PUTO de Alejandro Mateo


PUTO es un espejo. Desde el comienzo el director nos deja bien claro que lo suceda puede ser un espejo de nosotros espectadores. O más bien, traza ese reflejo para generar, simplemente igualdad. Porque en el fondo, somos todos iguales, y sufrimos por las mismas cosas, de diferentes maneras. 
Sería más que interesante realizar una línea de tiempo para ir viendo como una palabra se va modificando a través de las décadas. Pero no es mi tarea. Aunque no dudo que haya formado parte de unas de las tantas tareas de su director, Alejandro Mateo. Lo cierto es que alguna vez, PUTO era todo ser de genero masculino sospechado en su virilidad. Quizá ese sea uno de los puntos de partida de la obra, que es contada por cinco hombres en enaguas negras, con zapatos de vestir y con modales afeminados. ¿Cliché? Si. Y nunca mejor utilizados. Porque cuando un recurso deja de ser artificio para ser cuestionado, investigado, llevado al límite produce entre otras cosas teatralidad. Y eso no es poco. Porque basta ver algunas obras para comprobar que la teatralidad no es condición sine qua non como para que estén en cartel. PUTO se hace cargo de cada uno de esos clichés creando un anacronismo que da cuenta de las diferencias. Porque si, somos todos iguales. Pero en teoría. En la práctica, a veces ni eso. Por eso en un momento uno de los personajes le responde al policía que le “sugiere” buscarse un trabajo digno: ¿De estibador en el puerto, de pica boletos en el ferrocarril? No, no, ya sé, de portero en el Congreso o en el Savoy. De dactilógrafa. Tengo la Pitman completa. Contráteme, contráteme (…) Horas haciendo cola y chupando frío, hasta que te miran el documento y ahí te volvés invisible”

La dramaturgia va generando capas, parece hilarse suavemente entre los cuerpos de los actores, recorre los escasos objetos (cada uno, hito en la historia de las sexualidades), se diversifica generando voces que aprendieron que la única forma de subsistir es riendo. Convertir la burla del afuera en un chiste entre amigos, que te salva la vida. A la loca la salva el humor. Eso siempre se supo. Y mariconear. Mariconear es una acción concreta, eficaz, liberadora y para algunos, imposible de comprender. En eso, la loca, se parece un poco a aquellos payasos que hacían reír a todos y que por dentro lloraban. Pero PUTO no cuenta mas tragedias que las si prestamos atención podemos ver a diario.

Estos seres de pechos y piernas peludas, con enaguas negras, zapatos de vestir, modales afeminados, medias de nylon y ropa interior masculina que lo mismo se tratan con nombres de hombre o de mujer, que se enfrentan con un mundo hostil y sobreviven, que luego se les estruja el corazón por un chongo que promete, y que bailan entre ellos un tango, o corean un bolero. Estos seres que no la sociedad dejó en el borde mismo del borde, y los estigmatizó llevándolos a abrirse el pezón con una gillette, borrachos de ginebra para meterse un silicona y zurcirse la teta como zurcía las medias la abuela. Estos seres que ofrendan su cuerpo a la desgracia para poder soñar una noche mas con ser bonitas, felices y sobretodo tan iguales como cualquiera, tan distintos como cualquiera.

PUTO es finalmente, todo detalle. No hay nada que escape. En PUTO hay un imaginario complejo puesto al servicio del espectáculo.


PAYRÓ
San Martin 766 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 4312 · 5922
Web: http://www.teatropayro.com.ar/


Entrada: $ 40,00 y $ 20,00 - Sábado - 23:00 hs - Hasta el 28/05/2011 




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