En esta nueva sección compartiré nada mas que eso ARCHIVOS INCOMPLETOS.
Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado.
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.
- Una dupla disidente en el hogar: Petrona y Juanita formaron una "pareja" televisiva y de convivencia durante décadas, siendo llamadas popularmente en retrospectiva como las "Batman y Robin de la cocina". En un medio dominado por la familia nuclear heterosexual, ellas mostraban a dos mujeres solas manejando un espacio.
- Convivencia de por vida: Juanita nunca se casó y vivió en la casa de Petrona hasta sus últimos días. Aunque la historia oficial lo enmarca como una lealtad laboral patrona-empleada extrema, las relecturas queer suelen romantizar u homenajear este vínculo íntimo y exclusivo de afecto y complicidad como una forma de "familia elegida"
DE SU SABIDURIA PUEDEN SURGIR LAS MAYORES DELICIAS IMAGINABLES. ES UN POCO EL CACIQUE DE UNA FAMILIA QUE LA ADMIRA. RECETAS Y DATOS SECRETOS.
Columna 1
...ñía Primitiva de Gas. “¿Qué hacía?” “Había que publicitar el uso del gas, que era algo nuevo, casi desconocido. Yo tenía que cocinar frente al público, para probar que se podía preparar un menú completo con 10 centavos de gas. El centímetro cúbico valía veinte. Hacía un plato de carne, uno de pescado y postre”. “¿A la compañía sólo le convenía que la gente aprendiese a gastar gas y no a economizarlo?” “Ese es un buen razonamiento para hoy, cuando el gas ya está impuesto y es una necesidad. En aquel entonces pensaban que un cliente conforme me traía quinientos más. Después de 20 años de trabajar en la Compañía, me retiré. El Estado se hizo cargo de todo, y los ingleses, los dueños, se fueron con el gas a otra parte. Claro que yo ya tenía cierta fama. Ya daba clases en “El Hogar”, tenía alumnas, había sacado varias ediciones de mi libro. Empezó a venderse mucho. Las dos o tres primeras tiradas fueron de 5.000. Después, durante años, vendí setenta mil. El libro de doña Petrona se metió en todas las casas. Cuando entré en la Compañía no me gustaba nada la cocina. Lo hice por pura necesidad. Pero una vez adentro supe que eso era lo mío”.
Centenares de miles de mujeres abrieron el libro mientras su ma...
Columna 2
...ridos golpeaban impacientes la mesa con el tenedor, y se animaron. Doña Petrona fue sinónimo de cocina, de casa, de mesa, de buena reunión frente a un plato mágico. “Después tomé por mi cuenta un espacio de media hora en Radio Argentina. Estaba todos los días. Pasé a Excelsior y más tarde a El Mundo, donde estuve 25 años. ¿Se da cuenta? ¿Cómo no me iban a conocer después de contarles las cosas de las ollas y las sartenes durante tanto tiempo”. Y a usted ¿le gusta comer? “¿Qué le parece? Si no me gustara estaría un poco más flaca. Como todo lo que cocino. Me gustan las empanadas norteñas al horno y los mariscos”. ¿Y su marido?”. Tremendo. Le encanta comer. Debe estar chocho de vivir con doña Petrona. El se ocupa de sus cosas —es comerciante— y de las mías. La comercialización de los libros y todo eso. Dentro de poco sale una edición totalmente distinta, modificada. Hay que tener en cuenta la tendencia actual de hacer cocina agridulce. También hay que pensar en que es necesario gastar poco”. Este es de algún modo el tiempo de las dietas y del miedo a engordar. ¿Cómo entra doña Petrona en ese marco? “Perfectamente. Enseño también a cocinar con pocas calorías. El ama de casa debe manejar todos esos elementos. La alimentación y la estética de su familia. A veces...
Columna 3
...pienso qué aburrido, qué cansador es el trabajo de la mujer que vive para su casa. Yo siempre digo que en la cocina hay que estar la menor cantidad de tiempo posible.
Francisco Massut, casado con Petrona Carrizo de Gandulfo, está muy contento. Sabe que en el horno de ladrillos que se levanta en el jardín ya están colocadas las descomunales empanadas que Juanita Bordoy —20 años trabajando con ella— preparó siguiendo las indicaciones de la alquimista. Es muy grande la casa, frente a la Residencia Presidencial. “Un buen día lo voy a invitar a Onganía a comer a casa”, dice la señora y se ríe con un vaso de whisky en la mano y un cigarrillo descansando sobre una piedra. “Las empanadas deben comerse picantes y calientes. En la boca del horno, como dicen en Santiago. Una vieja receta indígena, muy sabia. Calientes y picantes no hacen mal. Mi madre murió a los 98 años y vivía comiendo ají del fuerte, del de las malas palabras. A uno le quedan cosas del lugar en que nació.” “Ese “no” que usted usa tantas veces es también una herencia santiagueña”. “Pare un poco; ya no lo uso más. Me tomaron tanto el pelo en todas partes que lo tuve que dejar. Y no crea que fue fácil. Una vez alguien contó cuántas veces había dicho “no” en una audición de pocos minutos. Catorce. Un record.” Los nietos de doña Petrona también esperan el inicio del rito de las empanadas junto al horno. Su hijo Francisco y su mujer, “Chichita”, destapan botellas de vino espeso. “Aquí están.” En una fuente vienen esas delicias gigantescas. Queman. “Cómanlas así. Esa es la forma de comerlas.” Doña Petrona inicia la ceremonia con una sonrisa. El vino es necesario. “La carne no se debe picar jamás a máquina. Tiene que ser cortada a cuchillo.” Nadie puede hacer estas empanadas. Basta explorarlas por primera vez para saberlo. “¿Quieren que les cuente algo? Una vez iba manejando mi auto muy tranquilamente. Al llegar a una esquina aparece alguien y se estrella contra la puerta del lado del volante. Furioso, saca la cabeza por la ventanilla y me grita: “Por qué no te vas a cocinar.” Me bajé, le di mi tarjeta y casi se muere. Era Angel Labruna. Fuimos amigos desde ese día.” Hay otra ronda de empanadas que hacen que la sangre inicie un baile feliz. “Les voy a dar la receta, por supuesto.”
Buen mediodía en el jardín de la cálida casa de doña Petrona. “¿Otra?” “Sí, claro”. A estas empanadas hay que almacenarlas, hacerlas eternas. “Están amasadas con grasa. Eso es básico.”
Sobre el final, mientras el jugo que arde puebla las venas y el embrujo de Petrona C. se instala en todas las caras, en todas las bromas, las cosas han perdido su dimensión. Qué tremendamente importante su ciencia, doña Petrona. Qué suave es este sol con empanadas. Quisiera que lo supiera de una buena vez. A veces, usted no lo ignora, a uno le sucede que vengan las cosas más fuleras a mortificarnos. Entonces son tan dulces las emociones simples de comer las maravillas de sus manos y su imaginación, que otra vez renacen las ganas de salir a la calle, querer a los amigos, construir de nuevo la alegría.
Epígrafe de la foto
EL CLAN PETRONA. Hijos, nietos, marido, su ayudanta Juanita, que trabaja con ella desde hace veinte años. Todos adoran los platos de Gandulfo.
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