En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS.
Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado.
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.
QUIEN ES, QUE PIENSA ESTA CHICA FAMOSA Y DESCONOCIDA
EN SIETE MESES PASO DEL ANONIMATO ABSOLUTO A LA MAS ARRASADORA POPULARIDAD. SE LLAMA MARIA ESTHER LOVERO, TIENE DIECINUEVE AÑOS Y ES IDOLO DE LOS JOVENES ARGENTINOS A TRAVES DEL PROGRAMA "MUSICA EN LIBERTAD", DONDE CANTA JUNTO A OTROS 19 CHICOS Y CHICAS. HOY OCUPA LA TAPA TRIPLE DE "GENTE" Y QUEREMOS MOSTRARLE EN ESTAS PAGINAS COMO ES, QUE PIENSA, COMO VIVE, QUE SUEÑA, QUE DECEPCIONA Y QUE ENTUSIASMA A ESTE AUTENTICO FENOMENO DEL ESPECTACULO EN LA ARGENTINA.
Había una vez una niñita llamada María Esther, aunque a ella le gustaba injertar sus nombres para formar uno con todas las letras juntas: "Mariesther".
—¿Es un cuento?
—No, es mi vida. Pero la vida de la gente es como muchos cuentitos. Parece que los cuentitos no tuvieran nada que ver entre sí, pero por debajo son todos parientes y forman una especie de novela.
—Bueno, contame.
La luz amarilla de la ventana está posada sobre el pelo de María Esther Lovero y en la avenida Belgrano hay un quieto silencio de sábado. María Esther tiene diecinueve años, pesa cincuenta kilos, mide un metro sesenta y seis y no sonríe casi nunca. Si uno ha hecho alguna gimnasia en el oficio de conocer gente puede arriesgar —a los dos minutos de hablar con la mujer que ahora acaricia una guitarra y mira con melancolía un caniche negro y desdeñoso de la vida de los hombres— que ha aprendido a caminarse, a mirar sus paisajes ocultos.
—Esa niñita era callada. Creían que me iba a quedar callada para siempre. No andaban demasiado errados: a mí me gusta poco hablar.
—¿Quiénes creían que te ibas a quedar callada para siempre?
—Mis padres.
—¿Hablabas poco con ellos?
—Sí, bastante poco. Pero eso no quiere decir que no nos entendiéramos. A veces no hace falta hablar para entenderse. Creo que sin decirlo hicimos un pacto.
—¿Cuál?
—El de vivir sin interferir. Ellos me dejaron crecer en libertad y yo nunca hice objeciones a su manera de entender el mundo.
En la pared que está a espaldas de María Esther, Dustin Hoffman sonríe, Bronson está serio y recio, como corresponde, Delon mira el universo sin interés, Mick Jaegger —el bello y ambiguo jefe de los Rolling Stones— mira hacia arriba, la cabeza cubierta por un sombrero de vagabundo. ("El que más me gusta es Hoffman. Tiene cara de tipo muy inteligente". "Y a vos te gustan los tipos inteligentes". "Sí, claro, me gustan los inteligentes, los que tienen buen funcionamiento del cerebro y son sensibles. Decididamente me gustan más que los buenos mozos-buenos mozos y nada más".) Este perro negro, hay que aclararlo, tiene la costumbre de caminar sobre las personas y de ponerlas muy nerviosas. "Andate", le dice Mariesther con la voz que utilizaba cada muerte de obispo en la infancia y el perro la mira con piedad y se queda junto a la guitarra.
—¿Siguen manteniendo en la familia la política de no intervención?
—Seguimos. Es la mejor política. Ahora que lo pienso, la única cosa que me obligaron a hacer fue estudiar inglés. Hasta que me di cuenta que estudiaba por obligación y dejé. Más tarde lo retomé porque supe que era necesario y aprendí inglés en serio.
—¿Qué otras cosas hiciste antes de ahora?
—Muchas. Cuando terminé el secundario estudié decoración, guitarra, canto y dos años de aproximación a la psicología en el Círculo Femenino.
—Sí, son muchas cosas.
—Alguna vez servirán. Yo no hago nada que pueda convertirse en algo inútil.
—¿Para qué querés utilizarlas?
—Para ser. Para ser yo de ve-
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