El Varón en Papel
Archivos curados por Pietro Salemme Silvert
En algunos casos cuento con los archivos fisicos completos, disponibles para su venta o fotos sin marca de agua. Info: bibliotecalgttb@gmail.com
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Una sección dedicada a rastrear cómo la prensa gráfica construyó, exhibió y transformó la imagen masculina a través de las décadas. Fotografías de famosos, desconocidos, ídolos populares, figuras mediáticas y hombres anónimos conviven en este archivo visual donde el cuerpo, la pose, la moda, el gesto y la mirada revelan los modelos de masculinidad de cada época.
Entre revistas, diarios, policiales, espectáculos, deporte y cultura popular, El Varón en Papel propone leer la historia de los hombres no solo como fueron, sino como fueron mostrados.
Metodología: Las Fotos son tomadas de diversos archivos con los que trabajo. Algunos completos, otros incompletos. De alguno tengo fechas de otros no. El registro en digital puede ser a traves de scan o camara. En algunos casos uso IA para mejorar la calidad.
En esta entrega: Rocky Marciano
El poeta, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau estuvo profundamente obsesionado con el boxeo, al punto de convertirse en el mánager y amante del campeón mundial de peso gallo, Panama Al Brown. Cocteau escribió páginas bellísimas donde transformaba el combate en una danza erótica:
"El boxeo es un ballet de hombres donde el deseo no se dice con flores, sino con sangre y precisión. Es el único sitio donde un hombre puede acariciar a otro con la fuerza de un rayo, buscando su abandono absoluto sobre la lona".
En la literatura argentina, Roberto Arlt fue uno de los primeros en captar la intensa carga homosocial y la vulnerabilidad física del boxeo. En sus Aguafuertes Porteñas y en cuentos como El lazarillo de Tormes, el gimnasio y el ring aparecen como refugios de una masculinidad que se roza constantemente. En El juguete rabioso, al describir la fascinación por los cuerpos atléticos masculinos en tensión, deja pasajes donde la violencia se confunde con la entrega:
"Ver esos cuerpos tensos, aceitados, entregados al castigo mutuo con una furia que parece amor. Hay una belleza terrible en el hombre que cae vencido ante los ojos de otro, como si el golpe fuera la única posesión posible en la sombra del ring".
Cortázar era un fanático absoluto del boxeo (escribió crónicas memorables y relatos como Torito o La noche de Mantequilla). Aunque su enfoque solía ser más metafísico o social, en sus cuadernos y notas sobre la corporalidad de los púgiles siempre flotaba una intensa atracción estética por el cuerpo del boxeador como un objeto de deseo puro:
"El boxeo es un combate ciego entre dos soledades que se buscan, se abrazan y se castigan para demostrarse que existen. Hay más intimidad en esos cuerpos sudorosos que se apoyan exhaustos en el hombro del rival durante el 'clinch' que en muchas camas legítimas".
La figura de Marciano: Rocky Marciano, de herencia italiana y conocido por su fuerza bruta y récord invicto, era el máximo exponente de una masculinidad dura y conservadora. No era una figura "intelectual" o "esteta" que atrajera ese tipo de mirada de la misma manera que otros boxeadores posteriores, como Muhammad Ali o incluso Mike Tyson, quienes, por diferentes razones (carisma, belleza o vulnerabilidad), sí han sido objeto de un análisis estético y, a veces, erótico más profundo en la literatura posterior.
La mirada literaria: Los escritores de la época solían abordar el boxeo desde un ángulo homosocial (la camaradería entre hombres, el sudor, el gimnasio), pero rara vez daban el salto explícito a lo erótico en sus dedicatorias.
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