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9/7/26

Archivos Incompletos: Roberto Galan "Yo llevé más gente que Locche o Perón"

   ¿Qué son los ARCHIVOS INCOMPLETOS?

Cuando compro lotes, colecciones, etc, muchas veces me encuentro con que lo el dueño eligió recortar y guardar no es lo que yo hubiera elegido, y quiza, justo en una carilla del recorte aparece eso que yo si hubiera guardado. O tal vez, encuentro algún recorte curioso, que elijo dejar aquí como en una capsula del tiempo mas allá de que me interese o no. 
Notas incompletas, archivos fragmentados. Algo dicen.


EN ESTA ENTREGA: Roberto Galan

Trasncripción Gemini IA


A DE ROBERTO GALAN

circa 1968/1969

—No, el ataque siempre es sobre el éxito. Si mi programa no tuviera éxito, nadie se ocuparía de él. Pero los ataques ya no me preocupan. Mi mayor preocupación son las innovaciones, las mejoras que pueda introducir en el programa. Cada día le agregamos una cosa más, le damos una imagen clara, sana, buena, pura. Así nos va bien.

—Tampoco le preocupa la opinión de psicólogos y sociólogos sobre el fenómeno de Si lo sabe, cante? —En absoluto. No me interesa lo que diga un señor que por el hecho de tener colgado en su casa un diploma de psicólogo o sociólogo se crea con derecho a analizarme. A mí me importa lo que dice la gente capaz, la gente sensata. Me interesa lo que dice el pueblo, que nunca se equivoca. En cambio, hay cada sociólogo y cada psicólogo...

—¿Usted se psicoanaliza? —No, no tengo por qué psicoanalizarme. El mejor psicoanalista soy yo. Yo sé cuándo estuve bien y cuándo mal; soy un autocrítico y un rebelde para conmigo mismo. Me da mucha rabia cuando las cosas me salen mal. Aborrezco a los engreídos, a los que se complican la vida con pedanterías. Me gusta la gente sencilla, humilde, simple, recta. Eso, fundamentalmente recta.

—¿Tampoco acepta que le den consejos? —Soy un hombre a quien no le gustan mucho los consejos. Los oigo, no los atiendo, pero recapitulo y después los aplico. No creo, por principio, que ninguna persona pueda darme consejos atinados. Y como las cosas siempre me han ido bien aconsejándome yo solo, tomo a la vida como mi gran consejera.

—Si usted no fuera Roberto Galán, y tuviera que asumir el rol de uno de los jurados encargados de otorgar los premios Martín Fierro, ¿entregaría uno de ellos a Si lo sabe, cante? —Tendría que analizarlo mucho, ponerme en la vereda de enfrente y ver si el señor Galán me resulta o no simpático, ver si realmente lo merece, qué sé yo. Pero le advierto que me tiene totalmetne sin cuidado si me dan o no ese premio. Para mí sería un gran honor recibirlo, pero si no me lo dan, seguiré trabajando como siempre. Mi mejor Martín Fierro es el apoyo del público.

—¿Usted mide ese apoyo solamente por el rating? —No, me baso en los hechos. La vez pasada, en Mendoza, 200 mil personas se volcaron en las calles de la ciudad para homenajearme a mí y a mi programa. Según me informaron, fue el recibimiento más apoteótico de que se tenga memoria, luego del tributado a Perón y a Locche. El mismo Locche admitió que yo llevé más gente que él mismo y que Perón.

—¿Le interesa mucho el interior del país, el campo? —A mí el campo me apasiona, aunque nunca pude hacer más que una salidita o dos a caballo, en la estancia de un amigo. También me gusta arrear hacienda.

—¿Es cierto que admira a Rosas? —Sí, me interesa mucho su figura, pero no para meterme en polémicas. Admiro a Rosas, como a Napoleón, por lo que hizo, por las cosas que dejó. Aunque algunos lo califiquen de tirano, su figura tiene valor.

—¿Por qué le interesa la vida de Napoleón? —Bueno, Napoleón me fascina. Cuando estuve en París, me pasaba días enteros en el Museo del Ejército hurgueteando las pertenencias del gran corso, sus uniformes, sus libros. Yo leí mucho sobre su vida. En cierto modo, tiene algo en común con Rosas: su egolatría, su demagogia, el sentido popular que dio a su mandato. Son dos tipos deslumbrantes, fuertes, de carácter firme. No sé, pero me gustan los tipos que triunfan.

—¿Se preocupa por la guerra de Vietnam?

—¡No! La guerra de Vietnam ya me tiene aburrido. Y más me aburre y me fastidia el hecho de que todos los diarios y radios se ocupen tanto de difundir esas noticias. Yo creo que los medios informativos deberían ocuparse más de los problemas argentinos que de quince vietnamitas muertos porque un helicóptero tiró una bombita. Es lamentable que nos intoxiquen diariamente con esas noticias. Reconozco que esas acciones son importantes para la política internacional, pero no hasta el punto de que un diario argentino arme grandes titulares diciendo que un bombardeo en Vietnam rompió cuatro chozas y mató a veinte tipos.

—¿Le tiene miedo a la muerte? —Por supuesto que no me gustaría morir. Cada vez que me he puesto a pensar en mi muerte sentí un poco de temor.

—Si hubiera tenido que elegir una carrera ajena a su actual metier, ¿cuál hubiese sido? —La militar. Desde chico me apasionó la idea de ser militar. Un un poco porque cuando era chico vivía en Belgrano, cerca del cuartel de Granaderos a Caballo, y me gustaba la imagen de tropa.

—¿Está conforme con el gobierno? —Sí, porque estamos viviendo un momento de gran tranquilidad. No quiero entrar a analizar lo bueno o lo malo del gobierno porque no me interesa meterme en terreno político. En el país hay tranquilidad y eso para mí es lo único que importa.

—¿Por qué no le interesa la política? —Vea, un tío mío que se metió en política perdió toda su fortuna por el comité. Tuvo que vender sus campos en Tres Arroyos y se quedó sin un centavo.

—Y dónde se siente más cómodo, viviendo en una democracia o bajo un gobierno fuerte? —Yo he vivido en muchos países. Conocí gobiernos de los llamados democráticos y también los que se llaman dictatoriales. En unos he visto desórdenes, latrocinios, conatos de revoluciones, y en otros nada de eso. Pero en los regímenes llamados fuertes la gente trabajaba, el país prosperaba, la moneda se mantenía firme, había un mutuo respeto. Mientras viví en Venezuela, bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, esa nación se desarrolló en una forma increíble: escuelas, caminos, diques, petroquímica, en fin, un gran progreso.

—¿Y por qué se fue de Venezuela? —Bueno, yo tenía muchos intereses publicitarios con el gobierno de Pérez Jiménez, así que cuando cayó me tuve que ir de ahí porque la cosa se había puesto bastante fea. Entonces fui a parar a la República Dominicana, donde me encontré con Perón, a quien ya había conocido en Caracas, en la casa de un amigo común. Con Perón nos tratamos mucho, aunque sin hablar de política. Charlábamos de la Argentina, y todos los miércoles veíamos juntos la Cabalgata Gillette por televisión. En la República Dominicana estuve seis meses; luego, casi voy a España, pero sentía nostalgias y regresé a la Argentina. Eso fue en 1958, y desde entonces no volví a ausentarme.

—¿Qué deporte le gustaría practicar? —Me gusta el automovilismo. Soy medio tuerca, me apasionan los buenos automóviles. Me gustaría sentarme en un coche de fórmula uno y dar vueltas por el autódromo. ¡Caray si me gustaría!

—¿Qué le recomendaría a quienes ambicionen ser tan elegantes como usted? —¿Para que un hombre sea elegante? Mi abuela me decía dos cosas fundamentales: tener bien lustrados los zapatos y limpia la camisa. Es lo primero que ve la gente.




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