones, mientras Nelly Lainez pide que le toquen la obertura y Susana Giménez admite ser una boluda. Desde la cama, Marcello Mastroiani clava la mirada en la cámara y una Luisina Brando casi adolescente le propone a Luis Brandoni "Date vuelta que te va a gustar". Soldados y curas homosexuales de diversas nacionalidades se alternan con interminables tomas de Isabel Sarli, mientras un imperturbable Alberto Sordi en ropas de sacerdote solo alcanza a preguntar:"¿Lo sabe el obispo?".

Por primera vez estabamos viendo los tramos de las películas que durante casi cuatro décadas -y hasta su abolición en 1984-, habían sido cortados por la censura. Probablemente, la mezcla de eficiencia burocrática y de perversión enfermiza que caracterizó a los censores, hizo que estos héroes del celuloide sobrevivieran a la masacre cultural y allí estaban, tan incomprensibles como fantasmas y como la propia censura, esperando un guión que volviera a legitimar su existencia en el mundo real.

"Este año llevo prohibidas 137 peliculas y espero llegar pronto a las 200", amenaza desde la pantalla el célebre censor Miguel Paulino Tato, el hombre que durante años decidió a su antojo qué películas podían verse y con cuantos minutos menos que su duración original. Tato, que se autodefinía como "cavernícola, troglodita, nazi convicto y confeso", fue el responsable de más de 320 prohibiciones totales que impidieron durante años la proyección de títulos como Ultimo tango en París y Novecento, de Bernardo Bertolucci; Regreso sin gloria, de Hal Ashby; La batalla de Argelia, de Gillio Pontecorvo; La naranja mecánica, de Stanley Kubrick y "La vida de Brian" de Terry Jones.

Antes de que irrumpiera el cable y el video, el cine era el espacio de ilusión para la clase media argentina. En la oscuridad de la sala se aprendían modales, conductas sociales, formas de vestir y peinarse; se observaban las relaciones familiares y la educación de los hijos. Por eso, estos trozos de celuloide revelan muchos traumas y defectos de la sociedad argentina como la represión, la desinformación y la demagogia.

Los censores eran hombres del riñon de la Iglesia que no dudaban en pedir instrucciones a la SIDE, al Batallón 601 de Inteligencia o a la Policía Federal para decidir qué hacer con determinadas películas. La lista de sospechosos llegó a abarcar a personajes tan temibles como Larguilucho.

Pero además de vetar, mutilar, adulterar y perseguir, los censores reescribieron guiones por lo que hubo films con dos finales: en los cines del centro la película La valija (1971) con Luis Sandrini y Malvina Pastorino terminaba con la separación del matrimonio debido a una infidelidad pero en los barrios el protagonista se despierta y todo ha sido un sueño.

Existen distinas formas de cercenar una pelicula y todas fueron utilizadas por los censores. En los ´70 la supresión de imágenes se combinó con las listas negras: Héctor Alterio, uno de los primerios actores amenazados por la Triple A fue totalmente eliminado de la película Asignatura Pendiente donde encarnaba a un líder sindical encarcelado por el franquismo.

Otra de las "innovaciones" de Tato fue prohibir filmes que estaban en la cartelera. No siempre se trataba de cine político sino que en casos como Mi novia, el travesti, con Alberto Olmedo y Susana Giménez tuvo que cambiar el titulo porque la censura adujo que "en la Argentina no existe el travestismo" y solo quedó Mi novia, el.... La comedia El macho de América con Jorge Porcel tuvo que ser rebautizada El gordo de América porque Tato adujo que el unico "macho de América" era el general Perón.

No resulta difícil imaginar al invisible censor perpetrando día a día sus pequeñas venganzas personales, desahogando de un tijeretazo sus complejos.

¿Habría sido distinta la historia política reciente si hubiesemos visto a tiempo todas estas imágenes prohibidas por la censura?. Hay diferentes respuestas, pero después de convivir durante varios meses con este material, está claro que quien permite que le prohíban hasta el mas inocente insulto termina permitiendo que le censuren todo. Es grotesco pero también trágico.


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