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14/5/26

Archivos Incompletos: James Dean y la generacion quemada

 En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen. 



Transcripción de texto generada por IA


Diez años han transcurrido y muy pocos recuerdan ya al joven que simbolizó "la generación quemada" de posguerra y que se llamó en su hora James Dean

...tetismo por desconocer entonces la verdad; aquella residencia solitaria tenía por fin permitir a James Dean tocar el tambor en sus noches de insomnio sin despertar quejas en los vecinos, y lo que es más, comentarios acerca de su peculiar evasión evidentemente teñida de infantilismo.

Entre tanto, nada hacía el actor por destruir la leyenda que se venía construyendo a su alrededor, ya que por el contrario se sentía cómodo con esa aureola de joven extraño que le permitía abandonarse a sus caprichos sin recibir el mínimo reproche.

Sin embargo, James Dean tuvo su oportunidad de ser auténtico. Fue cuando se enamoró perdidamente de Ana María Pierangeli, una candorosa italianita que acababa de llegar a Hollywood. Pero la madre de ella se opuso a todo proyecto de boda y Pierangeli terminó casándose con otro. Al conocer la noticia, James huyó de su casa en una motocicleta, desapareciendo durante una semana de todos los lugares conocidos.

Cuando volvió a aparecer, encerrado como nunca en sí mismo, se había acentuado su misantropía. Y permaneció indiferente a los encantos de mujeres tan atractivas como Ursula Andress, entonces oscura debutante, Natalie Wood e incluso la bellísima Liz Taylor, que, enamorada a su vez del actor, vanamente procuró arrancarlo de su tristeza.

Ahora el oscuro muchacho, que marchara tantas cuadras a pie por las indiferentes calles neoyorkinas, se sentaba frente al volante de potentes automóviles, obsesionado por la fiebre de la velocidad. Correr era lo único que le importaba y el día que venció en una carrera de aficionados se confesó feliz, admitiendo que la velocidad era para él una suerte de droga que ya no podría abandonar.

Más preocupados por su fuente de ingresos que por la suerte personal del actor, los productores que lo contrataron para interpretar "Gigante", su tercer film, lo obligaron a comprometerse por escrito a no participar en ninguna carrera automovilística durante la filmación.

James aceptó la cláusula a regañadientes, pero apenas concluyó las últimas escenas de la película se dispuso a regresar a las pistas. Y después de comprar una poderosa "Porsche Spyder" último modelo se inscribió en una carrera que debía desarrollarse el 2 de octubre en Salinas, California.

Era el 30 de setiembre de 1955. Quinientos kilómetros separaban Los Angeles de Salinas y, acompañado por su mecánico alemán Rolf Wueterich, el actor decidió recorrerlos guiando su nuevo automóvil.

Un tigre en acecho parecía rugir en el motor de su poderosa máquina mientras James marchaba a regular velocidad, preguntando el estremecimiento del vértigo. Pero en la ruta estatal 466 y con una imprudente maniobra, un conductor poco hábil se le cruzó imprevistamente en el camino. James Dean giró el volante para esquivarlo y su máquina chocó fuertemente contra un árbol, con el motor destrozado en el impacto. Así murió James Dean. Tenía 24 años y era un ferviente enamorado de la velocidad. Pero su vida no se extinguió en una pista de carreras como él quizá hubiera querido, sino en la imprevista trampa fatal de una ruta campestre frecuentada por pocos y parsimoniosos automovilistas.

Se llamaba James Dean. Su generación agitó su nombre como una bandera de rebeldía. Pero a poco más de diez años de su muerte, en la solitaria tumba de Fairmount, Indiana, ni siquiera una flor recuerda su breve paso por la tierra.


Epígrafes de las imágenes:

  • Izquierda: James Dean: glorificación de la violencia y la iracundia juvenil, el ídolo de una rebeldía con causa y sin ella.

  • Derecha: Frenesí e inconformismo: el meteórico talento de Dean encarnó un nuevo estilo de vida juvenil. Dialéctica de golpes, lirismo de estridencias.

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