En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS.
Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado.
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.
ALBERTO MIGRE, UNO DE LOS MAS PROLIFICOS AUTORES DE TEATRO PARA RADIO Y TELEVISION.
REPORTAJE PARA LA HORA DEL TE
ESCRIBIO MAS DE MIL NOVELAS PARA RADIO Y TELEVISION, DESDE EL "RADIOTEATRO PALMOLIVE DEL AIRE" HASTA "SU COMEDIA FAVORITA". EMPEZO COMO EMPLEADO ADMINISTRATIVO EN RADIO EL MUNDO Y TERMINO ESCRIBIENDO PARA TODOS LOS GALANES DE NUESTRO MEDIO, ENTRE LOS QUE SE ENCUENTRAN EDUARDO RUDY, GUILLERMO BREDESTON, FERNANDO SIRO, JOSE CANOSA, ATILIO MARINELLI, JOSE MARIA LANGLAIS, JORGE BARREIRO, SERGIO RENAN, CARLOS ESTRADA, ENRIQUE LIPORACE Y ALBERTO MARTIN. SU HISTORIA, A LOS 39 AÑOS, ES CASI LA HISTORIA DEL RADIO Y TELETEATRO ARGENTINO.
[Columna Izquierda]
Conteste rápidamente sin pensar: ¿Cuál es el barrio clásico para un teleteatro? Bien, Alberto Migré vive allí, en Floresta... Si pensó en Flores también acertó: allí vivió hasta los diecinueve años. Hoy tiene treinta y nueve y más de mil novelas escritas. Toda su casa parece el decorado de un estudio de televisión, un encendedor hecho con una granada de mano que funciona tirando de la argolla de la misma manera que si quisiéramos hacerla estallar; una lámpara de pie con la pantalla violeta; el empapelado de las paredes; un tapiz con una escena medieval; dos espejitos dorados con bajorrelieves de Rosende; un Quijote de bronce sobre una mesita de mármol... Y como fondo musical, el tema de "Love Story".
—¿La música? No, es que mamá debe estar viendo el teleteatro...
—¿Le gusta lo que hace? —Sí.
—Pero... —Pero, ¿por qué no me dejan tranquilo? ¿Qué me va a decir? ¿Que el teleteatro es cursi? Bueno, puede ser que yo sea cursi... Pero no se metan conmigo... Yo no necesito que se me hagan reportajes. Hace veintidós años que escribo y todavía me buscan. Por algo debe ser, ¿no?
En 1948 Felipe Alberto Migliatario era empleado administrativo en radio Libertad y en radio El Mundo. Había querido ser actor ("Todo el mundo quiso ser actor alguna vez"), pero al producirse la estatización de la red de emisoras no lo despidieron del elenco porque con su título de perito mercantil, su habilidad para hacer las planillas de la discoteca y su buena disposición hasta para atender el teléfono podía ser útil en la administración.
—...ser escritor de teleteatros es como ser estibador: hay que cargar con todo, con los actores, con el canal, con los directores de cámaras, con los intelectuales que miran por sobre el hombro, con los que no son intelectuales pero, aunque quisieran, jamás podrían escribir lo mismo que yo, con los periodistas, y cargar también con los que nos cargan... Yo sé que a todos les gustaría escribir un teleteatro, pero no es fácil...
—¿Por qué se mira el teleteatro?
—Es un escapismo de la mujer que ve que se va rompiendo su ideal de pareja. Ella busca allí lo que ha ido perdiendo en su casa. Es como cuando un hombre ve una película de James Bond y siente ganas de poder hacer las mismas cosas que él... Lo mismo, aunque al hombre le cueste confesar que busca una manera de escapar de la mediocridad yendo al cine, tratando de verse en los personajes del cine...
—¿Y por qué se rompe el ideal de pareja? —Porque cambió la sensibilidad del mundo y la vida se ha hecho muy difícil. Queda muy poco lugar para el romanticismo y el hombre no hace nada por mantenerlo. ¿De qué habla hoy una pareja? "¿Qué tal?"; "Bien, y vos"; "Yo estoy muy cansado..."; "Mucho trabajo, ¿no?". Y todas cosas por el estilo.
—Pero ése es casi el diálogo de un teleteatro... —¡Claro! Porque un teleteatro debe tener una gran dosis de verdad. La gente quiere que le muestren la realidad, pero adornada con una dosis importante de fantasía, de esa fantasía que le falta a su propia vida.
—¿Y eso es positivo? ¿Le hace bien a la gente?
[Columna Derecha]
—Mal no le puede hacer. Esa pregunta es como cuando a uno le preguntan, ¿cuál fue el saldo? ¿Qué saldo? Los saldos hay que ir a buscarlos a la tienda. A veces a la gente se le hace mal para hacerle bien, es decir, contándole un montón de cosas que pasan, y que pueden ser desagradables, pero que están, y de las que la gente no sabe nada.
—¿Eso es lo que hacen los teleteatros? —No, no lo hacen, y por eso se van a morir.
—Pero, ¿no es usted el que los escribe? —Sí, pero yo no puedo escribir trescientos sesenta y cinco capítulos geniales, y ahora las novelas duran por lo menos un año. Cuando Romay me pidió que siguiera un año más con "Mujeres en Presidio" le dije que no porque no podía seguir más.
Alberto Migré se levanta todos los días a la una de la tarde. Almuerza en su casa, se ocupa de los problemas de sus tiras (decorados, reemplazos de actores enfermos, contratos) y vuelve a su casa, donde escribe desde las once de la noche hasta las nueve de la mañana del día siguiente, menos los viernes, que se va a su quinta de Escobar, donde pasa todo el fin de semana. Es soltero y vive con sus padres.
—¿Qué experiencia tiene usted para escribir sobre las parejas? —¿Experiencia? Bueno, fundamentalmente lo que he visto en mi casa. El de mis padres es un matrimonio modelo, aunque creo que se han pasado ya de buenos y comprensivos. Además, soy un observador. Me cuesta mucho comunicarme con la gente, pero me gusta escucharla, que me cuenten cosas.
—¿Por qué le cuesta tanto hablar ahora? Es como si se estuviera defendiendo de algo... —Es que tengo dos experiencias muy malas con periodistas. La primera fue hace mucho tiempo, cuando un amigo mío me llamó para hacerme un reportaje. Quería sacarme algunas fotos en el parque Rivadavia y empezó a llover. Yo fui igual. Me mojé todo, hasta fiebre me dio... Entonces "mi amigo" me dijo que no me preocupara, que me fuera a mi casa que lo íbamos a hacer otro día, y después escribió lo que quiso de mí, todo inventado... La segunda vez fue hace poco, cuando vino a verme una chica con un fotógrafo y me dijo que era de una revista. La hice pasar muy contento pensando que me iba a hacer un reportaje, pero todo lo que quería era ver si yo le podía juntar a Nora Cárpena y a Alberto Martín para una foto; era en el tiempo aquél del divorcio de Bredeston... Eso me hizo sentir muy mal, muy poco importante...
—¿Por qué tiene tan poco prestigio ser autor de teleteatros? —Porque son muy malos. Porque no hay medios para hacerlos como se debiera. Por ejemplo, Martín Clutet está en México haciendo algunos libros míos y tiene a su disposición la plata que necesita. Donde hay una escena de un aeropuerto se filma en el aeropuerto, cuando hay que ir al mar, filma en el mar... Acá todo se hace en un comedor, un living y un baño. ¿Quién puede hacer algo con eso? Cuando yo hice eso mismo con Nora Cárpena, con gran excepción pudimos filmar una escena en Mar del Plata.
[Epígrafe de la foto]
EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS. "Lo peor de todo esto es saber que ya nada de lo escrito sirve, y son 25 años de mi vida".
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