De Villa Tesei, Hurlingham, Buenos Aires, al mundo.
Eran los años 90 y Alicia Gallego metía en sobres LA HOJA DE ALICIA, iba al correo, compraba estampillas y comenzaba el viaje hacia otras latitudes.
Era una de las tantas formas que tenía Alicia de hacer llegar sus publicaciones, tal vez fanzines, aunque la palabra le quede chica.
Personalmente, nunca me enloquecieron las redes sociales, ni las virtuales ni las tradicionales. Cuando conocí a Alicia encontré un referente más para esas elecciones mías. Porque no se trata de lo masivo. No se trata de cuántas personas te leen, sino de quiénes te leen. Alicia logró hacer llegar su Hoja a personalidades muy interesantes y construir una red propia, artesanal y persistente.
Hoy esas páginas son objeto de culto. Una mirada lésbica de puño y letra, nacida en las entrañas de un conurbano siempre olvidado, del que todos hablan y pocos conocen.
Luego vinieron la revista Big Bang, la Editorial Alicia Gallego y otros proyectos que continúan hasta el día de hoy. Entre sus ediciones aparecen los primeros poemarios de Miguel Ángel Lens, por nombrar apenas un ejemplo.
Con Alicia tuvimos varios encuentros. En los primeros me donó parte de sus publicaciones. Vivimos en la misma zona y cada tanto nos cruzamos entre sus caminatas, algún café en un sitio en particular y mis idas y venidas por el centro de Hurlingham.
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