Texto: Inés Campodónico
Fotos e informe: Focus
La Nueva York de los noventa es distinta, menos noctámbula quizá. Las nuevas costumbres —es decir, el miedo al SIDA, a los asaltos, más la decadencia de los yuppies arrasados por el crack de Wall Street— forzaron a las más grandes discotecas como Club 54, Palladium y Xenon a cerrar sus puertas.
Pero no todo es lamento en Manhattan. Todavía hay gente a la que le fascina bailar hasta que las velas ardan. Como Grace Jones, la pantera negra, sacrílega hasta la médula, que organizó una imponente fiesta en Limelight. Pavada de lugar eligió esa célebre modelo y cantante-actriz: hasta hace pocos años, Limelight era el esqueleto de una iglesia estilo gótico donde se celebraba misa. Como Dios manda, claro.
Pero a la célebre modelo y cantriz poco le importó el pasado solemne del edificio. Convocó al “tout Nueva York”, sus amigas íntimas, las megamodelos Naomi Campbell, Christie Turlington y la no tan pequeña Drew Barrymore (actriz-niña de E.T.) fueron de la partida y —de golpe, entre luces de neón y humo seco— se mandó un simulacro de strip tease que cargó el templo de un bellísimo erotismo.
El espectacular figurón de la Jones, su plasticidad de tigresa, demostró al mundo que su strip tiene poco que envidiarle a Madonna. Otra sacrílega, si las hay.
*Por las referencias al Limelight, al miedo al SIDA y a la recesión de comienzos de los 90, la nota parece ser de principios de la década de 1990, probablemente entre 1990 y 1992. / Pagina de CLARIN REVISTA
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