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19/5/26

Archivos Incompletos: Juan Manuel de Rosas por Manuel Antín (1972)

 En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS. 

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.



algo peor: era algo comun en la gente de campo de cierta posición. Por otra parte, su enorme sentido de la ironía y de la burla demuestran una sensibilidad muy especial. Me fascina el amor al orden de Juan Manuel de Rosas. Es un amor al orden tan curioso que aún en el desenfreno del 40, del 42, Rosas desordena con orden. Dice, por ejemplo: "Los dejaré dueños de las calles pero no dejaré que entren en las casas". Es decir, promueve la exaltación popular contra sus enemigos pero no propicia el desorden absoluto, el caos total.

—¿Era Bebán el actor para encarnar a Rosas?

—Era Bebán. Es increíble la simbiosis dramática que se produjo entre el actor y su personaje. Yo mismo he dudado, al ver en la tapa de alguna revista un retrato de Rosas, si estaba frente a Rosas o a Bebán. Fue un caso excepcional de convencimiento dramático del actor. Mi experiencia me dice que hay cosas que no se consiguen con textos ricos ni con brillantes juegos de cámara. Y cuando Bebán entró, se autoconvenció del personaje, ya no necesité ni marcarlo. Empezó a moverse con total libertad. Fue Rosas, absolutamente. Y tanto que ni siquiera necesitamos transformarlo físicamente para aproximarlo al Rosas real, que llegó a engordar muchísimo y a envejecer bastante en pocos años. Bastó una peluca algo más clara, algunas canas y un pequeño engrosamiento físico para que la magia siguiera encendida.

—¿Por qué terminó la película en 1850, antes de Caseros, antes de la caída?

—Terminar la película en ese instante era para mí y para José María Rosa dar una imagen totalmente positiva de esa etapa de nuestra historia. Después está la otra etapa, más compleja y sombría: la caída, el destierro, la muerte. Creo que esa segunda parte es también una obligación del cine argentino. No sé si la haré yo, pero alguien tiene que hacerla...

—¿Qué trató de demostrar con "su" Rosas?

—Que Juan Manuel de Rosas no hizo ni más ni menos que tantos hombres de nuestra historia. Que es un héroe menos lineal, menos simple que otros, y que por eso resulta más fascinante. Que el terror del 40 fue consecuencia de otro terror más tremendo: la revolución de Lavalle, que termina con el fusilamiento de Dorrego, por ejemplo. Sin embargo, a pesar de que hoy se sabe mucho más de Lavalle en la película el personaje está presentado prolijamente, con toda su violencia temperamental y todo su romanticismo.

—¿Rosas es una película histórica más o propone algo diferente?

—No sé si es una película histórica más, pero por lo menos no tiene esa intención. Trata de tocar un personaje tabú, de levantar la tapa de un cofre cerrado, de desterrar la inútil prudencia del silencio histórico, de mostrar la otra cara de la historia, de dar una imagen humana de una época acaso más sangrienta que otras pero también más compleja y más apasionante.

El curso de las horas ha traído sombras definitivas al departamento. Manuel Antín ha de quedarse solo dentro de cinco, diez minutos. Evoca la marcha de los colorados del monte, la batalla naval de Obligado, algunas escenas que revivió en Chascomús. Habla de extras, de maquetas, de muebles auténticos, de platería, de hombres que lo ayudaron y de hombres que lo recelaron. Digo La Cifra Impar o Circe o El Perseguidor o todo el cine intimista de este director que siempre se ha manejado con intuiciones, y después digo Juan Manuel de Rosas (así se llamará la película), y entonces admite el fin de esas intuiciones, de esas improvisaciones. "Para mí es más fácil trabajar con dos o tres personajes que con no- venta. Pero parece que ha llegado el tiempo de las cosas sólidamente sentadas en la realidad".

Se ha quedado solo. Y como dije al principio, no tengo la menor duda. El fantasma de Rosas estaba entre nosotros. El fantasma vive en ese departamento. Y ahora, casi a medianoche, Manuel Antín está a solas con él. A lo mejor es la hora del ajuste de cuentas.

ALFREDO SERRA Fotos: Gabriel Alvarado


Epígrafe de la foto: Juan Manuel de Rosas (Rodolfo Bebán), Manuelita Rosas (Teresa Barreto) y Encarnación Ezcurra (Miriam de Ridder). Dos mujeres clave en la vida del Restaurador.



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