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3/6/26

Los homosexuales: una minoría sin derechos humanos (1989)

“Los homosexuales: una minoría sin derechos humanos"

El Diario de Caracas, 5 de enero de 1989


Transcripción de texto realizada con IA Gemini


CIUDAD

EL DIARIO DE CARACAS Jueves 5 de enero de 1989 | Pág. 21

“No podríamos exigir más nada, por ahora, que libertad”

Los homosexuales: una minoría sin derechos humanos

La noticia aparentemente pasó desapercibida, pese a que en los periódicos —por lo menos en El Diario de Caracas— le hicieron un llamado en primera página: “Dinamarca se convertirá a comienzos de este año en el primer país del mundo que otorgará a las parejas de homosexuales los derechos y deberes que tienen las parejas casadas”. Es decir, podrán casarse legalmente y, por ende, divorciarse, adoptar hijos y consecuentemente heredar o compartir bienes.

Dinamarca es... Dinamarca y allá las cosas como que son diferentes a las de aquí. De todas maneras era interesante indagar la situación de los homosexuales en Venezuela. Tarea en realidad más difícil de lo que se cree: uno ve, incluso percibe, muchísimos homosexuales en todos los sitios, desde el propio trabajo, hasta la calle, ni se diga una fiesta o un bar. Pero de allí a conversar abiertamente con uno de ellos, parece que la distancia es abismal.

La insistencia, de nuevo, ganó. Así que Edgar Carrasco habló. Abogado en ejercicio liberal, fue uno de los fundadores del grupo Entendido, un movimiento de homosexuales que surgió en el país en el 80 y que, pese a los esfuerzos, murió cuatro años más tarde.

—Para nosotros esa noticia es extraordinaria. Es el reconocimiento de los derechos civiles. Claro que para la gente común esa información no es interesante porque no puede entender que una pareja de homosexuales tenga derechos. Informa que ya muchos países están reconociendo derechos, como Israel, que recientemente legisló al respecto y, aun cuando no tan avanzados como los daneses, por lo menos ya no persiguen a la homosexualidad como delito.

—¿Crees que en Venezuela sería posible que los homosexuales lograran obtener algún tipo de reconocimiento como grupo? —En nuestros países —se refiere al Tercer Mundo— sería muy bueno que esto se diera. Sin embargo primero hay que resolver una serie de cosas, porque de nada vale que nos podamos casar si a la hora de dividir bienes vamos a un tribunal de esos prejuiciosos y echaran la medida para atrás.

Sostiene Carrasco que los homosexuales, como grupo minoritario, no pueden obtener derechos civiles mientras no se garanticen y respeten sus derechos humanos. Y comenta cómo son perseguidos sólo por ser diferentes: “No sólo nos discriminan en forma burlona —visto además como un aberrado y enfermo sexual— sino que hay hasta discriminación judicial, en los tribunales. La misma policía es dura y violenta con los homosexuales”.

Como todo grupo poblacional, los homosexuales no son sólo peluqueros o bailarines. Los hay camioneros, los hay intelectuales. Los hay en todas partes. “¿Que por qué no reclaman? Simplemente porque tienen miedo, a la represión, a la sociedad, son hasta flojos en eso de pelear y prefieren encancharse, reprimirse, que todo pase alrededor sin que ellos tengan que sufrir más de lo que sufren”.

Para Carrasco, una vez que se respeten los derechos humanos —la libertad de expresión, de poder decir abiertamente soy homosexual; la libertad de caminar sin que sea detenido, la libertad de trabajar sin que sea despedido simplemente por compartir el sexo con otro hombre— entonces se puede aspirar a obtener otros derechos, como el reconocimiento de la pareja.

Cuenta anécdotas. Conoce de parejas que han vivido por más de 20 años juntos compartiendo la vida, las casas en común, la casa, los muebles. Y uno de ellos muere. Y el otro queda en la calle, pese a que contribuyó económicamente. Heredan los naturales, quizás un primo lejano. Pero no su pareja, hombre, de tanto trajín. “Eso es inhumano”.

—¿Crees que el reconocimiento legal de la pareja de homosexuales ayudaría a la promiscuidad, a que sean menos promiscuos? —Lo de la promiscuidad es relativo. No te olvides que nosotros somos hombres con una variante sexual diferente, pero hombres al fin. Y como los heterosexuales que les gusta andar con mujeres a nosotros nos gusta también cambiar de pareja. Eso es intrínseco al hombre.

—¿Pero ese cambio constante de pareja no tiene que ver con el rechazo de la sociedad, con el aislamiento, con la soledad? —Lo de la soledad es relativo. Eso es un problema del ser humano, no es un problema existencial, que siempre el hombre ha querido resolver. Es cierto que entre los homosexuales hay una búsqueda incesante de la pareja perfecta. Y hay mucha competitividad, incluso allí entra en juego la belleza.

Edgar Carrasco, abogado, fundador del grupo Entendido, habló con “El Diario de Caracas” a propósito de la nueva ley danesa que permite que las parejas homosexuales tengan los mismos derechos que las heterosexuales. “Somos hombres, sólo que con una variante sexual diferente”, sostiene para justificar la promiscuidad que muchos tienen por vida.

María Teresa Arbeláez 📷 Fotos L. A. Henríquez

Epígrafes de las fotografías centrales:

  1. [Foto superior] Carrasco sigue luchando, pero individualmente

  2. [Foto inferior izquierda] “Esta es una sociedad hipócrita”

  3. [Foto inferior derecha] En muchos países los homosexuales han logrado no ser perseguidos

No es un tema serio

Fue una encuesta rápida. Una especie de sondeo de opinión entre gente desconocida, incluyendo familiares. “Esos tipos están locos, cómo se van a casar los homosexuales” fue la frase común de todos ellos.

Y lo tomaban a broma, como siempre toman el tema de los homosexuales. Puros chistes y chanza. Casi como la gaita de las locas perpetuada en el tiempo y el espacio.

La homosexualidad en Venezuela no es un tema serio. De hecho, cualquier hombre que “medio parta la mano” ya es descalificado por marico, sin importar su inteligencia, preparación y educación.

Así que tratar de asumir una conversación seria con gente común y corriente sobre el tema es casi imposible. “Esos tipos están locos, cómo opina; esos son unos enfermos dicen unos, mientras los otros los tildan de aberrados. “Por eso es que los matan tanto”, hay quien agrega.

Y, por supuesto, relacionan casi intrínsecamente la homosexualidad con el Sida. “Bicho, voltea pa’ otro lado”, dice el hombre macho cuando se le menciona un reconocido -aunque no autoreconocido- “pargo”.

Creer que ellos, los hombres con una condición sexual diferente, como dice Carrasco, pudieran casarse libremente, tener vecinos como cualquier mortal, compartir con sus familiares y amigos como lo hacen hombres y mujeres y más aun dividir bienes en caso de divorcio -porque también existiría esto- es un tema que ni siquiera entra en la agenda diaria de pensamientos de cualquier persona en la calle. Si no, pregúntenselo a los taxistas, los máximos opinadores que tiene el país.

La no organización en Venezuela

Recuerda Carrasco que no sólo en Dinamarca, sino en gran parte de los países de la Comunidad Económica Europea y Estados Unidos, las minorías homosexuales han peleado sus derechos a punta de palos con la policía en la calle. Hoy se han ganado puestos en el Parlamento. Incluso dice que en Nueva York la policía tiene un grupo “gay” que presta un gran servicio a la comunidad. Esta lucha por los derechos —y no sólo de los homosexuales, sino de toda la comunidad, por la contaminación, por el urbanismo— les ha ganado terreno y credibilidad.

—¿Eso significa entonces que en Venezuela difícilmente los homosexuales como tal obtendrán derechos, ya que no están organizados ¿por qué sucede esto? —Por lo mismo que te comentaba antes Tienen miedo a la represión, prefieren enconcharse aunque sigan sin derechos. Es cierto, no creo que por ahora los tengamos. Además sería ridículo que nos permitieran casarnos y a la hora del divorcio o la muerte de uno el tribunal le diera la herencia a otro familiar simplemente porque tiene prejuicios.

Como abogado, Carrasco tiene su historia. Ejerce libremente y por lo tanto ha atendido a muchos casos de homosexuales. “Generalmente es por represión. La policía los detiene en la calle por maricos, los golpea, los chantajea. Y la Fiscalía, es duro decirlo, que debería ser garante de esos derechos, no actúa porque tiene criterios muy reducidos sobre los derechos humanos y no quiere ampliarlos”.

Sida: desorden soberano

Por supuesto, era imposible dejar de tocar el tema del Sida, enfermedad que ha señalado con el dedo como nunca antes a los homosexuales del mundo. ¿Ha cambiado la vida desde que existe ese virus?

—Desde luego, dice el entrevistado. “Ahora debe haber una nueva forma de sexualidad. Es obligante. Pero veo que en Venezuela hay un soberano desorden al respecto.

Se muestra horrorizado al afirmar que la mayoría de los homosexuales “saben que hay una enfermedad que se transmite tirando pero más nada. Y lo peor, se niegan a usar condón”. Agrega que un esfuerzo del gobierno, como el apoyo a la fábrica de preservativos nacionales se puede ver frustrado: “Hemos revisado muchos de esos condones y aseguro que vienen rotos. Eso es un peligro, porque la gente se confía y pone en peligro la salud”.

—¿Hay posibilidades de que ustedes se organicen aunque sea para luchar en contra del Sida? —Mira, la única que yo veo es a través de organizaciones como los partidos políticos. Que nos abran un campo y nos apoyen.

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