Noche de jueves en los Bosques de Palermo. Son las once y cinco y una suave brisa acaricia las copas de los árboles anunciando la llegada anticipada del verano. El empresario italiano Sergio Pezzotti viste elegante sport y baja de un automóvil de 60.000 dólares en la puerta del complejo Buenos Aires News. Un minuto después es recibido por los dueños de casa, para luego ser escoltado hasta su mesa, en el exclusivo salón VIP. Allí lo espera el representante de futbolistas Gustavo Mascardi. El tema será el pase del delantero Marcelo Salas. Pezzotti quiere llevarlo de River a la Juventus. Mascardi pone el precio.
A menos de cinco metros, un grupo de chicas de 20 años se deja fotografiar sus ajustadas curvas. El fotógrafo suspira. Y no por las chicas. Está preocupado porque desde hace dos meses trabaja la misma cantidad de horas para ganar menos dinero: los famosos no quieren salir a la calle. Y entre las 1.400 personas que ahora exprimen los 2.500 metros cuadrados de Buenos Aires News no brilla ninguna estrella. En la pista no cabe un mosquito, pero al VIP le falta voltaje: algunas modelitos nuevas, otras pasadas de moda y un puñado de chicos con más apellido que méritos no le cambian la vida a nadie. Y los empresarios —que los hay y en cantidad— todavía no tienen programas de televisión.
Cotizado en una cifra próxima al millón de dólares, Buenos Aires News apostó desde el principio a la presencia de notables como estrategia comercial. Aunque la mayoría de los famosos no paga lo que consume, las caras conocidas funcionan como un anzuelo para los flashes: una modelo festeja su cumpleaños, una marca de jeans lanza un nuevo producto, una cerveza promociona una fiesta. Publicidad para todos y contentos. La consecuencia es simple: el lugar se pone de moda y la facturación aumenta. El sistema funciona y ponerlo en práctica no parece ser un pecado.
En solo un año, por el VIP de Buenos Aires News han pasado, además de Madonna y Maradona, un ejército de figuras. Y aunque ahora muchos famosos prefieran quedarse en casa mirando la tele, sus dueños apenas admiten haber sufrido el golpe: la cantidad de gente disminuyó, pero ellos dicen que no vale la pena pasarlo a números. Aunque acreditan haber sentido la onda expansiva generada por la detención de Guillermo Coppola, aseguran que la única respuesta fue incrementar la inversión publicitaria y aumentar la oferta de espectáculos. Juran que el barco navega. Y que navega bien.
La estrategia comercial incluye la visita de famosos. Por su VIP pasaron desde Madonna a Diego Maradona.
El programa para los simples mortales —que no incluye flashes ni champagne libre— abre a las diez de la noche y ofrece un paquete casi cerrado: seis horas de entretenimiento intenso, durante las que se puede comer, beber, bailar y conversar sin salir del lugar. El tipo de público es bien definido: gente de buen nivel económico, no menor de 25 y no mayor de 50 años.
La carta del restaurante News Café —una selección de platos locales e internacionales— ofrece salmón del Pacífico y cordero patagónico, por citar solo dos títulos que, cada noche y desde hace un año, comparten cartel con los mejores vinos. Los camareros son correctos y hablan en voz baja. El poderoso jefe de seguridad apostado en la puerta parece aún más poderoso dentro de su impecable ambo negro. Adentro hay siete más.
El complejo invita, además, a otros tres lugares. Y todos dan a una misma terraza al aire libre con una pileta de natación en el centro. El restaurante Gitana tiene una carta sencilla y coqueta —30 pesos por persona— condimentada con espectáculos flamencos. A su lado, la discoteca Partagás funciona como un living: música latina y una selección de tragos que, además de los favoritos —cerveza importada y champagne con hielo—, incluye desde el martini seco hasta el bloody mary. La Barba de Fidel, un bar de inspiración londinense y espíritu rocanrolero, ocupa el último arco: el combustible favorito es el bourbon americano, el juego es el billar y la música son los primeros Rolling Stones.
El jueves es el día clave: como no todo el mundo puede circular sin tropezones hasta las cinco de la mañana —“hace falta aclarar que el viernes para muchos es un lunes lleno de esperanza”—, hay menos gente y, por lo tanto, tiene un aire más exclusivo. Jueves, entonces, es el día en que en la pista se codean muchachas vestidas para la guerra y muchachotes de traje y corbata, chicas de barrio que buscan jugar un rato y fulanos con aire de importancia. Esta noche, sobre la pasarela montada sobre la pileta, habrá varios shows: una mujer cantará jazz, cuatro chicas bailan tap y dos muchachitas atrevidas y eléctricas se moverán al ritmo de una música inocente agitando girasoles. Y la gente escuchará todo con la misma atención. El atractivo de Buenos Aires News es ese: de todo, mucho y en pequeñas dosis. Como si fuera un shopping de la diversión, un parque de atracciones nocturnas atendido por un ejército de cien empleados.
Ahora mismo, en el centro de la pista, una chica con un Che Guevara tatuado diez centímetros arriba de su corazón conversa con un tipo algo estropeado, enemigo de las bebidas sin alcohol. Y un poco más allá, un hombre de unos 35 años soporta por única vez la extrema imaginación de su banda de amigos. Se casa. Y por eso lo suben al escenario y gritan su nombre a tal volumen que resulta ya imposible entender lo que dicen. Después lo intiman a bailar una poco sabrosa pieza de Ricky Martin. La gente celebra. Los patovicas se ponen alertas. Sus amigos aclaran que el tipo es un respetado médico deportólogo y que se casa con una bailarina. Recién entonces se entiende por qué el doctor luce con tan poca dignidad un vaporoso tutú de gasa blanca.
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